viernes, 22 de octubre de 2010

EL FUTURO NO TIENE NOMBRE


Por Lucas Garve


Mantilla, La Habana, 23 de octubre de 2010, (PD) Los cubanos nos hemos quedado sin futuro. Quizás usted no comprenda bien lo anterior o no comparta esa opinión conmigo, pero lo que es real y tristemente cierto es que no podemos predecir ahora mismo que pasará en la sociedad cubana en lo inmediato.

Varios eventos pueden ocurrir en el escenario cubano tan degradado de hoy. Pero los despidos masivos con que quieren socorrer el barco de la economía cubana, tampoco podrán salvar la sociedad cubana del desastre total. Ojalá sea resuelto tal entuerto por vías no violentas.

Sucede que el Estado lanza por la borda del desempleo a un millón y cuarto de trabajadores y empleados para que ellos sean responsables económicos de sus vidas, después de cincuenta años de decirles que el responsable de eso era el Estado.

Sí, el responsable económico de vidas y haciendas en este último medio siglo ha sido el Estado cubano, con el Partido Comunista para dirigirlo y a la cabeza de este, su líder.

Así ocurrió con la propiedad de las viviendas, se las entregaron a los residentes cuando se dieron cuenta de que no podían solucionar los complejos problemas de mantenimiento constructivo y que se derrumban entonces después de cada aguacero.

Después de medio siglo de regulaciones y controles para atar a los ciudadanos al régimen, la burocracia partidista y estatal halla cómo salvarse sólo lanzando el lastre del súper empleo al mar del desastre económico.

¿Qué éxito económico podrán lograr los nuevos trabajadores por cuenta propia sin preparación para obtenerlo? ¿Dónde hallar las materias primas indispensables, los créditos financieros a mediano y largo plazo que apoyen la arrancada del negocio, los bajos impuestos que incentiven inversiones?

Pienso que los flamantes trabajadores por cuenta propia sepan o estén prevenidos de que una plaga tan dañina como la de las langostas, en forma de inspectores estatales, les caerá encima para comerle buena parte del producto de su esfuerzo en forma de sobornos, además de todo aquel a quien la burocracia le dé una cuota de poder.

La corrupción inherente a esta situación de desbarajuste económico no desaparecerá en 24 horas a fuerza de decreto. La misma inestabilidad e ineficacia de la economía dejan margen a que el virus de la corrupción invada cualquier entidad o forma económica productiva.

Pero lo mejor no es el panorama incierto que nos espera, sino que los cubanos en su mayoría aún no tienen una visión aproximadamente bien clara de lo que se avecina. Cegados todavía por la propaganda oficial que anticipa las causas de un invierno nuclear, las gastadas amenazas imperialistas y los terroristas de Miami, el embargo, etc., mientras el próximo leve invierno cubano se avizora bastante más oscuro que cualquier tono de gris.

“Seguro que habrá que comprar la carne de puerco de diciembre ahora, porque no se sabe lo que vendrá luego. Lo único que puedo ver es que esta Navidad va a ser bastante fría para los bolsillos. A cuidarse de los atracos, los robos, y todo lo demás, porque aquí las gentes no se han dado cuenta de lo que viene”, predecía un joven en una guagua la semana pasada.

“Tengo que aguantar mi trabajo hasta ver lo que invento. Lo mejor sería irme a otro país, pero hasta las palmas para hacer lanchas van a escasear”, sentenció con tono pesimista. “Se acabó, se acabó, ahora sí terminó todo, no hay nada más, ni cuento de futuro”, concluyó así su predicción fatalista.

garvecu@yahoo.com

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