Cuba actualidad, Marianao, La Habana, (PD) Por segundo año consecutivo, explota la venta de los exámenes de ingreso a la Universidad. La nota oficial habla de tres profesores de Pre-Universitario implicados en la sustracción y posterior venta del mismo entre los estudiantes interesados.
Me desempeñé como profesor de Facultad Obrera y Campesina, entre 1969 y mayo de 1977, en el Puerto Pesquero de La Habana. Nunca trabajé directamente para el MINED, dirigido entonces por dos militares, el comandante Belarmino Castilla Más primero, y el entonces capitán José Ramón Fernández, asesorado este último por su esposa, la pedagoga santiaguera Asela de los Santos.
Se le atribuía entonces la máxima prioridad a la formación del hombre nuevo. Sin embargo, se obligaba de hecho a los maestros a comprometerse a priori con el 100% de promoción y no se aceptaban excusas ni pretextos. Los maestros quedaban responsabilizados con los resultados finales de la evaluación.
Para conseguirlo y satisfacer la exigencia superior, los profesores recurrieron a diversos recursos. Uno de ellos fueron los repasos el día antes de las pruebas y las baterías de preguntas y respuestas, conocidas como guías de estudio, donde sin falta estaban incluidos los modelos de ejercicios que los alumnos encontrarían en sus pruebas oficiales.
Como esto a veces no era suficiente, los maestros recurrían a calificar los exámenes armados de gomas de borrar y lápices apropiados. No se les permitía a los alumnos el uso de bolígrafos. Claro, este era el último recurso.
Las pruebas se confeccionaban con sumo cuidado, distribuyéndose los puntos de manera que facilitasen como mínimo la obtención del aprobado.
En ningún caso se suponía que el maestro soplase, y muchísimo menos que aspirase a lucrar con las calificaciones. Mis referencias más cercanas, mi comadre María Elena Seibane, mis inolvidables amigas Sarita Rodrúez y Dulce María Cazañas Reyes, no me dejarían mentir al respecto. Entonces, para bien o para mal, el dinero contaba muy poco en aquella Cuba.
La obsesión promocionista nunca ha sido suficientemente explicada, pero contribuyó para la desmoralización del gremio, parte importante de la sociedad civil. Ya marchaba a todo tren la empobrecedora militarización de la Isla.
De entonces acá, han transitado varios ministros, empeñados todos en aplicar las ocurrencias del Alto Mando, desde los intrépidos maestros valientes hasta los integrales, sin que surgiese ni por casualidad el ansiado hombre nuevo. El último salió por el techo. Sin embargo, el Gallego Fernández persiste como hombre de confianza de Birán.
Para bien, ya no estamos en los escuálidos 70: ahora, el dinero cuenta. Los implicados no tuvieron ocasión de labrarse su eternidad a tiros. Luego de muchos años, se justifica que hayan perdido la paciencia con el paraíso prometido, más aún cuando el heredero ni siquiera se ocupa ya de ejercer esa retórica Además, apenas se mencionan ya las tropas territoriales, al parecer para fortalecer el ego profesional de los héroes de oficio.
Así que buena suerte viviendo, a estos colegas cogidos en falta, también la historia los absolverá.
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