miércoles, 16 de noviembre de 2016

Cuba, la soleada isla de Irán


Contextos

Por Emanuele Ottolenghi 

Bandera de Cuba.
La Administración Obama cree que la influencia de Irán en América Latina está en declive. Eso significa que no considera que los aproximadamente 80 centros culturales  que ha abierto por toda América Central y del Sur sean una amenaza.
En Teherán no piensan lo mismo. Para ellos, estos centros son un vehículo para difundir su ideología revolucionaria en el patio trasero de EEUU. Los viajes oficiales, los acuerdos diplomáticos, las relaciones comerciales y el volumen de negocio con la región no se divulgan demasiado. Para los ayatolás son mucho más importantes los miles de conversos latinoamericanos que, gracias a la labor misionera de esos centros, acuden cada año en tropel a la Universidad Internacional Al Mustafá de Qom para recibir adoctrinamiento.
Cuba ha sido la última –y más inopinada– incorporación a la creciente red iraní de centros misioneros. En los últimos tres años, Irán ha abierto un centro cultural chií y una mezquita en La Habana que están reclutando y convirtiendo activamente a cubanos. Varios de esos conversos ya han viajado a Irán; entre ellos, uno que se está formando para ser el primer clérigo chií nacido en Cuba. Irán quiere mantener y ampliar esta operación, especialmente ahora que Cuba tiene relaciones con Estados Unidos.
Hasta ahora, Irán sólo se ha ganado a un puñado de gente. La comunidad chií de La Habana no supera hasta la fecha los setenta miembros. Pero mucho más importante que esa cifra es el mero hecho de que exista la comunidad: la Cuba comunista no es exactamente un paraíso de la libertad religiosa, y allí el proselitismo está prohibido. Sin embargo, Irán dice que abrió el centro chií en la isla con el pleno conocimiento y consentimiento de las autoridades cubanas. Puesto que no había ninguna comunidad chií antes de que empezara su actividad proselitista, Irán no pudo abrirse camino con la excusa de prestar servicios a los musulmanes. Irán llegó para hacer proselitismo y el régimen de Castro lo consintió.
La importancia que Irán da a Cuba explica sus visitas de alto nivel en los últimos meses: el ministro de Exteriores, Mohamed Javad Zarif, viajó allí en agosto, y el presidente, Hasán Ruhaní, en septiembre.
El responsable de guiar a la pequeña comunidad chií de la isla es el chií de origen argentino Edgardo Rubén Soheil Asad. Según Joseph Humire, experto en las actividades de Irán en América Latina, se supone que Asad es el “embajador informal” de Irán para toda la región.
En una comparecencia ante el Congreso de EEUU en febrero de 2015, Humire describió a Asad como el principal “agente de influencia” de Irán en América Latina y como “discípulo” de Mohsen Rabani, clérigo chií iraní implicado en el ataque terrorista contra la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) de Buenos Aires, en julio de 1994, en el que murieron 85 personas.
Rabani, que por aquel entonces trabajaba de agregado cultural en la embajada argentina de Irán, se había mudado inicialmente a Argentina en 1983 para servir de clérigo a la comunidad chií local. Comenzó la misión proselitista para Irán en América Latina cuando se encontraba en Buenos Aires, reclutando a personas que hoy están profundamente involucradas en el despliegue misionero de Teherán en la región.
Hoy, Rabani ya no puede viajar, por la orden de captura cursada contra él por Interpol a causa de su participación en el atentado de 1994. Pero sigue moviendo los hilos desde Qom, donde trabaja como representante del líder supremo de Irán para América Latina y como profesor en la Al Mustafá. Asad sigue sus órdenes: cuando no está en América Latina para sus viajes misioneros, forma a estudiantes latinoamericanos en la Al Mustafá, probablemente siguiendo directrices de Rabani. 
Clérigos jóvenes y mayores comparten la visión de que América Latina es un terreno fértil para la penetración del mensaje revolucionario de Irán. Y el régimen les da plena cobertura política y recursos económicos para el cumplimiento de esa misión.
Irán presume abiertamente de su trabajo misionero en Cuba. En febrero de 2014, Hispan TV, el canal iraní en lengua española para América Latina, produjo una pieza de vídeo sobre un grupo de latinoamericanos conversos que visitaban Irán, bajo los auspicios de un instituto cultural dirigido por Rabani, a fin de conmemorar el aniversario de la revolución iraní. Uno de ellos era cubano.
En mayo de este año, la televisión estatal iraní emitió un documental sobre la vida y la obra misionera de Asad. El documental, de 45 minutos, revelaba la existencia de un centro chií en La Habana y mostraba a Asad en la ciudad y con sus estudiantes cubanos en Qom. Hispan TV también está emitiendo una serie documental sobre Asad y su actividad en América Latina. Dos capítulos están dedicados a Cuba.
En agosto, Asad volvió a aparecer en la televisión estatal, en una entrevista de 40 minutos donde habló largo y tendido de las dificultades de difundir el islam en Cuba.
Los conversos cubanos entrevistados por Hispan TV se muestran cautelosos respecto a los objetivos del centro. Están pisando un terreno peligroso, pues han de lidiar con los espías cubanos y a la vez seguir las órdenes de Teherán. Asad abordó este problema al admitir que las autoridades cubanas le habían negado recientemente la entrada, cuando su último viaje coincidió con la breve visita del presidente Obama a Cuba en marzo.
Asad y el presentador del programa dijeron a continuación que es posible que le negaran la entrada a instancias de Washington, con la connivencia de La Habana. Pero es poco probable: los centros islámicos financiados por Irán proliferan en toda la región, sin ningún obstáculo de las autoridades y sin apenas una palabra de inquietud por parte del Departamento de Estado.
Es un error. Los conversos de Irán son tan radicales en su visión del islam y su odio hacia Occidente como los radicalizados por extremistas suníes como Al Qaeda o el Estado Islámico en Irak y Siria (ISIS). Teherán los ve como la vanguardia de la revolución islámica en el propio patio trasero de EEUU.

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