sábado, 15 de noviembre de 2014

ESTÁBAMOS EN LO CIERTO: LO QUE BUSCAN ES DECIDIR A OBAMA A DAR EL PASO LO ANTES POSIBLE

ESTÁBAMOS EN LO CIERTO: LO QUE BUSCAN ES DECIDIR A OBAMA A DAR EL PASO LO ANTES POSIBLE

ALDOROSADOTUEROFOTONUEVA2Por Aldo Rosado-Tuero 
Cuando hace tres días publicamos en Nuevo Acción la información dada a la publicidad en “Cubadebate” y la prensa amordazada del régimen raulista, titulada “Fidel, Carter y las misiones secretas de Paul Austin”, especulamos que una de las razones de develar esos “secretos” con detalles, podía obedecer a la urgente necesidad de la tiranía por decidir a Obama a dar el paso final y dejar sellada ya la gran mojiganga que se ha venido orquestando cuidadosa y propagandísticamente para tirarle la tabla de salvación a Raúl y sus compinches para que puedan sobrevivir la enorme debacle que les viene encima. 
Ayer nuevamente Cubadebate y el aparato de propaganda de la tiranía ha lanzado otra ofensiva, en un largo artículo, que por su título, deja ya claramente dilucidado,  que teníamos toda la razón cuando dijimos que el objetivo de esa campaña era terminar de convencer a Obama, de que él no era el primero ni el único, que ha establecido comunicaciones secretas con los tiranos que oprimen a nuestro pueblo y que tiene muchos antecedentes que justifiquen lo que haga ahora.
A continuación ponemos a disposición de nuestros lectores algunos importantes fragmentos de esa larguísima pieza que ha publicitado el raulismo, que con el agua al cuello reclama con urgencia la tabla de salvación que le han prometido los mundialistas. Lléanlo con atención teniendo en cuenta donde se ha presentado el libro, como el aparato de propaganda castrista lo auspicia; y por último, nuestros subrayados:

“LECCIONES HISTÓRICAS PARA OBAMA

DELACONFRONTACIONHACIALOSINTENTOSDENORMALIZACIONPalabras de presentación del libro “De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba”. 13 de octubre de 2014, Sala Villena de la UNEAC, de los autores Elier Ramírez Cañedo y Esteban Morales Domínguez.
Nos complace muchísimo poder presentar esta segunda edición ampliada del libro: De la confrontación a los intentos de “normalización”. La política de los Estados Unidos hacia Cuba, de conjunto con la obra Back Channel to Cuba. The Hidden History of the Negotiations between Washington and Havana, de los amigos y reconocidos investigadores estadounidenses William Leogrande y Peter Kornbluh, y teniendo nada más y nada menos de moderador a Ramón Sánchez Parodi, quien fuera uno de los principales protagonistas de la historia que abordan ambos textos, además de ser un profundo conocedor y estudioso de las relaciones Estados Unidos-Cuba.
Le reiteramos a Parodi nuestro agradecimiento por haber tenido la gentileza de acompañarnos y además haber escrito para nuestro libro un excelente prólogo. El hecho de que hoy podamos estar presentando al unísono dos textos sobre una arista tan poco explorada en estudios anteriores sobre el conflicto Estados Unidos-Cuba, con la visión tanto de autores cubanos, como estadounidenses, dice mucho de los estrechos vínculos que han alcanzado nuestros pueblos en materia de intercambio académico y cultural, y de lo que pudiera ser en un futuro, de no existir las regulaciones que hoy lo limitan.
Por otro lado, habría que decir que cada vez son más las voces dentro de la academia estadounidense que manifiestan su rechazo a la política de bloqueo y agresión contra Cuba y abogan por una urgente “normalización” de las relaciones entre ambos países. William Leogrande y Peter Kornbluh son una muestra muy elocuente de ello…
…Quiero advertir que, aunque en el libro se hace mención a los diferentes momentos de negociación entre los Estados Unidos y Cuba, luego de la ruptura de las relaciones diplomáticas en 1961 hasta la actualidad, no se abordan a plenitud todas esas experiencias. Preferimos más bien en este obra concentrarnos en los momentos cumbres de esta diplomacia secreta, de acercamientos y diálogos entre Washington y La Habana, o lo que incluso se llamó por la parte estadounidense: “procesos de normalización de las relaciones”, que únicamente tuvieron lugar durante la administraciones de Gerald Ford (1974-1977) y Jimmy Carter (1977-1981), aunque como explicamos en el primer capítulo, en el año 1963, durante la administración Kennedy, hubo ciertos tanteos diplomáticos de acercamiento que aún hoy nos hacen preguntarnos en qué hubiesen terminado de no haber ocurrido el asesinato del presidente demócrata, el 22 de noviembre del propio año en Dallas…
…Mientras la “normalización” de las relaciones sea entendida por los Estados Unidos desde la dominación, será imposible dar un salto histórico que permita a nuestras naciones establecer una relación más civilizada. En la medida que los intereses de seguridad imperial de la clase dominante en los Estados Unidos continúen prevaleciendo por encima de los legítimos intereses de seguridad nacional del pueblo norteamericano en el diseño y la implementación de la política hacia Cuba, será quimérico pensar en la posibilidad de un entendimiento que perdure en el tiempo.
Lo paradójico es que Cuba representa una garantía para los Estados Unidos en temas de seguridad como: el narcotráfico, la migración, el tráfico de personas, el terrorismo, el enfrentamiento a catástrofes naturales, entre otros. Temas, algunos de los cuales generan a Washington continuos diferendos con otros países a los que considera sus socios en la región. Avanzar en todas aquellas áreas en que pueda haber un interés común, realmente nacional, es la mejor vía por romper la inercia del desencuentro y una cultura política que se remonta a los años en que fue diseñada la llamada “política de la fruta madura”…
…Obama tiene en estos dos libros que hoy unimos numerosas lecciones y a la vez un consenso interno y externo que jamás ha tenido presidente estadounidense alguno para hacer historia, dejando atrás una política que cada día se vuelve más absurda y obsoleta. El próximo 28 de octubre, en la Asamblea General de la ONU, cuando el mundo vote nuevamente contra el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba, se pondrá nuevamente de manifiesto. Sabemos que el bloqueo no puede ser levantado de un día para otro y que el legislativo estadounidense tiene buena parte de las prerrogativas al respecto, pero el presidente Obama podría usar sus facultades ejecutivas y como un primer paso hacia un giro de política, retirar a Cuba de la lista de países terroristas y liberar a los antiterroristas cubanos Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero de su injusto encierro. Estas medidas, además de que estimularían la búsqueda de una salida humanitaria  al caso del señor Alan Gross, como ha señalado en reiteradas ocasiones el gobierno cubano, despejarían el camino y crearían un clima más propicio para conversar y negociar sobre otras cuestiones más complejas.
En realidad, cuando en su último discurso de campaña,  Obama dijo  que conversaría con Cuba y eliminaría las restricciones puestas a Cuba  por su antecesor, aunque también  dijo que mantendría el bloqueo, era posible  pensar  que a estas alturas hubiera podido haber adelantado algo más. Sobre todo, si prestamos atención a sus primeros discursos en los que parecía exhibir coherencia y respuestas lógicas a los problemas que Estados Unidos enfrentaba entonces en su política exterior. Pero hoy Obama parece haber retrocedido, tanto respecto a Cuba como en el resto de su política exterior. En cuanto a Cuba, ha recrudecido el bloqueo hasta lo inimaginable; frente a una actitud antibloqueo que ha crecido más que nunca, incluso dentro de Estados Unidos.
Si Obama quisiera  hacer cambios sustanciales en la política hacia Cuba, cuenta hoy con las ventajas que no ha tenido ningún presidente. Si estuviese dispuesto a eliminar el llamado por ellos obstáculo de Alan Gross, el cambio sería solo el de un error en su trabajo de inteligencia contra Cuba, por el borrado de la mancha que en el sistema legal norteamericano  representa mantener presos a los tres cubanos que aun guardan cárcel en los Estados Unidos. Todo sería ganancia.
Ese cambio, como el presidente lo debe saber, no tiene la menor connotación para la seguridad nacional norteamericana. Lo que si puede ser un problema, es que el presidente retrase tanto el cambio, que el retorno de Gross a Estados Unidos ya no tenga sentido. Obama ha retardado tanto  buscar  mejorar, por sí mismo,  las relaciones con Cuba, que lo ha convertido  en un asunto de presiones para su ya fracasada política hacia América Latina y el Caribe.
Es difícil imaginar, salvo que tenga sobre si brutales presiones, que hagan peligrar su persona, que Obama pueda pensar, que con las condiciones que se dan en estos momentos, el costo de cambiar la política hacia Cuba le vaya a ser sensiblemente  desfavorable. Obama está ciego si no es capaz de ver las ventajas que tiene comenzar un serio cambio de política hacia Cuba. ¿Porque o por quien espera? ¿Cuántas señales más necesita? Nunca se habían acumulado tantas señales, internas ni externas.”

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