MARTES, 04 DE JUNIO DE 2013 00:54
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Cuba actualidad, Santa Clara, Villa Clara, (PD) Raúl González Manso y Niursy Acosta Pacheco están conscientes de que Cuba es una gran prisión. El matrimonio de disidentes no tiene duda de que los represores son capaces de cualquier cosa.
El 30 de abril y el 1º de mayo vivieron una experiencia que no le desean a nadie.
En el mediodía del 30 dos policías comandados por el oficial de la Seguridad del Estado nombrado Maikel estacionaron el jeep # 353 justo al frente de su domicilio. Otros dos, con uniformes de guardabosques (miembros del Ministerio del Interior), eran refuerzos. La orden de "arriba" era que los contrarrevolucionarios no podían salir de la casa.
Los miembros del Movimiento Cubano Reflexión dejaron claro que no pretendían realizar manifestación alguna. Sienten respeto por la masa trabajadora cubana. Saben que un número elevado de trabajadores asiste a eventos orquestados por las diferentes organizaciones gubernamentales para no ser "marcados". Quien no le haga el juego al gobierno sufre consecuencias fatales.
La noche del día 30 transcurrió tranquila para los policías que custodiaban la vivienda número 2A de Martí entre Manuel Herrada y Coronel Quintero, en Vueltas, municipio Camajuaní, en la provincia de Villa Clara.
Dentro de la morada el nerviosismo se apoderó de los hijos del matrimonio. Daniel David, de once años, y su hermana Libnimey Broche, de quince, no durmieron. Estaban alterados. Eran vigilados sin comprender por qué. Saben que sus padres no tienen enemigos, son personas de bien y mantienen buenas relaciones con los vecinos.
Los adolescentes están obligados a entender que las autoridades consideran a la familia adversarios peligrosos, simplemente por querer una Cuba diferente donde se respeten los derechos del ser humano y la verdadera democracia.
Al amanecer del día 1º la paciencia de Acosta Pacheco se agotó. Se enfrentó a los uniformados. Exigió que se fueran de su casa o se los llevaran para un calabozo. Su esposo, con las manos en la espalda, también pidió que se lo llevaran. Los policías dijeron que la orden no era detenerlos sino impedir que salieran de su domicilio.
"Nos llevan presos o se retiran", fueron las palabras de Niursy. Al tratar de cruzar la calle, un policía le aplicó una llave de inmovilización y la tiró al pavimento. El forcejeo duró varios minutos. El uniformado pegó el rostro de Niursy al asfalto, le sujetó una mano a la espalda y puso una rodilla en su cintura. Las fuerzas de la mujer se agotaron. Su esposo también fue sometido por la fuerza. Los niños presenciaron el acontecimiento.
Alguien dio la orden de conducirlos. Se los llevaron para la sede de la policía en Vueltas. No los encerraron en el calabozo. Raúl González fue liberado hora y media más tarde. Niursy tenía un dolor agudo en el cuello y brazo izquierdo. Sospechaba que le habían dislocado el hombro. Se negó a la asistencia médica. Cerca de dos horas después de ser liberada comprobó que solo tenía el cuerpo adolorido.
para Cuba actualidad: yoelito001973@gmail.com
Policía frente a la casa
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