
Por Roberto Valdivia
Ciego de Ávila, (PD) El pasado mes de mayo la televisión nacional transmitió la noticia de la reunión que sostuviera el Presidente Raúl Castro con el Cardenal Jaime Ortega Alamino y el Arzobispo de Santiago de Cuba.
Según la información, el encuentro nada tenía que ver con el apoyo del cardenal a las Damas de Blanco y los presos políticos.
A pesar de lo breve de la nota, algo llamó la atención de muchas personas. Los medios informativos del régimen no usaron los acostumbrados adjetivos de “mercenarios”, “asalariados del imperio”, “grupúsculos contrarrevolucionarios” u otros parecidos que utilizan para referirse a grupos de mujeres, prisioneros políticos o la oposición interna en su conjunto.
Más reciente aun, y según informaciones en las prisiones y entre los familiares, desde el primero de junio varios presos políticos integrantes del Grupo de los 75, víctimas de la ola represiva de la primera de 2003, han sido trasladados a sus respectivas provincias de residencia.
La prensa oficialista no ha dado información al respecto, y se especula entre la población y emisoras foráneas que algunos de ellos serán liberados o pasarán a centros de producción dentro de la llamada “Tarea Confianza” del Ministerio del Interior, como un fruto de las conversaciones entre la Iglesia Católica Cubana y el régimen castrista.
No falta quien califique la medida como un “gesto de buena voluntad del gobierno”. Es bueno recordar, sin embargo, que durante años la dictadura castrista ha manipulado a los prisioneros políticos a su antojo y conveniencia.
Son mercancía de negociaciones para aliviar tensiones diplomáticas, periodos de crisis, o simplemente para complacer la petición de alguna personalidad que visite la isla, sea política o religiosa. Algo muy diferente a la “buena voluntad”.
Algunas personas son del criterio de que existe tendencia a identificar el presidio político de los cubanos con los 75 opositores encarcelados en la primavera de 2003, cuando en realidad, y según informes de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, existen en la isla 201 presos políticos, algunos en pésimas condiciones de encierro y en delicado estado de salud, casi olvidados debido a la manipulación informativa.
Durante años, la posición mediadora de la Iglesia Católica y de personalidades políticas ha sido calificada de positiva y necesaria; no obstante, y sin ánimo de menospreciar el gesto, no podemos callar ante los intentos del régimen por manipular y desconocer los esfuerzos de la oposición pacífica.
Siempre que se libere un preso político o simplemente mejoren sus condiciones de vida, estará presente el sacrificio de Orlando Zapata, la actitud de Guillermo Fariñas, la firme posición de las Damas de Blanco y la constante lucha de cientos de hombres y mujeres, llámense activistas de derechos humanos, periodistas independientes, opositores, disidentes, blogueros, protagonistas todos de acciones a favor de los presos políticos y de respeto a los derechos humanos. Eso no lo podrán ocultar nunca.
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