viernes, 15 de julio de 2011

A doscientos años de la independencia, ¿el fin del bolivarismo?


Escrito por Julio Antonio Aleaga Pesant


El Vedado, La Habana


15 de julio de 2011,


(PD) En medio de los festejos por el 200 aniversario de la proclamación de la independencia de Venezuela y el ritual proto-fascista de grandes multitudes de ciudadanos perfectamente alineados ante el falso Moisés, y los desfiles de armas, pocos atendieron a la tragedia que se ensaña sobre la prisión Rodeo 2, a 50 kilómetros de Caracas.

En aquel lugar, unos mil reclusos están secuestrados por otros prisioneros, desde hace tres semanas y la fuerza pública no está en capacidad de resolver la crisis.

Es común que los estados con tendencia autoritaria oculten sus deficiencias y crisis con grandes actos publicitarios como los desarrollados

por el chavismo en Caracas en estos días. Pero si Lenin, Mao, Stalin, Pol Pot y otros de esa pandilla condenaron al marxismo y al comunismo como tendencia y la acuñaron como una ideología de muerte y miseria, el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, enterró para el futuro la herencia ideológica de Simón Bolívar y, a lo que la fanaticada de izquierda llama la revolución bolivariana y su emparentamiento con el socialismo del siglo XXI.

Bolívar es uno de los personajes a los que los historiadores se encargaron de dulcificar su vida en función de sus altos ideales. Algo que merece la pena en la creación de los valores patrios continentales y universales en los jóvenes y adolescentes, pero poco con los análisis y la percepción de su conducta.

Entre otros detalles, Bolívar arrestó en 1812 a Francisco Miranda (El Precursor) y en acto de suprema traición, lo entregó prisionero a los realistas. Miranda murió en 1816 en una prisión española.

La veta traicionera de Bolívar se encuentra en su alianza con Inglaterra, una nación extra continental y por demás imperio colonial en esos años, en contra de la entonces naciente república de los Estados Unidos de América.

Siguiendo los pasos de Bolívar, Hugo Chávez, traicionó a sus compañeros de armas, llegado el momento y se alía a cuanta potencia extra continental encuentra con el fin de conspirar contra los Estados Unidos, no importa sea el régimen teocrático iraní, o las pre-capitalistas Rusia o China.

Pero donde definitivamente se conjugan fue en su afán por convertirse en emperadores de América Latina. Bolívar quería una América unida bajo su mando y no lo logró. Chávez pretende lo mismo y todo indica que no lo logrará, pero no por problemas de salud, como pueden pensar muchos. Falla su discurso en que es decimonónico y pre-moderno. Es importante que en su “tren” se montaran indigenistas, populistas y otros “istas” que pululan por el continente, bajo el auspicio del Comando Miranda.

Las dos principales iniciativas “bolivarianas” están a punto de sucumbir ante el peso de su inoperancia.

La Alianza Bolivariana (ALBA) es hasta ahora un sistema de trueque de petróleos por favores puntuales, donde el Palacio de Miraflores paga el clientelismo político gracias a los altos precios del petróleo. El proyecto esta lejos de permitir una integración tangible, con libertad de movimiento para capitales, bienes y personas y, mucho menos para el establecimiento de una moneda única, el Sucre. El mecanismo de unidad es el anti-norteamericanismo… y por muy irreal que parezca, el pre-capitalismo.

La Organización de Estados Latinoamericanos y del Caribe (OELC), padece de la misma enfermedad. Quiere dejar fuera del espacio integrador a las dos economías más fuertes, las democracias más estables, los sistemas políticos más seguros y promisorios: Canadá y Estados Unidos. Extraña coincidencia. Pero la nueva organización está muerta en su bolsa prenatal.

A doscientos años de la independencia, vamos dejando atrás los modelos pre- modernos de los caudillos que la encabezaron, para avanzar hacia una integración sobre bases sólidas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario