sábado, 15 de noviembre de 2014

LOS SAGRADOS PRINCIPIOS DE LA LIBERTAD

LOS SAGRADOS PRINCIPIOS DE LA LIBERTAD

ERNESTODIAZRODRIGUEZPor Ernesto Díaz Rodríguez – Ex prisionero político cubano - Secretario General de Alpha 66
En ocasión de encontrarnos próximos a concluir el año 2014, no quiero dejar pasar la ocasión para expresarles, en nombre de la Dirección Nacional de Alpha 66, y en el mío propio, nuestra gratitud a todos los miembros de nuestra organización que, por encima de toda adversidad, a pesar de lo prolongado y escabroso del camino se han mantenido fieles, aportando lo mejor de sí mismos para que podamos continuar manteniendo bien en alto nuestra histórica bandera de combate.  Porque es justo el reconocimiento que han sabido merecer por la identificación con nuestra lucha y sus diversas acciones de confraternidad, queremos dedicar estas líneas también a aquellos que nos honran al espiritualmente sentirse parte de nosotros  y ofrecernos con admirable desinterés sus valiosas contribuciones.
Ha llegado el momento de que nos empinemos por encima de las diferencias naturales que suele imponer la democracia al concedernos a todos los mismos derechos, lo que la hace más fuerte y más coherente con los sagrados principios de la libertad. Los invito, como fórmula urgente que necesitamos, a humildemente despojarnos de ese desafortunado afán de protagonismo, tan arraigado en quienes sólo tienen luz para iluminarse a sí mismos, no porque sean arrogantes o malos, sino porque carecen de inteligencia para descubrir sus propias capacidades y el extraordinario valor de la sencillez del alma. Porque es la única forma de continuar siendo fuertes en la defensa de nuestros valores como seres humanos, nos satisface y nos honra mantenernos dentro de esa intransigencia fértil que nos hace invencibles en nuestros principios e ideales. Y es para nosotros estímulo grande conocer vuestro amor a la causa por la que luchamos, que es la causa del pueblo oprimido y el ensueño que alimenta las venas de este histórico exilio que en agonía lleva, como llagas abiertas que laceran el alma, la tristeza de un destierro prolongado en el tiempo más allá de lo lógico o de lo imaginable.
Muchos son los patriotas que al evocar sus virtudes agigantan  nuestro espíritu y hacen sublime su memoria en nuestros corazones. El General Antonio Maceo, junto a su hidalguía y su heroicidad en el combate fue uno de ellos. Todo un símbolo de acerada intransigencia con los esclavizadores de la Patria. Pero, para hacer más hermosa su grandeza, supe ser un faro luminoso de humildad y decencia al aceptar afectaciones en su jerarquía en la expedición que lo llevó de regreso a Cuba en el 95 a continuar la guerra necesaria. Y otro de los grandes en virtudes fue nuestro gran José Martí, el Apóstol de la independencia de nuestra nación, que luchó por una Cuba libre, sin yugos ni cadenas donde hubiese, como primer fundamento en las leyes de la nueva República, el respeto absoluto a la dignidad plena del hombre. Quería una Patria amplia en igualdades, de convivencia armónica entre todos los cubanos; una Patria como generosamente proclamara: “con todos y para el bien de todos”. Así era de inmensa su nobleza. La transparencia de su alma y su refinada inteligencia lo hicieron gigante. Luchó sin odios ni rencores estériles. Pero nunca tuvo una frase de aliento para los esclavizadores de su pueblo, ni les prometió un perdón irreflexivo cuando se llegara a la hora del triunfo, porque el crimen no es una razón sino un acto de aberrante cobardía, sancionable con severidad en toda sociedad civilizada.
Tampoco en Alpha 66 abrigamos odios ni rencores. Ni practicamos o abrigamos fórmula alguna de venganza. Pero nos oponemos con vehemencia a la política absurda de “borrón y cuenta nueva”, tan arraigada en los que orquestan soluciones denigrantes de última hora, en vergonzosa sumisión o componendas viles con el enemigo. Inclusive, para vergüenza nacional no faltan quienes hasta proponen reimponer como mecanismo válido de transición la propia constitución del régimen comunista de Cuba. ¡Qué vergüenza! ¿Consideran acaso que los cubanos somos una raza de tontos? Y no hablemos de los que hasta hace poco fueron cómplices y servidores incondicionales del totalitarismo salvaje de los Castro. Muchos de ellos, lamentablemente, en la actualidad muy bien recibidos por los departamentos de Inmigración y Justicia de este país y por determinados medios de comunicación masiva. Todo esto debiera hacernos entender que la causa de la libertad de Cuba no puede estar sometida a ocasionales coincidencias de intereses con otras naciones.
Ayudar a nuestro pueblo a liberarse del yugo que la oprime es compromiso y responsabilidad que nos corresponde exclusivamente a los cubanos. ¡Sólo a los cubanos! Y no puede haber para nosotros satisfacción mayor que el sabernos útiles y contribuir con amor, cualquiera que sea la participación activa y el medio disponible a nuestro alcance, a la lucha por la libertad de nuestra Patria, ni puede haber para nosotros otra prioridad que sentir el tañido de las campanas de La Damajagua repicándonos en el corazón en todas las horas, en todos los minutos, en todos los segundos de cada día. Porque sólo así,… ¡sólo así!, con el puño cerrado y la tea incendiaria de Máximo Gómez seremos merecedores de un futuro de paz, felicidad y progreso en una Cuba liberada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario