miércoles, 2 de marzo de 2011

El juego de monopolio





Escrito por Paulino Alfonso Estévez



Lawton La Habana 03 de marzo 2011,



(PD) Hace 53 años, mi padre, para inclinarme a ser un buen capitalista, me compró un juego de Monopolio. Por mucho que traté, el béisbol pudo más que aquellas incomprensibles operaciones tales como Tennesee Avenue, el Park Place o el North Railway, que siempre terminaban en manos del Banco.

Fue más interesante coleccionar postales de peloteros de las Grandes Ligas. En 1994 vi a un yanqui pagar 5,000 dólares por una de Mickey Mantle y después nos enteramos que en los EE.UU esa misma postal se cotizaba en $50,000. Nada, cosas del subdesarrollo.

Lo mismo pasa con el jueguito de Fidel Casiano, que para mi asombro juegan varios periodistas. Llaman al nuevo juego “las reformas económicas de los Castro”. Lo juegan también miembros selectos de la sociedad secreta M&M (Mojitos y Mulatas), cosa esta perdonable, porque incluso personajes del gobierno del afro presidente, lo practican. Se incluyen anticastristas, que en el exilio (of course) practican el onanismo mental de un tiempo a esta parte, con la nueva candanga ahora en manos del Clon. Por suerte para los cubanos, en esta orilla nadie padece de esta enfermedad.

Como llevo un buen tiempo empleado en abrirle los ojos a tirios y a troyanos, juro por la bolsa del canguro que este será mi último aldabonazo para estos memos o quizás vivos, que semana por semana llenan la web con sus criterios elitistas y pretensiones de babalawo.

Desde los primeros años de la robolución, Castro (el original) ha prometido el oro y el moro. Ora porque no quedaba más remedio, ora porque necesitaba ganar tiempo, cosa que ha hecho siempre con magníficos resultados, debido fundamentalmente a su innegable capacidad de agente de bienes raíces.

¿Lo dudan? Veamos entonces tres acciones de alguien capaz de venderle vino consagrado a Satanás. ¿O qué fue entonces la venta de Castrolandia para portaaviones y base de submarinos a los imperecederos soviéticos? ¿O la reconversión del portaaviones en burdel flotante para los españoles y a posteriori, en un complejo hospitalario, educacional y militar para el Ex-simio Teniente Coronel Hugo “Tribilín” Chávez Frías? Esta última, la más productiva de todas, ya que garantiza un dorado retiro a toda la familia real y completa los 45 años de vida artística.

Terminemos el jolgorio y dediquemos el resto al análisis serio del último intento de los Castro para decir dentro de cinco años, que hace falta sangre nueva para dirigir los destinos de Castrolandia e iniciar la transición al castrocapitalismo en familia.

Desde 2006, fecha en la que para su desgracia Raúl Modesto tuvo que asumir la administración de la finca, declaró el problema de los alimentos, de seguridad nacional. No fue porque le interesara mucho, sino porque quería al parecer dejar de gastar los cerca de US $2.0 bn anuales que compraba en nombre de Castro el original, el hoy “exiliado político” Pedro Álvarez, quizás para dedicarlos a otros destinos más prácticos.

Ahí comenzó el patético exordio por producir los alimentos en Castrolandia, los del pueblo, por supuesto, no los de la corte real, esos se compran en el supermercado Palco.

Para eso liberó el 50% de la tierra (ya inservible por salina) y mediante un superdecreto permitió el usufructo de esta a unos desesperados cubanos que al menos vieron la posibilidad de comer mejor y ganar algún dinerito extra con la venta de sus excedentes agrícolas.

Pero eso demostró ser sólo puro optimismo. La realidad es que hoy, a tres años de haber pronunciado el apocalíptico llamamiento, el 50% de la tierra entregada sigue sin producir, por falta de aperos, fertilizantes y por exceso de burocracia. En algunos casos, hasta ha sido revendida como terreno de construcción a orientales deseosos de insiliarse en La Habana.

Incluso el Gordo Murillo reconoció que en los últimos dos años la agricultura decreció en cerca del 3% y se incumplió en 12 productos tales como leche, carne, arroz, legumbres y vegetales. El sector agropecuario va en picada y si no se hacen nuevos cambios, se corre el peligro de no poder empezar las reformas necesarias.

Los agricultores privados piden que liberen los precios, la forma de acopiar y comercializar los productos. A esto el gobierno respondió que eso “ya estaba en estudio”. Según los propios espadones de Raúl Castro, para lograr el despegue, hay que modificar la gestión completa de toda la agricultura.

Si todo esto se sabe, ¿por qué Raúl Modesto no lo aplica? Sabe que si fracasa en la agricultura, todo se va al inodoro ¿No lo adivinan, adivinos?

La sombra del Big Brother sigue ahí, inamovible y se proyecta aun sobre el hermanito, cuidando que nadie rompa su desastre, hasta ahí no llega Fidel Casiano, que debe decir: “¿Cuando han visto Uds. ilusos, guajiros ricos? Para rico, yo, esperen a que me muera y después hagan lo que quieran”.

Así las cosas, el Índice Dow Jones castrista, la carne de puerco, sigue estable a 25 pesitos y cuando se termine la primavera seguirá en falta la comida.

¿Uds. creen que haya algo más parecido al juego de Monopolio que esto? Decididamente, prefiero las postalitas de peloteros.

paulino.alfonso@yahoo.com

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