domingo, 17 de julio de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA


Natalicios cubanos:






Costales Sotolongo, Bernardo: -Nació en Matanzas el 17 de julio de 1850. Escritor distinguido que escribió la comedia en verso “Un mal padre y un buen hijo” y prodigó las galas de su estilo en los periódicos “La Razón”, “La Guirnalda Cubana”, “La Aurora”, “La Infancia”, “El Palenque Literario”, “El Trabajo” y fundó “El Hogar”.





González Lanuza, José Antonio: -Nació en La Habana el 17 de julio de 1865 y falleció el 27 de junio de 1917. Abogado, catedrático, conferencista, escritor y político. En los tiempos de España fue desterrado por sus ideas revolucionarias. En Estados Unidos con la pluma en la mano y por la palabra fue un alto paladín de la revolución del 95. Durante la República ocupó las Secretarías de Justicia e Instrucción Pública con la Intervención y presidió el Ateneo y la Comisión de Reforma del Código Penal. Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, en la que profesaba Penal, y miembro de la Academia de la Historia.

Guije.com - estudios en la cultura y la historia de Cuba El 17 de julio en la Historia de Cuba

• 1898 -

- La Plaza de Santiago de Cuba.



Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 403-403 nos describe los acontecimientos del 17 de Julio de 1898 en la Historia de Cuba:

   “La paz entre españoles y norteamericanos, por lo que tocaba a la llamada división de Cuba, quedó concertada el 16 de julio de 1898. En el día siguiente, el 17 de julio de 1898, a las nueve y media de la mañana, tuvo efecto la entrega de la plaza asediada. La ceremonia del caso se verificó en la altura frente al fuerte de Canosa. Shafter, por los norteamericanos, y Toral, por los españoles, fueron los encargados de presidir acto de tanta significación. El general vencedor apareció rodeado de numeroso sequito de mar y tierra. Ante todos, en medio de imponente solemnidad, desfiló la reducida parte del ejército vencido que representaba en aquellos momentos a cuantos habían defendido la ciudad bombardeada.

   “A la ceremonia desarrollada a la altura del fuerte de Canosa se adelantó el cambio de banderas en las fortalezas de la plaza. Al compás de veintiún cañonazos fue arriada la enseña de la nación descubridora en Punta Blanca. La aparición de la insignia de las barras y las estrellas en el castillo de El Morro y en la casa del Gobierno, segundos después, anunció ostensiblemente el advenimiento del orden de cosas impuesto por la fuerza de las armas.

   “Todavía en medio del desastre, aplanados al parecer sus ánimos por tanta desgracia para su pabellón, hijos de España no quisieron o no pudieron ocultar su resentimiento. Sin que ello constase en los escritos -de la capitulación, lograron del vencedor norteamericano una merced dirigida a inferir una postrer ofensa, o a tomarse una venganza pobrísima, a costa de los libertadores cubanos. El general Shafter, acaso no vuelto aún de las zozobras a que estuvo sometido durante el sitio y bombardeo de la ciudad oriental, no supo adoptar ni mantener la actitud adecuada. El adversario de la víspera debió de insinuar, de insistir, de encarecer, en fin, para arrancarle lo que en suma le arrancó.

   “La conducta observada por el general Shafter frente a las demandas de torpe venganza del vencido desembocó en el inexplicable e insólito hecho de que no se reservase puesto a ningún jefe cubano para presenciar la entrega de la plaza. El general Calixto García se enteró con justa indignación de la forma en que el acto iba a realizarse, y adoptó la actitud que cuadraba a hombre de su temple y de su prestigio ante novedad tan incalificable. Expresó, en conferencia reservada con el general norteamericano, su sorpresa, por lo mismo que la cooperación de las fuerzas insurrectas había determinado allí el buen éxito de la breve campaña, y se despidió, para abandonar la zona pacificada y volar a la de Holguín en busca de españoles no comprendidos en la capitulación con quienes medir sus armas.

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