lunes, 17 de noviembre de 2014

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA: DEBUT DEL CIRCO CUBANO SANTOS Y ARTIGAS.

POR: GUIJE CUBA



El 17 de noviembre en la Historia de Cuba

• 1916 -

- Debut del circo cubano Santos y Artigas en el teatro Payret de La Habana.
Debut del circo Santos y Artigas en el Payret
   En la Bohemia del 11 de julio de 1954: “Les aseguraron un fracaso. Pero el día del debut, el 17 de noviem­bre de 1916, el abarrote del "Payret" produjo 3 mil 912 pesos. Al terminar la temporada Santos y Artigas habían alcanzado más de 72 mil pesos de recaudación.”
   “La emoción hace temblar un po­co las palabras en el viejo empre­sario que resume así los recuerdos de aquel debut:- El itinerario se había anunciado previamente en todos los periódicos, en pasquines y hojas sueltas. Fue un verdadero día de fiesta para los habaneros. El público se aglomeraba en las ca­lles y balcones vitoreando el paso del primer circo cubano.
   “La noche del debut, el teatro se abrió a las siete de la tarde, co­brándose precios que en ninguna época se habían fijado en un cir­co: 2.50 la luneta y 15 pesos los pal­cos. La cola llegaba desde "Payret" hasta mas allá del Diario de la Ma­rina. Artigas atendía al público en el pórtico del teatro y Santos esta­ba aun en la Aduana esperando la llegada del acto principal del pro­grama, la familia ecuestre Los Hannefords. Los caballos vinieron en el ferris y desembarcaron a las ocho y media de la noche. La fun­ción estaba anunciada para las 9. Aparte de las facilidades que los empleados de la Aduana le prestan a Santos, había el problema de he­rrar los caballos con herraduras de goma antes de entrar en la pista que se había instalado en el escena­rio. El tiempo apremiaba. Pero Santos y Artigas estaban dispuestos a no dejarse vencer por ninguna di­ficultad. Y trajeron fraguas y he­rreros al sótano del "Payret" para poder tener los caballos en la pis­ta a la hora anunciada.
   “Los caballos salieron a realizar el acto sin previo ensayo. Descono­cían la pista, como es fácil supo­ner. El principal de la familia Hanneford, Poodles, al ejecutor su ac­to, fue lanzado desde el lomo de uno de los corceles hasta el palco de la música. El hombre se incor­pora tan pronto cae, vuelve a la pista y termina su acto en medio de una ovación delirante.”

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