martes, 23 de diciembre de 2014

Granma podó el editorial del New York Times


356_granmaCuba actualidad, Capdevila, La Habana, (PD) El periodista colombiano Ernesto Londoño, a quien se le atribuyen los últimos siete editoriales publicados de octubre a diciembre en el diario The New York Times, permaneció recientemente por espacio de 14 días en La Habana.
El diario Granma mencionó su estancia en la nota titulada “The New York Times, otra vez por cambios en la política de EE.UU. hacia Cuba” publicada el 16 de diciembre, en la que hace una breve reseña del editorial publicado por el diario neoyorkino el 14 de diciembre, con el título “La economía cubana en una encrucijada”.
Seguramente, durante su visita, Londoño pudo corroborar que las críticas y las acusaciones contra la prensa oficial cubana no son infundadas.
La nota publicada en el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba es una muestra palpable de la desinformación que aplica ese diario.
Granma no hace otra cosa que contar las cosas a medias y distorsionadas. Poda lo que molesta e irrita al gobierno, que es en definitiva el que lo dirige y decide que se publica o no.
Luego de leer la nota del Granma y el editorial de NYT se percibe que la prensa oficial cubana, de manera deshonesta, deliberadamente silencia los temas sensibles y embarazosos y brinda una visión distorsionada de la realidad.
A los medios oficiales cubanos nunca les ha interesado brindar una información auténtica. Por ello, podaron las partes más comprometedoras de la realidad económica de Cuba que aparecían reflejadas en el editorial del diario neoyorkino, porque las autoridades cubanas se niegan públicamente a asumir la responsabilidad que les corresponde del actual desastre económico y reconocer que su economía es la de peor desempeño en el Hemisferio Occidental
Como era de esperar, al Granma no se le autorizó reflejar algo que es cierto: que el presidente Raúl Castro, como señala el editorial del NYT, “en julio de 2007 emitió críticas al describir las ineficiencias de la industria láctea, debido al oneroso y costoso mecanismo para llevar la leche de vaca hasta la mesa familiar de los cubanos, quienes han sido sometidos por décadas a una economía centralizada que se encuentra entre las más disfuncionales y anómalas del mundo”.
Hubiese resultado un pecado capital para el gobierno si el Granma hubiera reflejado en su nota, lo recogido en el editorial de Londoño cuando este refería que “el gobierno cubano inició una serie de reformas, pero el ritmo ha sido vacilante, con mucho retroceso propiciado por la vieja guardia del gobierno, que considera una mayor liberalización de la economía como repudio del sistema socialista que Fidel Castro hizo sacrosanto”.
Por su naturaleza totalitaria, sectaria, partidista y excluyente, el Departamento Ideológico del Partido Comunista no autorizó que Granma reflejara una verdad aceptada por todos y que en el editorial del NYT se señala con mucha claridad: “El sistema comunista generó una economía retrógrada y lánguida, respaldada ampliamente por Moscú. Luego del colapso de la Unión Soviética, en 1991, la economía cubana se desplomó”.
Como era de esperar, los temas reflejados en el editorial del NYT que ponen en la palestra pública el mal desempeño del exgobernante Fidel Castro, el Granma los podó.
Londoño señala que en los años del periodo especial “el gobierno cubano fue forzado a permitir cierta inversión extranjera y autorizar, de manera limitada, el empleo por cuenta propia”. Y añade: “En 1999 La Habana encontró un nuevo benefactor en el recién elegido presidente de Venezuela Hugo Chávez, cuyo apoyo hizo posible que las autoridades cubanas apretaran el control estatal de la economía”.
Es un secreto a voces el conflicto soterrado entre el grupo ortodoxo y continuista, que cuenta con el apoyo y respaldo de Fidel Castro, y los que apuestan por una apertura, la liberación del mercado y diferentes formas de propiedad.
Tal es el poder del grupo inmovilista que no permitieron que Granma reflejara lo planteado por el editorial del NYT: “Los líderes de la vieja guardia advierten que una economía de mercado liberalizada podría convertir a Cuba en una sociedad menos igualitaria que desestabilice al gobierno mediante la inversión, pero los reformistas y los economistas argumentan que el estado actual de la economía es insostenible”.
Parece que el diario Granma clasificó los editoriales del NYT para su publicación, completa o manipulada, en buenos y malos. En el caso de los buenos, tuvieron una buena cobertura mediática, pero los malos, los que molestan, como el editorial del 14 de diciembre que denunció el arruinado sistema político y económico, sencillamente hicieron la grosera pantomima de publicar lo que les convenía, porque lo que dañaba al régimen cubano, lo silenciaron.
Tal repudiable proceder de los redactores del Granma le debe haber permitido a Londoño conocer cómo actúa la prensa al servicio de un régimen dictatorial, que es todo lo contrario a cómo funciona en una democracia.
Para Cuba actualidad: origenesmadibas@gmail.com

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