lunes, 12 de mayo de 2014

No tengan miedo a hacer cambios

Oscar Sánchez Madan
juan-formell-y-cantante-van-vanCuba actualidad, Cidra, Matanzas, (PD) La idea expresada en el título de este artículo no es del fenecido Papa Juan Pablo II, sino del recientemente fallecido salsero cubano Juan Formell. La manifestó a un comunicador oficialista, durante una entrevista, hasta hace pocos días inédita.
"Me gustaría decirles a los que me sucedan: no tengan miedo a hacer cambios, hay que ser valientes para los cambios", fue, exactamente, lo que dijo el distinguido músico.
Y no abordaba Formell temas políticos. Se refería a asuntos relacionados con la cultura.
Necesario es traer a colación el citado principio porque Cuba necesita ahora más que nunca de Formell, de sus ideas de cambios. Más que organizar cantatas por su fallecimiento, nuestro mejor homenaje debería ser practicar sus ideas reformadoras.
Su obra constituye una auténtica manifestación del arte nacional. Tienen razón quienes lo calificaron de excelente cronista, porque él narraba -en la letra de sus canciones-, las vivencias de los hijos y las hijas de su querida isla. Nadie como este músico cubanísimo tuvo la habilidad de hacer que el pueblo bailara, cantara y riera hasta el cansancio, mientras se veía reflejado en los estribillos de sus piezas musicales.
Hasta las nuevas generaciones recordarán, por mucho tiempo, al emblemático compositor, director musical y bajista; a ese que -sin renunciar a su particular modestia- tuvo mucho que ver con los ritmos de la veterana orquesta Revé, conjunto que le sirvió de escuela y donde el pueblo lo empezó a conocer.
Dicha agrupación la abandonó a finales de 1969, para formar su propia banda, Los Van Van, y con ella, entrar en la historia, asido de las manos de relevantes músicos cubanos como Benny Moré, Celia Cruz, Willi Chirino, Elio Revé, Rafael Lay, Richard Egües, Arsenio Rodríguez, Roberto Faz, Gloria Estefan y muchos otros.
Más que director de Los Van Van, Juan Formell fue el alma de esa popular y renovadora banda que podría muy bien llamarse Cuba. La creó, pulió y amó con el mismo tesón conque un herrero crea, pule y ama a sus mejores herraduras.
Con la música de este compatriota se han identificado millones de cubanas y cubanos quienes olvidaban sus diferencias políticas, o de otra naturaleza, a la hora de disfrutar de canciones como Decídete, Pastorita tiene guararey, Un año después, El buey cansado, etc.
Supo utilizar el maestro -junto a sus insuperables colegas- el son, la música yoruba y el beat en su difícil, aunque apreciable labor. Trabajó, además, el songo, que le permitió ampliar el horizonte de la música bailable cubana.
Resultó ser este eminente compositor un constante experimentador y renovador. En esto se basó su éxito. Fue, asimismo, el Hombre (con mayúscula) que no vaciló en usar sintetizadores e instrumentos electrónicos en su grupo, a pesar de las desestimulantes dudas de algunos comisarios culturales, sobre sus resultados. Esta audaz decisión le permitió subirse al carro de la modernidad sin comprometer las raíces del son cubano.
Confiaba en sus colegas y eso lo hizo grande. Permitió que José Luis Quintana (Changuito) cambiara –a su tiempo- los acentos rítmicos de la percusión en el grupo: se abandonó la batería y se utilizó el timbal, el tom tom de pie, el bombo, el cencerro y el platillo de aire, y así se logró ampliar el set percusivo.
Constituye Juan Formell un extraordinario patrón de conducta para los actuales y futuros artífices de nuestra cultura. Difícilmente en los últimos 40 años haya existido otro espejo donde éstos se puedan ver mejor.
No obstante -duele subrayarlo-, el reconocido artista cometió el gravísimo error de no solidarizarse con los miles de compatriotas fusilados, torturados, encarcelados y forzados a acogerse al exilio. A pesar de ello, no deja de ser relevante su estatura. Su ceguera política no logró ensombrecer su radiante historial como artista.
Pero es lamentable que nuestros actuales gobernantes no hayan imitado su espíritu renovador en la cultura. Millones de personas, dentro y fuera de Cuba, lo hubiesen agradecido.
Cuba ha sido destruida por un régimen que vive anclado en un pasado remoto. Eso es muy triste, ya que el pueblo -al que le coartan sus libertades básicas- enfrenta abusos policiales, arbitrariedades judiciales, carencias materiales y espirituales que lo apartan de la modernidad. De ahí se desprende el hecho de que un sector importante de nuestra intelectualidad -músicos incluidos- se encuentre en el exilio. Fueron víctimas del odio y de la intolerancia gubernamental.
Para el maestro Formell, tanto el arte, como la vida, necesitan de una permanente transformación. Es loable su idea de que el éxito de cualquier empresa humana radica en la habilidad que tengan sus promotores de realizar cambios oportunos.
Que los Van Van sean hoy una renombrada orquesta se debe sobre todo a que Juan Formell y sus integrantes supieron cambiar -sin miedo- todo lo que debía ser cambiado en la agrupación. No jugaron con las palabras –como lo hacen los comisarios políticos castristas- sino que se valieron de innovaciones substanciales y de la musa popular para convertir a la agrupación en el tren de la música cubana.
Para Cuba actualidad: sanchesmadan61@yahoo.com

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