viernes, 17 de septiembre de 2010

DIVERSIDAD VS. DIALOGO

PUBLICADO PARA HOY 18 DE SEPTIEMBRE


Por Juan Antonio Madrazo Luna


El Vedado, La Habana,(PD) Cambios, reconciliación y respeto a la diversidad fueron las palabras claves pronunciada por el cardenal Jaime Ortega Alamino durante la homilía por la misa en honor de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, el pasado 8 de septiembre en la parroquia del mismo nombre en la popular y cosmopolita barriada habanera de Centro Habana.

Desafiando la lluvia pero con menos entusiasmo que años anteriores, participaron miles de personas de todas las edades, que acompañados por primera vez de gaitas, cantaron y dieron vivas a su patrona.

La fiesta de la patrona de la Isla ha coincidido con la peregrinación nacional de la imagen de la Virgen iniciada en agosto pasado con motivo del 400 aniversario de su primera aparición que se celebrará en el año 2012.

No faltó la presencia de alguno de los protagonistas más inmediatos de la emergente sociedad civil. Las Damas de Blanco, verdaderas intérpretes en cuanto a las más recientes liberaciones de los presos políticos de la Primavera Negra del 2003, desfilaron bajo un operativo policial de baja intensidad con relación a fechas anteriores. Activistas de derechos humanos junto a ellas y una foto de Orlando Zapata Tamayo exigieron al pie de la Virgen libertad para todos los presos políticos y la necesidad de cambio.

El mapa religioso cubano es toda una galería de la pluralidad, pero aun a las ciencias sociales no se le ha permitido descifrar públicamente los vasos comunicantes y relaciones de poder que existen entre raza y religión. Sobre este particular existe todo un manto de silencio, tanto desde la Iglesia Católica como del campo académico.

El racismo es una realidad sensible, de la cual llevan la peor parte negros y mestizos. Es un escenario real que muchos prefieren ignorar, incluidas muchas de sus victimas.

La religión en Cuba, como parte de su diversidad, esta tejida por varias ecuaciones como ciudadanía, etnicidad, exclusión y pobreza. Los vasos comunicantes que pueden existir entre cada una de estas ecuaciones aun no han sido interrogados.

En los últimos años, el mapa religioso cubano ha transitado por varias etapas de cambios. El más reciente paisaje cultural y socioeconómico ha permitido el desarrollo y movimiento de zonas discursivas desde el contexto racial con el propósito de conocer aun mejor las raíces culturales que permitan dar pasos a la gradual eliminación de algunas actitudes discriminatorias desde diferentes manifestaciones religiosas.

La problemática racial como zona discursiva, particularmente la negritud, es una ruta de cambio que muchas personas defienden como mecanismo de defensa para rescatar raíces y buscar una mayor igualdad social, la cual también se produce en actores religiosos.

Hoy, desde diversos escenarios religiosos se intenta promover un diálogo intereligioso en el cual puedan desarrollarse aduanas de intercambio donde se respeten las diferencias y se dinamiten las exclusiones.

Las relaciones de la iglesia católica, institución compleja y multifacética de larga historia en la cual la tradición aun pesa hacia el campo de los afroreligiosos, el más democrático y popular por su extracción social, todavía adolece de muchos problemas. El estado aun no la reconoce como institución.

Alrededor del campo afro-religioso, se tejen patrones que aun permiten la exclusión. Hacia el interior de las iglesias católica existen conflictos de discriminación las cuales son legitimadas a partir de las relaciones de poder. Las religiones cubanas de origen africano son demonizadas por católicos y protestantes ortodoxos. Estereotipos y prejuicios acumulados e ideas erradas sobre estas religiones y sus practicantes son barreras que frenan cualquier posibilidad de diálogo con este democrático y plural panorama religioso.

Durante estos últimos años ha habido algunas evoluciones en el campo religioso cubano desde el punto de vista cultural. Muy especialmente la pluralidad racial ha tenido un impacto, lo cual pudiera ser el punto de partida para el desarrollo de un diálogo interreligioso.

Las comunidades evangélicas, tradicionalmente blancas, como iglesias presbiterianas y episcopales, revelan un proceso de mestizaje hacia su interior. Tradicionalmente estas comunidades tuvieron un patrón de hegemonía blanca. Hoy muchos de sus líderes son negros, lo cual también obedece a la emigración de muchos de sus miembros hacia Estados Unidos.

Mientras las comunidades cristianas se mulatizan, en las afroreligiosas hay todo un proceso de blanqueamiento. La Santería o Regla de Ocha, la no tan secreta Sociedad Abakuá, la Regla de Palo Monte y otras ya han dejado de ser calificadas despectivamente como “religiones de negros o brujería”. Pero en Cuba, las negras brujas ya no vuelan. Es frecuente ver sacerdotes de Ifá, santeros y santeras, blancos y blancas, rubios con los ojos azules, identificarse como hijos de Yemayá, Ochún o Changó, que dicen tener en su cordón espiritual lo mismo un indio que una negra o negro congo, carabalí llamada Tomasa, Francisca Siete Sayas, Regla Centella o Ta José. Negros cuyo patrimonio espiritual puede estar presidido por una gitana llamada Teresa o un chino de Manila devoto de San Fan Con.

Cuba necesita buscar nuevas maneras de ser comunidad, es una necesidad que puede movilizar a cristianos, católicos, afro-religiosos u otros. Entre todos podemos desmantelar las estructuras de dominación que tanto en la iglesia como la sociedad, han legitimado formas de relación desde el poder, la opresión y la discriminación.

Nuestra sociedad requiere hoy más que nunca ser pensada y recreada colectivamente, necesita de entrenamiento para asumir la diversidad. El dialogo intercultural e interreligioso está bastante limitado por las barreras que existen en cuanto al respeto a las diferencias.
cubainterracial.gl@gmail.com
Fotos: Juan A. Madrazo

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