Cuba actualidad, Santos Suárez, La Habana, (PD) La casi totalidad de los historiadores cubanos coinciden en que la forma de llevar la primera guerra por nuestra independencia en 1868 fue lo que originó su colapso.
El fracaso se debió a la desunión existente entre los líderes, los regionalismos, y el no querer acatar la opinión mayoritaria.
Tres palabras resaltan: indisciplina, imprudencia, e ignorancia. Tres desafortunadas palabras iniciadas con íes, que se perciben en todos los fracasos de cualquier cosa que se emprenda, ya sea un negocio, una investigación científica o el esfuerzo por una causa justa.
Suficientes relatos de indisciplina y de imprudencia se observan en las páginas de nuestra historia en esta guerra del 1868, pero quizás la más triste de estas tres íes fue la ignorancia. Esta es un lastre, porque se ignora lo que ocurrió en similares circunstancias en otros momentos, incluso a veces teniendo conocimiento se pasa por alto o se olvida, lo que deja a un lado la experiencia, vital para no caer en el mismo error.
Pero hubo un hombre capaz de arrasar con estas tres palabras a través de su lógica y equilibrado pensamiento: José Martí.
En un artículo en el periódico Patria titulado “Ciegos y Desleales”, Martí advertía que para poder entender la política hay que estudiar la historia, porque la experiencia de lo que sucedió evitaría que los mismos hechos volvieran a ocurrir.
Dos de sus pensamientos resumen toda su enseñanza; “Ser cultos para ser libres” y “ La ignorancia mata los pueblos”.
José Martí fue el alma de la independencia cubana. Tenía solo 15 años cuando estalló esta guerra del 68 y ya desde esa edad soñaba con una patria libre. Por sus ideas fue condenado a prisión a la edad de 16 años.
Desde su adolescencia y hasta la edad adulta, dedicó todo su tiempo y sus energías para llevar a cabo su sueño. Como San Pablo en el mundo antiguo, se dedicó a recorrer el extenso exilio cubano diseminado por América. México, Jamaica, Guatemala, Venezuela, Costa Rica, Sto. Domingo, EU, conocieron de sus afanes por unir a los cubanos. Es por eso el apelativo de Apóstol.
En sus discursos y escritos en periódicos de toda América, aunó voluntades y logró lo que nadie había podido hacer luego del fracaso del 68 en que los cubanos decepcionados, rendidos y desesperanzados emigraron hacia otros países en busca de lo que su nación no les ofrecía.
No solo hay que ver a Martí como el apóstol de la independencia de Cuba. Fue uno de los creadores del modernismo en la prosa, y fue periodista de varios diarios de renombre como La Nación, de Argentina, o The Sun, de Chicago.
A Martí hay que verlo como el hombre excepcional que fue. Cargó desde su primera juventud con sufrimientos, trabajos, enfermedades, privaciones y sobre todo calumnias de sus enemigos.
El último intento de organizar la independencia de Cuba desde un país latinoamericano fue en Venezuela. Primeramente fue en el México del dictador Porfirio Díaz, o la Guatemala del también dictador José Rufino Barrios. En Caracas chocó con otro dictador, Guzmán Blanco.
Con todo el cariño de Martí por lo que él llamaba Nuestra América solo un gobierno de esta región se pronunció oficialmente por la independencia de Cuba y solo un presidente apoyó a los cubanos moral y materialmente y ese fue Eloy Alfaro, presidente de Ecuador de 1895 a 1901.
Martí vivió 42 años. La mayor parte del tiempo en que estuvo desterrado fue precisamente en los Estados Unidos. Fue el único país donde pudo organizar la definitiva guerra de independencia y en el cual lo apoyaron los exilados, moral y materialmente con las expediciones con armas que se enviaban a los mambises distinguiéndose entre todos estos, los tabaqueros de Tampa y Key West.
Todo lo anterior son hechos, y con relación a los EU, otra realidad, por mucho que lo oculten con la famosa frase “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas”. Si en algún momento escribió contra determinados políticos y capitalistas feroces que como hoy solo piensan en sus beneficios, también escribió sobre las cosas positivas de esa nación. No hay que echar en saco roto que individuos de esta misma ralea cayeran sobre el Sur, al término de la Guerra de Secesión.
No se da mucho a la publicidad lo que escribió Martí en La Nación, de Buenos Aires, o en La Opinión Nacional, de Caracas, siendo corresponsal.
Un detallado estudio del prestigioso historiador Herminio Portel Vilá, “Martí en los EU” nos relata lo que redactó sobre Lincoln, Washington, la construcción del puente de Brooklyn. O aquella en que textualmente expresó: “En los EU respiro un aire de libertad que no existe en Europa y que tampoco he podido encontrar en América Latina”. O esta otra :“Al fin estoy en un país donde todo el mundo parece ser su propio amo, un arado o una locomotora son los únicos blasones de las familias norteamericanas”
¿Contradicciones de Martí? ¿O simplemente el derecho a pensar con libertad señalando lo negativo y aclamando lo positivo tal como lo pueda hacer hoy día cualquiera que tenga derechos a expresarse libremente y tenga dos dedos de frente?
Apologistas y detractores de la nación norteña se han servido de estos pensamientos, pero es evidente que en este mundo hispanoamericano moderno hay más detractores utilizando a Martí como carta de triunfo.
Que poco se conoce todavía de este cubano excepcional que con sus virtudes y defectos, como todo ser humano, dedicó su vida entera al amor por su patria.
Solo dos personas llegaron a comprender en toda su dimensión a José Martí, su amigo mexicano Manuel Mercado y el que sin tener esa profunda amistad llegó a calibrarlo, calificándolo como una personalidad excepcional y “un gran estadista sin nación: el secretario de la cancillería de Washington para los asuntos latinoamericanos Alvey A. Adee.
El pasado 24 de febrero se conmemoraron 120 años del inicio de la guerra de independencia cubana. Sirva este trabajo como tributo de recordación a aquella gesta y a aquel patriota sin par al que llamamos el Apóstol. Quiera la Providencia que esta vez aprendamos sobre lo que él enseñó, para que ahora enfrascados en una nueva lucha por la libertad, no volvamos a caer en los mismos desaciertos que incurrieron anteriores generaciones.
Para Cuba actualidad: glofran864@gmail.com
Monumentos a José Martí en Nueva York, Tampa, Méjico, Roma, Cádiz, Buenos Aires.
Para Cuba actualidad: glofran864@gmail.com
Monumentos a José Martí en Nueva York, Tampa, Méjico, Roma, Cádiz, Buenos Aires.