martes, 26 de abril de 2016

EL CAMBIO ESTA EN EL PUEBLO

Por: Lcdo. Sergio Ramos




A lo largo y ancho del planeta hubo personas de todos los niveles sociales, desde ciudadanos comunes hasta jefes de estado, incluyendo a cubanos de dentro de Cuba y del Exilio, que ingenuamente creyeron que la “normalización” de las relaciones entre los gobiernos de Washington y La Habana, y la visita del presidente Barak Obama a la isla, abriría las puertas a un cambio político y económico.  
Luego de la despedida del mandatario norteamericano, los ojos del mundo, en suspenso total, se enfocaron en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba. Y, entonces,  la cortina de humo se disipó dejando ver la intensión real del régimen: No hay cambios, solo continuismo con modificaciones acomodaticias y de maquillaje. 
Se confirma el axiomático el hecho de que mientras los hermanos Castro sigan en el poder, no habrá cambios en Cuba. Ellos constituyen la muralla que bloquea al pueblo la libertad, la democracia, el bienestar y el progreso.
Entonces nos preguntamos ¿En dónde está el camino hacia el cambio? 
Solo hay una respuesta: El cambio hay que buscarlo en el pueblo. En los de afuera y los de adentro. Las experiencias de la historia nos trazan ese camino. Fue el pueblo el que dio al traste con la tiranía totalitaria en Polonia, cuando este rompió el miedo y lanzó la las calles unidos bajo ‘Solidaridad’. Los Checos advinieron a la libertad cuando unidos se lanzaron a las calles de Praga. Los rumanos derrocaron al tirano Caecescu cuando rompiendo el miedo, exigieron masivamente su destitución en plaza pública. Los alemanes tumbaron el Muro de Berlín cuando se  concentraron en torno a este y comenzaron a derribarlo.
La enseñanza en todos esos casos es la misma: El cambio está en el pueblo. Ese es el camino y hay que andar sobre el mismo. No estamos lejos, pues hay, para suerte de Cuba, quienes lo han tomado justo dentro de las entrañas del régimen. Son los opositores. Lo son las Damas de Blanco, los de UNPACU, los del Movimiento Cubano Reflexión, los de Frente Anti-totalitario Unidos (FANTU), Somos Mas, lo son todos los que se lanzan a las calles bajo el lema ‘#Todos Marchamos’, por solo citar algunos y con las excusas y sin dejar de reconocer con igual admiración y respeto, a los otros grupos opositores que así luchan a lo largo y ancho del país. Ellos son parte del pueblo, ellos son el cambio verdadero. Como también son parte del pueblo y del cambio, los cubanos del exilio, no importa en qué latitud del planeta se encuentren, porque también su apoyo externo a la lucha interna, es parte esencial del cambio hacia la libertad de la patria.
Este cambio, sutil, a veces imperceptible por la distancia, o por la desinformación, o por los ruidos y polvaredas de los espectáculos de los otros foráneos y del régimen, se está produciendo en Cuba. El camino se está andando, y todos debemos sumarnos al camino, no para verlos pasar como espectadores desde una acera, sino para andar juntos, codo con codo, con ellos hasta su meta final: Hasta la libertad de Cuba.
Para arribar a la meta, dos cosas nos hacen falta: Ser fuertes y romper el miedo. 
Ser fuertes significa hacernos cada día más poderosos ante el régimen dictatorial hasta llegar al punto que nuestra fuerza sea superior e imparable para el enemigo y produzca el derrumbe de la tiranía.  Pero para ser fuertes tenemos que sumar; tenemos que unirnos en una unión respetuosa y tolerante de la diversidad del criterio de cada cual; en una unión de hermandad, apoyo y solidaridad mutua; en una conjunción de fuerzas organizadas y coordinadas para la acción abarcadora, amplia y extendida a todos los ámbitos de la lucha y esparcida organizadamente en todos los rincones del territorio nacional y en todos los sitios del mundo donde se asienta la diáspora, en donde quiera haya un cubano que quiera su patria libre. Todos juntos tendremos la fuerza superior e imparable para tumbar el muro, para demoler la tiranía. 
El miedo ha sido siempre un arma de la dictadura castrista. Desde sus comienzos nos sembraron el terror y la hicieron parte del diario vivir del cubano. A los que viven dentro de Cuba por la represión y el asesinato, o eso que le llaman paredón. A los que residen fuera, con el chantaje de privarlos de ver o asistir a sus seres queridos o las represalias contra estos. Sin el miedo los esbirros están indefensos. El miedo es revertible. Cuando el pueblo pierde el miedo, este se transfiere a los opresores y entonces estos últimos o huyen, o se rinden, o desaparecen ante el empuje del pueblo. 
 Sin darnos cuenta, cada día es menor el miedo en el pueblo. Hace varios días atrás vimos un video de cómo en el Cerro, en La Habana, un grupo de cubanos de a pie que casualmente transitaba por allí, enardecidos ante el abuso policiaco, sacaban del patrullero a una cubana que era arrestada por policías por gritar consignas contra el régimen y reclamar sus derechos… y los policías quedaron paralizados, con miedo al pueblo. 
La pérdida del miedo se inicia cuando va acompañada de la conciencia adquirida sobre un mal sufrido y de quienes son los culpables que lo provocan, y además, de la resolución de luchar por sacudirse el yugo en aras de un futuro mejor. No cuestión de un día, es un proceso que requiere labor incesante en tiempo y lugar requerido, asistido por la constancia en exigir,  el hastió de soportar y la esperanza de mejorar. 
Y mientras el pueblo va perdiendo poco a poco el miedo, para la unidad imprescindible e impostergable, se están dando pasos firmes, a través del Encuentro Nacional Cubano, cuya segunda convocatoria para reunirse otra vez los representantes de las organizaciones opositores de las dos orillas, a tenor con lo acordado y firmado en la Declaración de San Juan el 15 de agosto del 2015: “unir la oposición interna y externa”. Esta tendrá lugar para mediados de agosto de este año en San Juan, Puerto Rico. 
Lejos del inmovilismo del Partido Comunista y de la enquistada oligarquía en el poder, el cambio se está dando en donde tiene que producirse, en el pueblo.
San Juan, Puerto Rico a 24 de abril de 2016






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