viernes, 15 de octubre de 2010

COMEDORES COMUNITARIOS


Lawton, La Habana, 16 de octubre de 2010, (PD) Hace algún tiempo que en nuestro país se han establecido centros gastronómicos del Sistema de Atención a la Familia, pero la mayoría de los comedores vinculados a este programa no son más que fonduchas de mala muerte donde por un promedio de dos pesos se les vende a los comensales censados una bazofia que de balanceada no tiene nada.

Este Sistema de Atención a la Familia, creado supuestamente para favorecer a personas de escasos recursos y a discapacitados, difícilmente cumple su objetivo, porque es indigno el trato que se les da a estas personas.

Quien quiera comprobar cómo funcionan estos lugares, que los visite en los horarios de servicio, cuando los viejitos e impedidos hacen cola esperando por estos alimentos. En su mayoría, dada la mala elaboración, se los llevan para sus casas, a ver si allí los mejoran de alguna manera. Me comentaba una vecina:

-La proteína es casi siempre una croqueta o hamburguesa, de no sé qué. Nunca pollo, puerco ni pescado. Y de vegetales, nada. Pocas veces hay huevo y cuando lo ponen, es siempre salcochado. Cuando hay arroz amarillo con puerco, es con chicharrones, y si es con pollo, apenas sientes el sabor.

Le pregunté por qué no iba a desayunar y me respondió: -Además de que es muy temprano, casi siempre lo único que hay es refresco.

Recientemente, un anciano que limpia jardines me comentó que su esposa se quedó ciega y después de hacer muchas gestiones, logró inscribirse en uno de estos centros, donde por una módica suma le ofertan almuerzo y comida. Me dijo además:

-Estamos censados en 10 y Tejar, aquí en Lawton. Busco el almuerzo y la comida, me despachan los dos servicios a la vez. Así es mejor, doy un solo viaje. Siempre hay que hacer algo para mejorar la comida. Los frijoles, por ejemplo, vienen duros y sin sazón, pero bueno, es algo caliente que comemos, porque con doscientos pesos de pensión no se puede almorzar y comer, y mucho menos arroz y frijoles todos los días.

Otro anciano que come en estos lugares me comentaba: “A la comida no le ponen grasa. Los vegetales nunca los he visto, y la proteína, muy pocas veces, pero me quedo callado, no protesto, porque tengo que morir allí de todas formas. No hay más nada.”

primaveradigital@gmail.com

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