
Por Osmar Laffita Rojas
Capdevila, La Habana, PD) Ya hace más de 50 años que se prolonga el conflicto entre las autoridades cubanas, la oposición y el exilio. En la medida que este se prolonga, no son pocos los que se han instalado en sus respectivos tronos con todo lo necesario para vivir. A medida que ha trascurrido el tiempo, los han ampliado, haciéndolos cada vez más confortables. Al final, sienten pánico a la idea de que la beligerancia se acabe. Cuando algunos de los contendientes hablan de diálogo o acercamiento, rápidamente los apoltronados entran en acción para alentar la continuidad del conflicto y obstaculizan cualquier arreglo entre las partes en pugna.
Esto es lo que ha ocurrido con las conversaciones entre la iglesia católica y el gobierno cubano. De igual manera, en la reacción desproporcionada, cargada de ofensas y descalificaciones contra los 74 opositores firmantes de una carta en que con todo su derecho respaldaron la suspensión de las prohibiciones de que los norteamericanos puedan visitar de manera normal a Cuba.
También ocurrió con las Damas de Blanco, cuando se intentó fragmentarlas a raíz de una desafortunada carta en que asombrosamente se les pedía a las Damas de Apoyo dejaran de acudir a las marchas dominicales, algo similar a los que las autoridades cubanas por medio de sus órganos represivos les exigían y que ellas en ningún momento aceptaron, como mismo no cedieron ante las bárbaras acciones de las turbas de porristas que las hostigaron con desproporcionado ensañamiento y crueldad.
Diversas organizaciones de la diáspora y algunas figuras representativas del exilio histórico han asumido recientemente posturas muy recalcitrantes contra aquellos que desde su propia perspectiva han decidido apoyar las iniciativas dirigidas a poner fin a las actuales barreras legales que obstaculizan las normales relaciones entre los gobiernos y pueblos de los Estados Unidos y Cuba.
Estos señores han llegado al extremo de acusar de vendidos, de peligrosos idealistas, de estar manipulados por grupos anti-embargo, a todos aquellos que abogan por el diálogo y la reconciliación. En resumen, este sector asombrosamente continúa la apuesta en contra de toda lógica por el estéril enfrentamiento. Algo que como el oxígeno para respirar, también necesitan a diario y desesperadamente, los ancianos inquilinos del fortificado bunker de La Habana.
ramsetgandhi@yahoo.com
. En la medida que este se prolonga, no son pocos los que se han instalado en sus respectivos tronos con todo lo necesario para vivir. A medida que ha trascurrido el tiempo, los han ampliado, haciéndolos cada vez más confortables. Al final, sienten pánico a la idea de que la beligerancia se acabe. Cuando algunos de los contendientes hablan de diálogo o acercamiento, rápidamente los apoltronados entran en acción para alentar la continuidad del conflicto y obstaculizan cualquier arreglo entre las partes en pugna.
Esto es lo que ha ocurrido con las conversaciones entre la iglesia católica y el gobierno cubano. De igual manera, en la reacción desproporcionada, cargada de ofensas y descalificaciones contra los 74 opositores firmantes de una carta en que con todo su derecho respaldaron la suspensión de las prohibiciones de que los norteamericanos puedan visitar de manera normal a Cuba.
También ocurrió con las Damas de Blanco, cuando se intentó fragmentarlas a raíz de una desafortunada carta en que asombrosamente se les pedía a las Damas de Apoyo dejaran de acudir a las marchas dominicales, algo similar a los que las autoridades cubanas por medio de sus órganos represivos les exigían y que ellas en ningún momento aceptaron, como mismo no cedieron ante las bárbaras acciones de las turbas de porristas que las hostigaron con desproporcionado ensañamiento y crueldad.
Diversas organizaciones de la diáspora y algunas figuras representativas del exilio histórico han asumido recientemente posturas muy recalcitrantes contra aquellos que desde su propia perspectiva han decidido apoyar las iniciativas dirigidas a poner fin a las actuales barreras legales que obstaculizan las normales relaciones entre los gobiernos y pueblos de los Estados Unidos y Cuba.
Estos señores han llegado al extremo de acusar de vendidos, de peligrosos idealistas, de estar manipulados por grupos anti-embargo, a todos aquellos que abogan por el diálogo y la reconciliación. En resumen, este sector asombrosamente continúa la apuesta en contra de toda lógica por el estéril enfrentamiento. Algo que como el oxígeno para respirar, también necesitan a diario y desesperadamente, los ancianos inquilinos del fortificado bunker de La Habana.
ramsetgandhi@yahoo.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario