“La intervención de Garibaldi, el héroe de ambos mundos, como Fernando Ortiz lo llamó, en los esfuerzos revolucionarios realizados alrededor de la independencia de Cuba a mediados del siglo XIX, aclaró que las aflicciones de esta Antilla no pasaban indiferentes para quienes trabajaban por la redención y la unidad italianas. Después, en el curso de la guerra de los Diez Años, a despecho de hallarse por allá consolidando la obra anhelada desde la época del papa julio II, hubo, ya que no esfuerzos colectivos, sí personales, para coadyuvar a los sacrificios del cubano, y, sobre todas las voces de aliento, se oyó la de Mazzini. En la Guerra Chiquita no se echó de menos la abnegación de italianos que, como Natalio Argenta, ofrecieron su vida por la causa cubana. Cuánto a la lucha de 1895 a 1898, mucho realizó Italia en favor de Cuba, con sus hijos que aquí pelearon, con las simpatías y la propaganda que se manifestaron en su propio suelo y con los actos oficiales efectuados en momentos difíciles para la Isla.
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“Tantas y tan elocuentes eran las pruebas de adhesión de Italia a Cuba que pareció natural y hermoso que los hombres de la Revolución, aún no vueltos a sus hogares ni despojados de sus equipos guerreros, se apresurasen a rendir sincero cuanto expresivo homenaje de gratitud y admiración a la nación europea que no había hallado inconveniente en estar abiertamente al lado de los que aquí bregaban por la libertad. En Santa Cruz del Sur, donde estaba reunida la Asamblea de Representantes, escribió, en 17 de noviembre de 1898, el doctor y general Domingo Méndez Capote, presidente de la Asamblea, estas palabras:
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“"El nacimiento de una nueva nacionalidad, en los últimos días del siglo XIX, realizado en un pueblo culto que ha batallado loca, decididamente por su independencia, es un fenómeno histórico que ha de interesar en alto grado a la noble nación italiana, a la que tantos sacrificios y tanta lucha costara su constitución como pueblo nuevo, independiente y libre. Y la República de Cuba, la más joven de las naciones latinas, volverá siempre, con amor y admiración, su vista hacia la vieja Italia, la madre de nuestra raza, para inspirarse en el elevado sentido jurídico que ha guiado a la heredera y sostenedora de la cultura tradicional romana."”
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