
Por Miguel Iturria Savón
El Cotorro, La Habana,(PD) El pintor Orestes Carreras Alarcón (La Habana, 1963), inauguro el miércoles 8 de septiembre en la galería Fernando Boada del municipio Cotorro, al sudeste de La Habana, su exposición Eros y Tanatos. Son 12 lienzos de técnica mixta a partir de carbón, grafito, acrílico y mezclas con texturas. En ellos el creador supedita el color a la figuración, centrada ahora en la relación entre el erotismo, la tauromaquia y la muerte. El erotismo como necesidad, la muerte como parte de la vida y sus conexiones con el vigor y la energía, simbolizadas en la figura humana.
En esta entrega, la búsqueda de la libertad expresiva pasa por el sincretismo, la deformación de los rostros y las mixturas, tan recurrente en el artífice, fiel a su propia mirada, ajena al mercado y a los colores en uso, pues sabe que las ferias y el costumbrismo limitan a veces el pulso creativo.
Esa mirada de Orestes Carreras es esencialmente expresionista y surrealista, privilegia las texturas sugerentes y provocadoras, y usa códigos universales que revelan su madurez creativa.
El tamaño de estos cuadros (casi todos de 1.50 por 1.10 metros) obligan al espectador a observarlos desde lejos, pues la textura exige descubrir la representación figurativa a varios pasos del lienzo. Las figuras humanas y naturales que decoran cada propuesta visual encarnan una figuración no simétrica ni caricaturesca.
Infieren pues, que hay cosas bellas no artísticas, pero que la simetría es el elemento principal de la belleza, palpable en estos lienzos que desafían tabúes desde la agresividad de las imágenes y la simplicidad del color, en los que predominan el gris, combinaciones del sepia, el amarillo y los azules.
La peculiar sensibilidad espiritual de Orestes no tiene muchos asideros en la plástica cubana, salvo en la visión sincrética de maestros como Lam o Mendive, de quienes difiere en la paleta de colores y converge en el desborde figurativo. Los rostros estilizados del Greco, las recreaciones del entorno aborigen de Guayasamín y las obras del alemán Otto Dick parecen fuentes de enlaces del artista insular.
Estamos ante propuestas fuertes, inquietantes, agresivas y a veces chocantes; aunque hay distinciones en las líneas e intencionalidad figurativa en cada obra, donde lo interesante y lo grotesco forman parte de la belleza, concebidas a partir de historias entrelazadas con la mitología de Eros, la virilidad, el mestizaje y la muerte.
Amor de caimán, Obsequio otoñal, Herejías y Narciso ante la fuente certifican la transgresión pictórica. Herejías complejiza la expresión mixta de ansias y energías ancestrales, el amor entre la vida y la muerte, representados por mujeres desnudas sobre toros, de cuyos narigones penden condones a modo de puente y limite sexual.
El Narciso de Orestes no es bello ni mira ensimismado su rostro en la fuente; expresa el éxtasis sexual con la fuente como fondo, acentuado por grafitos plateados, carbón y texturas.
El sexo galopa en las imagenes de El vuelo, Erupción, Deseos y A lo teatral. En El vuelo, una mujer y un hombre planean sin alas mediante colores blanco y gris. Erupción es una obra ilustrativa y sutil que limita la figura en función del espacio. La misma limpieza se observa en Deseos, que ofrece dos semblantes de belleza surrealista que infieren lo unisex. A lo teatral fantasea en torno a la promiscuidad de cuatro parejas que hacen el amor en la esquina de una cama.
En Ochún y Shangó, retoma los simbolismos sincréticos de la sensual Ochun (deidad de los ríos) y su enlace con Shangó (dueño del fuego), rodeados de sus iconos religiosos, afines al artista que nos obsequia ahora estas piezas desde su mirada erótica y su percepción de la muerte.
culturakiss@yahoo.es
Fotos: Miguel Iturria Savón
No hay comentarios:
Publicar un comentario