Cuba actualidad, Santos Suárez, La Habana, (PD) Leer el libro “Persona non Grata” del chileno Jorge Edwards después de más de 40 años de publicado, es como montarse en una máquina del tiempo y recapitular algunos hechos olvidados por algunos, y desconocidos por las nuevas generaciones.
Salvador Allende fue el primer presidente marxista que llegó al poder mediante elecciones el 4 de noviembre del 1970. Casi un mes después, el 7 de diciembre de 1970, nombró a Jorge Edwards embajador de Chile ante el gobierno de La Habana.
Edwards era un reconocido escritor, periodista y diplomático, además también de distinguirse como hombre de izquierda en su natal Chile. Representaba a un recién elegido gobierno de gran afinidad con la revolución cubana.
Desde luego, nunca pasó por la mente de Allende lo que posteriormente sobrevino. En solo 3 meses y medio este selecto embajador se ganó el distinguido título diplomático de Persona Non Grata. El 22 de marzo de 1971 se retiró de La Habana hacia la embajada de Chile en París como secretario del embajador, que por entonces era Pablo Neruda.
¿Qué sucedió con este intelectual de izquierda que en tan poco tiempo colisionó con el régimen cubano y sobre todo con su máximo líder Fidel Castro?
Hay que recordar que para estas fechas en la izquierda de los países hispanoparlantes, incluyendo España, había calado en las mentes de muchos los aspectos beneméritos que la propaganda hacía de esta “Nueva Armonía” en territorio americano.
No obstante, por esas fechas, solo dos gobiernos hispanoparlantes habían reconocido al gobierno revolucionario cubano, la España de Franco, y el México del PRI. Chile fue el tercero en hacerlo.
Edwards llegó confiado en este experimento, pugnó por aceptarlo, pero honesto al fin, su espíritu crítico y su libertad de expresión se impusieron. De aquí su encontronazo y su destacada credencial diplomática otorgada por el gobierno de Cuba.
En Cuba se topó con los engranajes de un sistema más atento a la supervivencia que a un real cambio a un régimen supuestamente superior. Aunque dicho sistema, en todos los rincones en que se ha impuesto ha traído más problemas que resultados.
En esos tres meses y medio, Edwards departió con intelectuales, visitó varias industrias y hasta una granja lechera que andando el tiempo sería conocida como el lugar de nacimiento y desarrollo de la supervaca Ubre Blanca.
Desde luego, estas visitas las hizo acompañado por el Máximo Líder, con quién también sostuvo una de sus conocidas charlas nocturnas.
Edwards recuerda hasta los nombres de algunas vacas -Clarisa, Florinda, María Gracia- y las diversas botellas de leche con los nombres de las mismas. Probando la leche de una de las botellas, el Máximo Líder exclamó: “Esta sabe a almendras, ¡vamos a tener un camembert (queso originario de Normandía) mejor que el francés!”
El chileno no se pudo contener y esto condujo al primer tropezón con el Líder Máximo al responderle, sin dobles intenciones: “Eso es bastante difícil, es como si me dijeran que en Rumanía van a preparar un Daiquirí mejor que el de Cuba”.
Lo que Edwards no sabía es que ya lo habían marcado. A todos los que se les ha ocurrido contradecir a Fidel Castro han salido por el techo.
Varias anécdotas resumen la sagacidad, memoria y visión de Edwards. Merece citarse su encuentro con César Zachi, nuncio del Vaticano por aquellos años. Decía, refiriéndose a este: “Frente a sus congéneres religiosos hacía de abogado de la revolución, o del diablo si se quiere, con un fervor que resultaba inquietante para mentes ortodoxas”.
Ya desde 1968, al calor del Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín, había nacido en Latinoamérica la Teología de la Liberación, con una evidente influencia marxista que el Cardenal Pío Laghi, -conocido por la mediación que previno la guerra entre Argentina y Chile en 1978-, había definido sabiamente: “Los spaghettis son buenos, la salsa es la que está envenenada”.
Evidentemente el Monseñor Zachi estaba influenciado por esta “salsa”. Gracias a sus gestiones ante el gobierno cubano, aparecieron varios teólogos por acá” -ninguno cubano- que los viejos católicos recordamos haciendo de abogados del diablo en distintas iglesias de La Habana.
Concluye Edwards en su libro que lo que más caracteriza la economía socialista es el despilfarro”. Explicaba que “con la revolución se había desarrollado una glorificación y un culto constante a los héroes”. “El que tenga la sartén por el mango siempre tendrá la razón –no hay medios ni personas que le contradigan- los que no piensen como el serán triturados en medio de los aplausos de los escritores oportunistas de todos los rincones”.
En una nota dirigida a los españoles decía: “Pío Baroja escribió en El árbol de la Ciencia que en España lo que se paga no es el trabajo, sino la sumisión y estas verdades son aplicables a España y todo el mundo latinoamericano. Tal es el caudillismo español dejado en herencia a tantos Tiranos Banderas eficaces y ejemplares en lo tocante a su propio beneficio en esta parte del mundo”.
Desde luego la publicación de este libro en 1973 le granjeó la enemistad no solo de las fuerzas políticas de izquierda, sino que tuvo el aparentemente paradójico mérito de estar prohibida no solo en Cuba, sino en Chile después del golpe de estado de Pinochet, razón por la cual tuvo que exiliarse en Barcelona.
Admirablemente, Jorge Edwards, en el caso de Cuba y con su libro Persona Non Grata, percibió en solo 3 meses lo que a otros les ha tocado décadas comprender: “Para el resto de Latinoamérica y España es una llamada de advertencia contra ese mal que no parece desprenderse de estos países, la infausta herencia del caudillismo”. Y podríamos agregar: la ignorancia y la desmemoria.
Verdaderamente el chileno fue y sigue siendo Persona Non grata, pues con este libro confeccionó para todos los tiempos, un saco que a todos los dictadores de derecha o izquierda les sirve.
Para Cuba actualidad: glofran864@gmail.com
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