martes, 3 de mayo de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA

Natalicios cubanos:





Aguado de Tomás, Ana: -Nació el 3 de mayo de 1866 en Cienfuegos y murió en La Habana el 6 de mayo de 1921. Notable cantante que triunfó en Estados Unidos y en España. Establecida en Brooklyn con su familia, tomó parte en festivales a beneficio de la libertad de su patria, cediendo a instancias de José Martí. Ganó por oposición la plaza de solista en la iglesia neoyorquina de San Francisco Javier. Al terminar la guerra de independencia en 1898 regresó a Cuba, ocupando varios cargos como profesora de música.



Catala, Valentín: -Nació en La Habana el 3 de mayo de 1829 y falleció en la misma el 7 de septiembre de 1877. Estudió el bachillerato en su ciudad natal y la carrera de medicina y cirugía en las Universidades de Montpellier y París y más tarde, a fin de obviar molestias de incorporación, fue a Barcelona, en donde se licenció de medicina en 1867. De nuevo en La Habana, estudió farmacia, licenciándose al año siguiente. Con algunos de los específicos por él creados, entre ellos “Polvos digestivos y Papelillos febrífugos” abrió al público un establecimiento. Escribió en francés, y luego vertió al castellano, “Higiene de los literatos” (tomó por base la tesis que desarrolló para doctorarse). Como poeta y escritor publicó: “Noches de insomnio” (versos) “La dalia negra del cementerio de Güines” (leyenda novelada), habiendo colaborado en “Cuba Literaria” y otras publicaciones.

El 3 de mayo en la Historia de Cuba

• 1896 -




Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 253-254 nos describe los acontecimientos del 3 de Mayo de 1896 en la Historia de Cuba:

   “El esfuerzo glorioso de Cacarajícara se prolongó hasta el 1º de mayo de 1896 como para enaltecer aún más la fama de los libertadores. Fue motivo de desconcierto para los custodios del régimen colonial. De nada valió a Weyler desfigurar los hechos al trasmitir su relación a Madrid. La prensa de la Corte se enfrascó en comentarios que reflejaban la verdad y ponían en berlina al supremo representante de la Metrópoli en la Isla. Los insurrectos resultaron bastantes para constituir un baluarte inexpugnable frente al cual fracasaron el innegable arrojo y la no desmentida acometividad de la columna de Suárez Inclán. Tal era lo sucedido en el famoso campamento de Cacarajícara, del que quedaron dueñas las huestes de Maceo.

   “El triunfo así alcanzado por los cubanos fue costoso. Entre las bajas sufridas en la acción de Cacarajícara figuró la muerte del teniente coronel Carlos Socarrás, herido mortalmente al adelantarse, a caballo, para entablar lucha fiera con el enemigo en Loma Redonda. Sus subalternos lo condujeron al campamento de Cacarajícara. Allí, en el centro mismo de sus proezas al servicio de la patria irredenta, dejó de existir, llorado tanto como por su esposa y sus hijos por cuantos conocían sus merecimientos extraordinarios. Aquel hombre, templado como hoja de fino acero, colocado frente a frente de los sicarios de la Colonia, había sabido proceder por el momento y aguardar, internado en la sierra vueltabajera, el instante del desquite colectivo, en los términos conmovedores narrados por Enrique Collazo en una de sus más hermosas páginas de historia patria.

   “Lo ocurrido alrededor del campamento de Cacarajícara no podía dejar en paz ni sosiego a Antonio Maceo. De ahí que, apenas liquidado aquel sangriento lance, el General se ocupase en ejecutar las medidas dictadas por las necesidades premiosas de hora tan crítica. Supo rendir el homenaje de su admiración y de su condolencia ante la perdida del esforzado Socarrás, después de su muerte ascendido a coronel. Además, en vibrante alocución dirigida a los miembros del Ejercito Libertador de la zona en que se hallaba, exaltó la conducta de todos y los excitó a proseguir en la brega heroica defendiendo la justicia y la libertad.

   “Era preciso y urgente unir la acción a la palabra. El Lugarteniente, considerándolo así se empeñó cuidadosamente en permanecer atento a las maniobras del enemigo y presto a contrarrestar cualquier acometida que del mismo partiese. Tales deseos situaron el 3 de mayo de 1896 al general Maceo en las inmediaciones de Bahía Honda. Desde allí mantuvo la vigilancia y el reconocimiento de todos los caminos por donde podía haber comunicación con aquella plaza, ocupada por los españoles. La previsión del caudillo respondía, naturalmente, a las exigencias de las circunstancias a la sazón presentes. Los defensores de la Colonia no intentaron abrir brecha por los lugares sujetos a observación, temerosos de ser víctimas de una nueva arremetida por parte de los servidores de la independencia de Cuba.”

• 1895 -

 Diario de José Martí en Cuba.



José MartíMáximo Gómez y acompañantes llegan al campamento de Rita Perdomo. Martí termina el Manifiesto al New York Herald.

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