viernes, 4 de abril de 2014

Pequeños pasos con grandes huellas: diplomacia ciudadana en la OEA

Julio Antonio Aleaga Pesant
 Cuba actualidad, El Vedado, La Habana, (PD) Tan ecléctico como la arquitectura de Washington DC, capital de los Estados Unidos de América, fue el grupo de cubanos que se presentó ante la 150 sesión de Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Por una parte, Yaremis Flores, Laritza Diversent y Veysant Boloy, abogados de Cubalex, el periodista independiente Roberto de Jesús Guerra y este reportero.cubanos-en-cidh
Las abogadas Flores y Divertsent presentaron una investigación sobre los sufrimientos de los discapacitados en Cuba, de cómo la ausencia de una Ley, que los proteja permite situaciones lamentables en la vida de muchos de ellos, incluidos los ancianos.

Las primeras impresiones de la ciudad del Potomac, con su sol radiante y la temperatura de 3 grados sobre cero, estaba distante de las de las próximas 24 horas, en las que una nevada pondría el cielo como acero y vestiría de blanco los secos árboles. Según los que saben, el frío y la nieve eran inusuales a finales de marzo.
El Hotel Windsor, que compartía con los jóvenes de Cubalex, caro y sin muchas condiciones, estaba ocupado por otras delegaciones latinoamericanas, que también participaban de la CIDH: una paraguaya del estatal Instituto Paraguayo Indígena y otra independiente peruana, que trataba el tema de las drogas y su influencia social y antropológica.
Así, con frío y nieve, asombrado con el hielo como Aureliano Buendía en Cien años de soledad, me dispuse a presentar en la CIDH, junto a los colegas Boloy y Guerra, el tema de la violación de los derechos humanos y la libertad de información en Cuba.
Teníamos un hándicap, el trabajo de mesa en La Habana, que no se desarrolló a plenitud por problemas de comunión de agenda y "otras pequeñeces", cuyas consecuencias fueron disminuidas por el dominio de los temas a tratar y el trabajo en equipo de los miembros de ese panel.
La CIDH es una especie de corte donde hay unos peticionarios (el grupo cubano), unos facilitadores (los comisionados de la OEA), y frente a los primeros los representantes del Estado, con derecho a contestar y replicar a los demandantes.
En este caso, el grupo cubano, no tenía contraparte del Estado, que como se sabe, desprecia de manera enfermiza el rol de la OEA en la solución de los asuntos hemisféricos, y en particular, los de Cuba, a no ser por un joven abogado de la Dirección de Inteligencia del Ministerios del Interior, acreditado en la embajada cubana en Washington como tercer secretario, que al lado de una hermosa joven cuchicheaba y tomaba nota. Estaba ubicado en una posición en la sala, que el protocolo y las buenas maneras impedían observarlo sin llamar la atención.
Los comisionados de la OEA eran Felipe González (presidente), Paulo Vannuchi, Catalina Botero (Relatora para la Libertad de Expresión), Elizabeth Abu (Secretaria Ejecutiva adjunta de la CIDH), Emilio Alvarez (Secretario ejecutivo de la CIDH) y Jesús Orozco.
Comprensible a simple vista, por los nombres de los participantes, la amplia gama de estados representados en ellos.
La sesión sobre la violación de los derechos humanos y la libertad de información en Cuba, como todas las demás, comenzó y terminó con un agudo y discreto campanazo, que suena solo una vez.
La exposición la comenzó el Licenciado Veysant Boloy, quien hizo una amplia y enjundiosa intervención sobre las violaciones de los derechos a la información y la represión contra los periodistas independientes. Le siguió Guerra Pérez, con un informe sobre las violaciones cometidas por el Estado cubano en el último año. Quien suscribe explicó las violaciones que ocurren contra los periodistas independientes del interior del país, luego de presentar a Primavera Digital, como la decana de las publicaciones independientes dentro de Cuba.
Como colofón, los comisionados hicieron sus preguntas. Versaron sobre términos incomprensibles para ellos en la política moderna como las deportaciones o los problemas del acceso a Internet. También preguntaron sobre el desarrollo de los medios de comunicación comunitarios dentro de la isla, las detenciones arbitrarias contra periodistas y el papel del Ombudsman.
Luego de las respuestas en solo siete minutos, este reportero pasó a exponer las recomendaciones a los comisionados. En general, pedían que la CIDH conociera el interés de los cubanos porque se deroguen los delitos que en el código penal afectan la libertad de expresión, se permita una ley de asociaciones y se invite al gobierno cubano a participar del sistema interamericano. Finalmente se solicitó a la relatoría de Libertad de Expresión un informe específico sobre la libertad de expresión en Cuba.
Para Cuba actualidadaleagapesant@yahoo.es
Fotos: Orlando Luís Pardo Lazo
De izquierda a derecha Roberto de Jesús Guerra, Aleaga Pesant, Veizant Boloy y Elizabeth Abu (Secretaria Ejecutiva adjunta de la CIDH)


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