lunes, 8 de noviembre de 2010

En sus cartas él la llama Afrodita


No es de los presos ni de las Damas de Blanco que se burlaría el gobierno cubano, se burlaría de la Iglesia y de la comunidad internacional, afirmó Laura Pollán.

(Radio Martí, Manuel Vázquez Portal, 8/11/10) - "Si tu me miras, yo me vuelvo hermosa", escribió aquella maestra y poetisa chilena que llegó a ganarse el Premio Nóbel de Literatura. "Si tu me miras, yo me vuelvo hermosa", parecían repetir los ojos de Laura Pollán cuando miraba a Héctor Maseda en los atardeceres habaneros antes de que unos hoscos barrotes lo arrancaran de sus brazos en la primavera de 2003, y un marzo negro la llevara a ganarse -junto a las Damas de Blanco- el Premio Sajarov a la Libertad de Conciencia.

Laura apartaba el rostro del manojo de papeles donde sus alumnos habían trazado datos biográficos confusos e interpretaciones inusitadas de los versos de Gabriela Mistral, otorgaba una nota más amorosa que justa, se quitaba las gafas de aumento, y entonces miraba a Héctor, más bien, con el alma.

Lo veía absorto en otro de los tantos libros que consultaba, y deseaba ser su maestra, y que él -uno de los chiquillos que ella hechizaba con su voz pausada y dulce- se volviera y también la mirara. Pero Maseda andaba lejano, sumergido en su urdimbre de sueños.

Desentrañaba secretos de la espada y el cáliz, soñaba pentagramas y aguas vivas, acumulaba experiencias de Giuseppe Garibali e Ignacio Agramonte. Leía a Spinoza, Compte y Spencer. Quería saber por qué Rousseau se perdía en ideas, más bien románticas, sobre la importancia del pueblo como verdadero soberano. Trataba de comprender a cabalidad por qué John Locke defendía con denuedo la separación de poderes del estado.

Asistir a la casa de Neptuno 963, en Centro Habana, y verlos ahí, atareados y sonrientes, era como penetrar a un remanso de ternura. Un vaso de agua fresca era el saludo en las manos de Laura; unas palabras sabias, el abrazo fraternal de Maseda. La casa umbría y silenciosa se tornaba regazo para la conversación sosegada.

El 19 de marzo de 2003, la casa se estremeció bajo las botas militares que asaltaron la ternura, incautaron libros, revolvieron gavetas, husmearon rincones, esposaron a Maseda.

La maestra de ojos azules y voz de pajarillo que alelaba a sus discípulos con los versos de Gabriela Mistral quedó desolada. Le habían alejado a aquel hombre hondo pero parco de quien ella siempre esperaba una mirada que la volviera hermosa.

La mirada que le dedicó Maseda antes de que lo montaran en un carro patrullero y lo sepultaran en una celda, la volvió muy hermosa: la vistió de blanco, la armó de un gladiolo, la puso al frente y la impulsó a la calle para que el mundo supiera que ella era ahora la voz, la imagen, el sueño de Maseda.

Después de siete años y siete meses Héctor Maseda sigue preso, en la cárcel 1580 de La Habana. Este domingo 7 de noviembre vence el plazo que el régimen de los Castro propuso para liberarlos a todos, sin embargo, 13 de los 75 continúan aferrados a sus barrotes, negados al destierro.

Héctor Maseda Gutiérrez, Iván Hernández Carrillo, Pedro Argüelles Morán, José Daniel Ferrer García, Luis Enrique Ferrer García, Angel Moya Acosta, Oscar Elías Biscet, Eduardo Díaz Fleitas, Félix Navarro, Diosdado González Marrero, Librado Linares, Guido Sigler Amaya y Arnaldo Ramos Lauzerique, son los que dijeron no cuando el cardenal cubano Jaime Ortega los telefoneó para proponerles que cambiara sus rejas por el destierro.

En la carta más reciente enviada a Laura, Maseda, quien en sus cartas la llama Afrodita, le asegura que no cree en la palabra de los Castro, que él sabe que son unos demagogos, y la prepara para una lucha más prolongada, para una espera más larga.

Pero Laura cavila, sopesa, quizás tema. Piensa que Guillermo Fariñas podría retomar su huelga de hambre pospuesta cuando comenzaron las liberaciones. Eso la entristece. Fariña es para ella un héroe, una esperanza. Barrunta que los 13 podrían lanzarse a la huelga para evitar que Fariñas lo haga y muera. Eso la impacienta, conoce su valentía. Son hombres trabados en la oscura telaraña de un sistema manipulador y podrían arriesgar más de lo que hasta ahora han arriesgado. Aguarda porque el régimen no cometa un error que involucraría muchas vidas, y mientras batalla, reza porque cree que el gobierno no se burlaría de las Damas de Blanco y de los presos, sino de la Iglesia Católica, del Gobierno español y del mundo.

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