Cuba actualidad, Centro Habana, La Habana, (PD) De nada valen las leyes si no se cumplen. En la Habana, las personas se incomodan cuando se les requiere por molestar a otros o por no respetar un bien común.
Hay que contar hasta un millón para no perder la paciencia.
Vecinos que nunca están conformes con el apartamento, debieran comprar un terreno y construir la casa de sus sueños. Pero como no puede suceder así, hay que convivir con los que se pasan todo el día y buena parte de la noche dando mandarria y barreno.
Es extraño que solo moleste a una persona cuando otros están quizás más cerca del ruido insoportable. La cultura de ser carneros y el sentirse solo y sin protección, contribuye a aumentar la arrogancia de quienes se sienten con el derecho de molestar a los demás. Y si les molesta que cojan calle y se vayan o si no, que se tapen los oídos.
El que pide silencio es el que estorba.
Hay grupos musicales que aprovechan una azotea para ensayar por la tarde, con un horario de verano que les permite tocar sin parar hasta pasada las 8 de la noche, mientras tengan un poco de luz. Los que viven a 200 ó 300 metros se quejan, no así los que viven en el mismo edificio, por aquello de que la bulla se la lleva el aire. Pecan entonces los que osan llegar al lugar de ensayo a decir que molestan.
Así, sería interminable la lista: el pequeño que llora sin cesar, sin estar enfermo, en el pasillo y no dentro de su casa; el que grita o discute a medianoche porque está pasado de tragos; el del equipo de música a todo volumen o el que anuncia que llega en su nueva moto.
Se habla mucho últimamente de la indisciplina social, pero tal parece que las frases se almacenan y se dicen de modo obligatorio, como para cumplir con una meta.
Mientras, la vida cotidiana sigue plagada de todo lo que debe ser abolido.
Para Cuba actualidad: aimeecabcu2003@yahoo.es
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