miércoles, 4 de mayo de 2016

Sin ganas de enderezar la historia


La maquinaria del poder puede dormir tranquila. El VII Congreso de historiadores ha reafirmado la confrontación con el “enemigo”

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Roberto Pérez Rivero, Presidente de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC), inaugura el XXII Congreso Nacional de Historia (foto: eichikawa.blogspot.com)
Roberto Pérez Rivero, Presidente de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC), inaugura el XXII Congreso Nacional de Historia (foto: eichikawa.blogspot.com)
LA HABANA, Cuba.- En la sesión de apertura del recién finalizado XXII Congreso de la Unión de Historiadores de Cuba, celebrado en la ciudad de Holguín, el presidente de la organización, Roberto Pérez Rivero, insistió en “fortalecer los conocimientos sobre la historia nacional con el propósito de enfrentar la subversión política y todas las formas de guerra cultural que se nos hace”.
En efecto, cuando el presidente Barack Obama llama a olvidar la historia como una forma de cicatrizar las heridas del pasado e iniciar una nueva relación, las autoridades cubanas retoman la historia para mantener vivo el diferendo con Estados Unidos.
El evento sesionó en cuatro comisiones. Una trató sobre las civilizaciones aborígenes en Cuba y América Latina, otra acerca de los movimientos de liberación nacional en Latinoamérica durante el siglo XIX, y las dos últimas abordaron la relación entre Cuba y Estados Unidos, así como la figura histórica de Fidel Castro.
Por supuesto, la comisión que analizó los vínculos de Cuba con su vecino del norte no ponderó los lazos de amistad que unieron a nuestros pueblos, representados por la sangre norteamericana vertida en nuestros campos de batalla contra el colonialismo español. Los asistentes al Congreso prefirieron enfocar los debates en las “agresiones del imperialismo yanqui” contra la nación cubana.
La clausura de este XXII Congreso tuvo lugar en la localidad de Birán, donde se localiza la finca en que nacieron los hermanos Castro. Allí se emitió una declaración que llama a evitar la “fractura intergeneracional” entre los componentes de la sociedad cubana. Es decir, impedir que las nuevas generaciones adopten un punto de vista diferente a la gerontocracia que hoy detenta el poder.
Para lograr semejante propósito los gobernantes de la isla cuentan con un mecanismo ideal: la enseñanza de la historia a las nuevas generaciones. Y, claro está, no será un recuento más o menos objetivo del devenir histórico. Estaremos en presencia de una interpretación del pasado de acuerdo con los intereses de un presente parcializado. Esa manera de enseñar la historia fue también exaltada por los presentes en la finca de Birán.
Comoquiera que la enseñanza va a continuar siendo coto exclusivo de los dirigentes cubanos, tal y como lo confirmó una reciente reunión de educadores con vistas a preparar el curso escolar 2016-2017, la maquinaria del poder puede dormir tranquila. No habrá otra visión de la historia que se les trasmita a los niños y jóvenes.
A propósito, esa imposibilidad de que los padres cubanos escojan el tipo de educación que desean para sus hijos resulta terrible para muchos. Un vecino de mi edificio lo resume de esta manera: “Óigame, no es fácil que uno sea contrario a este sistema político, y tener que aguantar que los hijos lleguen a la casa repitiendo una frasecita que les enseñaron en la escuela: ¡Pioneros por el comunismo, seremos como el Che!”…

ACERCA DEL AUTOR

Orlando Freire Santana

Orlando Freire Santana

Orlando Freire. Matanzas, 1959. Licenciado en Economía. Ha publicado el libro de ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2005, y la novela La sangre de la libertad, Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, 2008. También ganó los premios de Ensayo y Cuento de la revista El Disidente Universal, y el Premio de Ensayo de la revista Palabra Nueva.

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