Escrito por Tania Díaz Castro
Santa Fe, La Habana, 03 de marzo de 2011,
(PD) El libro “Mi vida”, autobiografía dictada en 1926 por la célebre bailarina norteamericana Isadora Duncan (1878-1927), cuenta en todos sus detalles el viaje que realizó a Cuba unos meses después de la muerte de sus dos pequeños hijos, ocurrida el 19 de abril de 1913, huyendo del invierno newyorkino que la había enfermado y para alivio de su gran pena.
Se calcula pues que estuviera en la isla en diciembre de ese año, enero o febrero del siguiente y no en 1917, como dice el investigador cubano Leonardo Depestre en su libro “100 famosos en La Habana.”
En la capital sólo estuvo tres semanas y no ofreció ninguna función teatral, debido precisamente a su estado de ánimo.
En “Mi vida”, Isadora Duncan narra que montó a caballo por los lugares pintorescos de la costa habanera, que fue testigo de un conflicto entre las autoridades y los enfermos del leprosorio, que visitó la residencia de Rosalía Abreu, hermana de la patriota, quien la recibió con uno de sus monos en brazo y un gorila de la mano, dos de su gran colección de primates y que una madrugada, de recorrido por las calles habaneras, llegó al club de un barrio marginal, donde alguien tocaba los Preludios de Chopin.
“Me entró el deseo fantástico de bailar -dijo Isadora- para aquél extraño público. Me envolví en mi capa y bailé los Preludios de Chopin hasta el amanecer”.
A los pocos días tomó el barco hacia la Florida.
Pero en Cuba hay una periodista, Rosa Miriam Elizalde, oficialista y muy vinculada a la cúpula gubernamental, que en una crónica publicada en Juventud Rebelde el 6 de marzo de 2007, falsea por completo la visita de Isadora Duncan a la isla.
La sitúa, dice que según la memoria popular de los pobladores de Gibara, ciudad perteneciente a las provincias orientales, bailando desnuda, nada menos que en el Casino Español del pueblo.
La señora Rosa Miriam Elizalde se basa en una anécdota que no tiene pies ni cabeza, para decir que Isadora bailó en Gibara, al escuchar el testimonio de una anciana que se descalzó los zapatos, hizo un ademán de liberarse del corsé e improvisó unos pasos inspirados en la danza de Isadora. O sea, que la mujer, con más de un siglo de nacida, fue capaz de bailar descalza e imitar los movimientos corporales de la genial precursora de la danza moderna.
La ignorancia de Rosa Miriam Elizalde es atroz. Le hubiera bastado con consultar el libro “Mi vida”, con numerosas ediciones y hace poco publicado por una editorial de Nicaragua.
vlamagre@yahoo.com
Foto: cortesía de la autora
Isadora Duncan con sus dos hijos antes del accidente.
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