Cuba actualidad, San Agustín, La Habana, (PD) Una de las características que siempre han identificado a los gobiernos totalitarios y personalistas, lo es, sin lugar a dudas, culpar a fuerzas o agentes externos de sus propias calamidades e injusticias.
Así, vemos como el gobierno cubano, durante más de medio siglo de existencia, ha escogido al imperialismo norteamericano y a su embargo económico para justificar sus propias aberraciones y la improcedencia de un sistema social que ha llevado al pueblo cubano a la más honda miseria material y espiritual, una miseria que cruza las fronteras de lo permisible.
Pero si observamos la historia del pueblo cubano a lo largo de estos 56 años de existencia bajo el prisma de las leyes, nos damos cuenta que no hay justificación posible que los exonere de sus verdadera intenciones dantescas para con su pueblo, el mismo pueblo que vertió su sangre en busca de la paz, la justicia social, y la libertad, que el régimen dictatorial de Batista había pisoteado.
Por ejemplo, desde el mismo triunfo de la revolución cubana de 1959, sus gobernantes se dieron a la tarea de reformar nada más y nada menos que la Constitución de 1940, que durante su vigencia, colocó a Cuba entre los tres primeros países de mayor nivel de vida en América Latina, y en opinión de la Comisión Internacional de Juristas de la ONU, se caracterizó por garantizar un equilibrio entre las fuerzas políticas liberales, republicanas y democráticas, manteniendo a su vez vivos, en armónica coexistencia, los principios de justicia y progreso social.
La primera aberración lo fue, siguiendo el ejemplo del gobierno del dictador Batista, atribuirle al poder ejecutivo, la función de Constituyente, develando de esta manera lo que fuera el preludio de su verdadera esencia.
Para que se tenga una idea de lo que planteo, entre los días 13 de enero y 7 de febrero de 1959, a poco más de un mes del triunfo revolucionario, la Constitución de 1940 fue modificada en cinco oportunidades, todas las cuales constituyeron una estocada letal contra el sistema de justicia, la democracia y los derechos individuales.
Así, se estableció la pena de muerte proscrita en la Constitución del 40, y en consecuencia se establecieron un número importante de delitos que la contenían.
También se puso en vigor la confiscación de bienes como sanción accesoria en un gran número de delitos, así como la suspensión por un periodo de 90 días el derecho de Habeas Corpus a los colaboradores del gobierno derrocado, creándose además los tribunales de excepción para juzgar sin ningún tipo de garantías a los mismos.
Por otra parte se excluyó la posibilidad desde el punto de vista procesal, de interponer acción contra las leyes inconstitucionales, y de esta manera, dejar el camino libre a la arbitrariedad e injusticia.
Y es en este contexto en que se puso en vigor la Ley Fundamental que perduró hasta el año 1976, momento en que entró en vigor la Constitución socialista, no garantizada y que como todos sabemos ha aplastado como nunca antes la justicia, la libertad y la individualidad de los cubanos.
¿Quién puede exonerar a los gobernantes cubanos, los mismos de siempre, de la apocalíptica realidad que vivimos hoy los cubanos?
Para Cuba actualidad: nelsonchartrand@gmail.com
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