Cuba actualidad, Matanzas, (PD) En estos días se celebró por toda la Isla una serie de actividades sobre la campaña contra la homofobia, que lleva a cabo la Dra. Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX). Los medios informativos no han estado mudos al respecto; hasta un programa como la “Mesa Redonda” dedicó un espacio al tema.
Es válido el intento de que al fin nuestros conciudadanos miren sin complejos a quienes escogen otra opción sexual, ya que el cubano de por sí es bastante machista. Pero tengamos presente que dicha labor no será fácil, pues todavía se observan actitudes negativas contra estos cubanos y cubanas pese a ciertos logros conseguidos. Por lo cual pensamos que queda mucho, pero mucho trabajo por delante, y la familia cubana sin lugar a dudas debería involucrarse aún más en este esfuerzo.
Por supuesto, y sin hacer mucha historia, no vayamos a creer que estas actitudes son exclusivas de nuestra Isla, ya que el origen de la homosexualidad se pierde en la Historia del hombre. En América, con la entrada de los europeos, vino también la homofobia, encubierta o no, pues en Europa los homosexuales eran condenados tenazmente por la Iglesia Católica.
En Cuba, esta condición es “bautizada” con los más denigrantes epítetos, principalmente por los hombres, implacables con los seres humanos que han adoptado una actitud diferente en relación al sexo, lo cual la propia Dra. Castro al parecer reconoce.
Hay que anotar que, con la elegancia que siempre muestra en sus alegatos, Mariela Castro no encausa a éste o aquél, sino que habla en sentido general, quizás para ocultar que el mismo Gobierno al cual pertenece, no hace mucho -en los años sesentas y setentas- desencadenó una ola represiva –recuérdese la operación policial conocida como “las tres P” (putas, pájaros y pederastas)-, donde hubo desde destierros hasta suicidios, en numerosas ocasiones los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) les hicieron actos de repudio en la misma puerta de sus hogares, e incluso muchos fueron recluidos en campos de trabajos forzados, principalmente en la provincia de Camagüey, con el propósito de “convertirlos en hombres” (Revista Tablas, Cuba, No. 4, 2012).
Estas denigrantes acciones de corte fascista (no tienen otro calificativo), sin lugar a dudas incrementaron en la población el odio, la burla y la repulsa hacia estos hombres y mujeres que adoptaban otras actitudes sexuales, cuyo resultado de seguro la Dra. Castro Espín tendrá en cuenta también, aunque no lo mencione.
Y no es que queramos ser fatalistas en relación a este asunto que ha alcanzado gran relevancia social y humana (¡y hasta política!). Sean como sean e independientemente de su comportamiento, estas personas no ofenden a nadie, y son miembros también de esta sociedad variada y heterogénea que somos.
De todos modos al CENESEX le queda mucho por andar para hacer disminuir en lo posible posiciones negativas contra los homosexuales, y que sean vistos y tratados como lo que son: seres humanos que conviven a nuestro lado y que pueden incluso tendernos la mano al cruzar la calle o brindarnos una palabra de fe y esperanza para paliar de alguna manera la situación que atraviesa nuestra Isla.
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