
Por Osmar Laffita Rojas
Capdevila, La Habana, 23 de octubre de 2010, (PD) Uno de los efectos más perversos de la crisis económica internacional es la desleal política proteccionista que aplican los países desarrollados con el falaz pretexto de que ante la baja del comercio mundial, lo indicado es protegerse.
A esto se le adiciona la negativa política de subsidiar a los productores agrícolas con multimillonarias sumas de dinero, en este caso están los Estados Unidos, la Unión Europea (UE), Japón, Australia y Nueva Zelanda, lo que constituye el mayor estorbo para la puesta en marcha de la estancada Ronda de Doha y el paralizado acuerdo de libre comercio del MERCOSUR y la UE.
El pasado año, la UE y los Estados Unidos destinaron uno 175 000 millones de dólares para subsidiar sus productos agrícolas, lo que constituyó un freno a las ventas de estas producciones procedentes de la India, Brasil, Argentina, Sudáfrica y México, por las condiciones desventajosas que encuentran en los mercados.
Sobre este asunto, el periodista Julio Godoy de la Agencia IPS, en su artículo “Subsidios del Norte arruinan a la agricultura del Sur”, que el periódico Granma reprodujo en su edición del pasado 6 de octubre, intenta centrar la atención en que los culpables de estas abusivas prácticas son los países de la UE.
Godoy pasa por alto que los Estados Unidos, con un 4% de su fuerza laboral económicamente activa dedicada a la agricultura, gracias a los multimillonarios subsidios, garantiza alimentos para sus 300 y tantos millones de habitantes, cumple con las asignaciones para los programas de alimentos de las Naciones Unidas y realizan ventas a 227 países, entre ellos Cuba.
Por las compras de alimentos a los Estados Unidos, Cuba está ubicada en el lugar 42 entre los socios comerciales de la nación del norte.
Toda la retórica de las autoridades cubanas en defensa del comercio Sur-Sur se contradice con las millonarias compras de alimento a los Estados Unidos, conociendo las autoridades cubanas que este país es el que más subsidia a sus agricultores.
Desde el año 2001, cuando se autorizó por el Congreso de la Unión las ventas de alimentos a la isla y hasta el pasado año, La Habana destinó 3 401 millones de dólares a la compra de productos agrícolas a empresas de los Estados Unidos. A ese monto hay que adicionarle los gastos de transportación, operaciones bancarias y otras actividades asociadas, de las que no se dispone de cifras.
A estas compras, se le suma que tal negocio ha hecho mucho daño a la estancada agricultura cubana. Es tal la parálisis de este sector que en los últimos siete años su crecimiento no ha rebasado el 1%. Razón más que suficiente para que no se entienda por qué se continúa con esas compras de alimentos, mientras personeros del bunker afirman que la producción de alimentos es “un asunto de seguridad nacional”. Pero la aplicación durante los últimos 9 años de esta estrategia económica ha fracasado estrepitosamente.
El gobierno cubano, a pesar de sus ingentes esfuerzos, no ha logrado que los empresarios, legisladores y gobernadores estatales de la Unión, con los cuales ha cabildeado hayan logrado influir para un cambio de la política que la Casa Blanca mantiene hace 50 años contra el gobierno cubano.
En la situación calamitosa de la agricultura cubana, es cosa de chiste hablar de sustitución de importaciones y menos aun, referirse al mejoramiento del nivel de vida de la población cubana.
Lo que sí han logrado los gerontócratas que gobiernan Cuba, que el país más rico del mundo y el que más subsidia a sus agricultores haya obtenido enormes ganancias; mientras, como contrapartida, la producción agrícola cubana la han sumido literalmente en la ruina.
ramsetgandhi@yahoo.com
Foto: Marcelo López
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