viernes, 23 de abril de 2010

PARA RECORDAR A ADRIAN LEYVA


Por Primavera Digital

LO QUE MI AMIGO ARGENTINO NO ENTIENDE DE CUBA Y SU REVOLUCIÓN, Adrián Leyva

Miami, Florida, noviembre 4 de 2009 Mi amigo argentino, como otros latinoamericanos con ideas progresistas entre los cuales me cuento, sueña con una nueva América sin políticos corruptos, drogas, miserias y desigualdades sociales. Con un nuevo orden económico y social. Quiere un continente sin caudillos que disfrazados de presidentes democráticos o revolucionarios guevaristas, seduzcan a América Latina para llevarla por extraños caminos como el del nuevo loco “bolivariano”.

Charlamos mientras tomo mi café, bien amargo, y escuchamos canciones de Mercedes Sosa, Fito Páez y tangos tradicionales que con amabilidad me invita a oír, un tanto a solicitud mía.

Me comenta la reciente votación de la ONU contra el embargo al pueblo cubano por el gobierno de Estados Unidos. Coincidimos en que ese embargo es política violatoria del derecho internacional y fracasada, que debe ser cancelada. Pero también se interesa sobre el otro embargo al que estamos sometidos todos los cubanos: el embargo que el gobierno de Cuba nos impone, privándonos de nuestros derechos naturales.

Me pregunta por el caso de la doctora Hilda Molina y le explico que no es un caso aislado, es uno más, sólo que famoso. De esas violaciones nadie habla. ¡Qué rara es la ONU!

Con orgullo porteño, mi amigo me cuenta que piensa ir de vacaciones en diciembre a su natal Buenos Aires y me habla sobre la vida en esa gran urbe. Me hace sentir que estoy allá.

Lo miro, encojo los hombros y pienso en mi anciana madre que está en La Habana, con 80 años y media ciega. Como muchos cubanos, no puedo entrar a Cuba. ¿El delito? Haber viajado a los Estados Unidos. Somos desterrados.

Cuba y Estados Unidos están separados geográficamente por sólo 180 kilómetros, pero sicológicamente para los cubanos esa distancia equivale a miles de años luz. Cuba es algo lejano, inalcanzable para los cubanos emigrados; somos parias dondequiera que estemos desterrados. Las restricciones y obstáculos que el gobierno cubano unilateralmente nos impone para poder viajar a nuestra patria convierten el viaje en una inimaginable odisea.

Por decisión del gobierno de Cuba, el cubano no emigra como cualquier otro mortal del resto del planeta. El cubano “se va del país” y al hacerlo pierde todas sus propiedades y se convierte en desterrado gracias a un diabólico engendro llamado “salida definitiva”.

Poder regresar alguna vez a Cuba, incluso de visita, para asistir al funeral de una madre, es algo que el gobierno cubano puede o no concederle al emigrado. Le muestro a mi amigo argentino mi expediente de trámites para regresar a Cuba, con documentos y disposiciones oficiales del gobierno cubano, y trato de que me entienda. Me mira anonadado y me dice: ¡Che, pero ustedes están peor que nosotros cuando la época de la dictadura militar! Le respondo: Sí, sólo que nuestra añeja dictadura de 50 años es aplaudida por media América Latina y la llaman “revolución” y la de ustedes, que duró mucho menos, fue repudiada y llamada por su nombre. Ojala que los emigrantes de los pueblos del ALBA no sufran en el futuro igual destierro que los cubanos.

De fondo, Malena canta un tango con voz quebrada…
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Nota del editor: Este artículo fue escrito por el periodista Adrián Leyva menos de cuatro meses antes de emprender su viaje de regreso a la patria en el que perdió la vida. Las autoridades cubanas entregaron su cadáver (que afirman haber hallado en el mar) a la familia el día 6 de abril.

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