Cuba noticias, Centro Habana, La Habana, (PD) En su discurso cargado de demagogia, los castristas prometieron crear, sobre la base de un descomunal sistema de adoctrinamiento, seres novedosos, presuntamente superiores a los que han existido desde el surgimiento de la humanidad.
A estos idealizados individuos, que nadie ha logrado conocer, les han llamado, "hombres nuevos". Pero sólo existen en sus mentes retorcidas.
Del "hombre viejo" cubano, pocos hablan. Me refiero a esas personas caracterizadas no solamente por su avanzada edad, sino por sus ideas retrógradas, que se mantienen ancladas a un pasado remoto.
Si las nuevas generaciones de cubanos, que debían ser perfectas, según profetizaron los veteranos castristas, se han convertido en frenéticos buscadores de la prosperidad material; las viejas permanecen sumergidas en un profundo abismo de maldad e intolerancia.
A esos seres anticuados se les puede ver, por ejemplo, en el instante en que organizan, con poco respaldo popular, una improvisada reunión de los llamados Comités de Defensa de la Revolución. El espionaje dirigido contra sus propios vecinos, es para ellos una suprema labor, máxime si la ejecutan en nombre de su Comandante en Jefe.
Se deleitan estos ridículos personajes, a la hora de insultar e incluso golpear a sus oponentes políticos, sobre todo, cuando éstos se reúnen en una humilde vivienda a analizar los problemas más urgentes del país, armados sólo de nobles ideas.
Son "valientes" estos viejos capataces de la ignominia si actúan respaldados por los agentes del orden, perdón, del desorden público, quienes gozan de la más absoluta impunidad para cometer fechorías en nombre de una ley que se inventaron y que ni ellos mismos cumplen, pero que les sirve para insultar, golpear, robar y asesinar si es preciso.
Y ¿qué decir de aquellos hombres viejos, que inmersos en la doble moral, a la vez que roban los recursos del Estado, en las empresas económicas socialistas, se muestran como fieles y honorables defensores de la "Revolución", a costa de la cual viven, sin sudar la camisa? ¡Fariseos!, les hubiese llamado Jesucristo, por su actuar hipócrita y reprobable.
El hombre viejo cubano es una plaga maldita que pretende controlar a la juventud, amordazarla, quitarle la posibilidad de conocer que existe un mundo mejor y posible, muy diferente al que nos vendieron los fracasados comunistas del siglo XX. Ese universo increíble, liberal, democrático, se lo niegan, para envenenarlos con una falsa y cuestionable ideología que es rechazada por la inmensa mayoría de la humanidad.
Por suerte, estos seniles y ambiciosos seres serán derrotados por el tiempo. Aunque un buen día se autoproclamaron ángeles, y se humillaron ante un frágil dios, vestido de verdeolivo, hoy, es notable su declive. No podrán luchar contra la naturaleza eternamente. Además, el pueblo ya no los soporta, por lo que con seguridad, serán colocados por las grandes masas que engañaron durante mucho tiempo, en el basurero de la historia.
Entre tanto, el hombre nuevo, no el que ellos idealizaron, sino el verdadero, el impetuoso, el imperfecto, el democrático, se encargará de colocarlos en el triste rincón del olvido, donde su repugnante aliento no alcance, ni lastime al trabajador, al disidente, al intelectual, al estudiante..., para que nunca más un pueblo entero sea utilizado, en un aborrecible experimento político.
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