miércoles, 4 de mayo de 2016

Los yanquis invaden La Habana Vieja


Animoso fue el recibimiento por parte de los nacionales 

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LA HABANA, Cuba.- A las 9:30 de la mañana aproximadamente hizo su entrada a la bahía habanera el crucero Adonia, de la compañía naviera Carnival. Una multitud de cubanos se aglomeró en la Plaza de San Francisco de Asís, frente a la Aduana, para esperar a los 700 pasajeros, entre los cuales viajaban 12 cubanos nacidos en los Estados Unidos.
Animoso fue el recibimiento por parte de los nacionales, quienes ofrecieron una cálida bienvenida a los viajeros y tomaron por asalto la avenida cuando vieron aparecer a Tony Dandrades, conductor del canal Univisión. Pero especialmente emotiva resultó la llegada de varias mujeres cubanoamericanas que visitaban la Isla por primera vez en más de cuarenta años, deseosas de conocer la tierra en que nacieron sus padres.
Experiencias largamente postergadas y un encuentro que marca el nuevo amanecer para dos pueblos, transformaron el acontecer cotidiano en la conocida —y hoy más simbólica que nunca— “Plaza de las palomas”.
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Sin ganas de enderezar la historia


La maquinaria del poder puede dormir tranquila. El VII Congreso de historiadores ha reafirmado la confrontación con el “enemigo”

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Roberto Pérez Rivero, Presidente de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC), inaugura el XXII Congreso Nacional de Historia (foto: eichikawa.blogspot.com)
Roberto Pérez Rivero, Presidente de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC), inaugura el XXII Congreso Nacional de Historia (foto: eichikawa.blogspot.com)
LA HABANA, Cuba.- En la sesión de apertura del recién finalizado XXII Congreso de la Unión de Historiadores de Cuba, celebrado en la ciudad de Holguín, el presidente de la organización, Roberto Pérez Rivero, insistió en “fortalecer los conocimientos sobre la historia nacional con el propósito de enfrentar la subversión política y todas las formas de guerra cultural que se nos hace”.
En efecto, cuando el presidente Barack Obama llama a olvidar la historia como una forma de cicatrizar las heridas del pasado e iniciar una nueva relación, las autoridades cubanas retoman la historia para mantener vivo el diferendo con Estados Unidos.
El evento sesionó en cuatro comisiones. Una trató sobre las civilizaciones aborígenes en Cuba y América Latina, otra acerca de los movimientos de liberación nacional en Latinoamérica durante el siglo XIX, y las dos últimas abordaron la relación entre Cuba y Estados Unidos, así como la figura histórica de Fidel Castro.
Por supuesto, la comisión que analizó los vínculos de Cuba con su vecino del norte no ponderó los lazos de amistad que unieron a nuestros pueblos, representados por la sangre norteamericana vertida en nuestros campos de batalla contra el colonialismo español. Los asistentes al Congreso prefirieron enfocar los debates en las “agresiones del imperialismo yanqui” contra la nación cubana.
La clausura de este XXII Congreso tuvo lugar en la localidad de Birán, donde se localiza la finca en que nacieron los hermanos Castro. Allí se emitió una declaración que llama a evitar la “fractura intergeneracional” entre los componentes de la sociedad cubana. Es decir, impedir que las nuevas generaciones adopten un punto de vista diferente a la gerontocracia que hoy detenta el poder.
Para lograr semejante propósito los gobernantes de la isla cuentan con un mecanismo ideal: la enseñanza de la historia a las nuevas generaciones. Y, claro está, no será un recuento más o menos objetivo del devenir histórico. Estaremos en presencia de una interpretación del pasado de acuerdo con los intereses de un presente parcializado. Esa manera de enseñar la historia fue también exaltada por los presentes en la finca de Birán.
Comoquiera que la enseñanza va a continuar siendo coto exclusivo de los dirigentes cubanos, tal y como lo confirmó una reciente reunión de educadores con vistas a preparar el curso escolar 2016-2017, la maquinaria del poder puede dormir tranquila. No habrá otra visión de la historia que se les trasmita a los niños y jóvenes.
A propósito, esa imposibilidad de que los padres cubanos escojan el tipo de educación que desean para sus hijos resulta terrible para muchos. Un vecino de mi edificio lo resume de esta manera: “Óigame, no es fácil que uno sea contrario a este sistema político, y tener que aguantar que los hijos lleguen a la casa repitiendo una frasecita que les enseñaron en la escuela: ¡Pioneros por el comunismo, seremos como el Che!”…

ACERCA DEL AUTOR

Orlando Freire Santana

Orlando Freire Santana

Orlando Freire. Matanzas, 1959. Licenciado en Economía. Ha publicado el libro de ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2005, y la novela La sangre de la libertad, Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, 2008. También ganó los premios de Ensayo y Cuento de la revista El Disidente Universal, y el Premio de Ensayo de la revista Palabra Nueva.

En Cuba ya no se corre rápido


Conversamos con el exatleta Osvaldo Lara, estrella de los cien metros planos

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Osvaldo Lara (Foto: León Padrón)
Osvaldo Lara (Foto: León Padrón)
LA HABANA, Cuba.- Resulta asombroso que ochenta y ocho años después de que Pepe Barrientos hermanara el record mundial de 10,2 segundos en la carrera de los cien metros planos, Cuba no tenga un solo velocista capaz de lograr algo parecido.
Aquella hazaña de Pepe no fue obra de la casualidad, pues entre la década del 20 y el 50 del pasado siglo, la llama de lo que muchos llaman “la prueba reina del campo y pista” se mantuvo ardiendo bajo las grandes actuaciones de figuras como José A. Torriente, Jacinto Ortiz, Rafael Fortún y Raúl Mazorra, a los que siguieron los célebres Enrique Figuerola, Hermes Ramírez, Pablo Montes, José Triana, Silvio Leonard, Osvaldo Lara, Leandro Peñalver y Andrés Simón, entre otros.
En la década de los años 60 y 70 los velocistas cubanos lograron resultados de primer nivel. Hubo cubanos en las finales de los juegos olímpicos de Roma (1960), Tokio (1964) y Ciudad de México (1968). Luego, entre 1980 y 1988, según datos oficiales, se lograron diez de las mejores marcas del mundo y 35 registros entre los cien primeros.
Sin embargo, de ahí en adelante el declive de los corredores cubanos no ha cesado hasta hoy. Para muchos es llamativo que esta prueba del atletismo –que siempre ha gozado, junto a la carrera de los 110 m con vallas, de una tremenda tradición en Cuba– esté sumida desde 1986 en una crisis que parece no tener para cuando acabar.
Para conocer las posibles razones de este descalabro en esta rama del atletismo, CubaNet conversó con Osvaldo Lara Cañizares, uno de los buenos velocistas que dio Cuba en la década de 1980. Nacido el 13 de julio de 1955, en La Habana, es considerado en su época el poseedor de la mejor arrancada en la prueba de los cien metros planos, aunque también corría los doscientos.
Este velocista comenzó a competir en 1977 manteniéndose en la élite de esta disciplina hasta que dijo adiós al deporte activo en 1986. Durante su carrera, representó a Cuba en Juegos Centroamericanos, Panamericanos, Olímpicos y otros circuitos, obteniendo notables resultados. Su mejor marca, de 10.11 en los Juegos Centroamericanos de Medellín en 1978, aparece entre las siete mejores de todos los tiempos en el país.
Luego de su retiro del atletismo activo, comenzó a trabajar como entrenador en varios combinados deportivos de la capital, incluyendo la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA). En 1995 cumplió misión como instructor en Perú, y más tarde en Venezuela, en 2002, trasmitiendo sus experiencias y enseñanzas a un grupo de jóvenes atletas de esos países.
Pero como otros, actualmente Lara se siente abandonado y olvidado por las autoridades deportivas cubanas, que algún día le exigieron sacrificios y se aprovecharon de su gloria.
¿Cuáles son los principales problemas que afrontan los velocistas en Cuba?
Más allá de los grandes problemas de todo tipo que sufren las familias en la Isla, la mayoría de las captaciones de aquellos atletas con aptitudes físicas para la velocidad, técnicamente presentan muchas dificultades. Pocos poseen espíritu de sacrificio, a lo que se añade la falta de concentración tan necesaria en esta prueba. Es por eso que a veces percibimos corredores que a los 18 o 19 años paran los relojes en 10, 25 segundos, pero al no trabajar en los detalles técnicos llegan a los 25 años con los mismos cronos.
¿Qué tendría que hacerse entonces para rescatar la velocidad en Cuba?
Hay que hacer demasiadas cosas. Por una parte los recursos que asigna el INDER para este deporte son irrisorios. Tenemos que ir al pasado y convocar y estimular a los deportistas y a los buenos entrenadores cubanos que ahora mismo brindan servicio en otras latitudes. Además debemos conectarnos con la tecnología mundial para dar tratamiento a la preparación de la fuerza para el área de las carreras de velocidad, y dar atención a las instalaciones deportivas de atletismo.
Vaya a ver el estado calamitoso en que se encuentra el Estadio Olímpico al este de la capital. Y ni qué decir del Pedro Marrero. Esto, sin mencionar los terrenos de la ESPA y otros combinados deportivos que son verdaderos potreros. Así, no puede existir rendimiento en la velocidad cubana, pero si no se hace algo inmediatamente, también
¿Qué opinas del hecho de no haber participado en las Olimpíadas de Los Ángeles en 1984?
A pesar de ganar el oro en los Juegos de la Amistad de Moscú, en 1984, sentí la frustración más grande de toda mi carrera deportiva. Durante cuatro años me había preparado como nunca antes con mucha disciplina y tesón, y estaba en el pináculo de mi vida deportiva. Todos saben que en los juegos Olímpicos de Los Ángeles la gran estrella fue el velocista y saltador estadounidense Carl Lewis quien cumplió su objetivo de ganar cuatro medallas de oro –entre ellas los cien metros con marca de 9.99 segundos– e igualar la hazaña del mítico Jesse Owens en los Juegos de Berlín 1936.
Sin embargo, de no haber existido aquel maldito boicot, yo hubiera ganado la medalla de plata, ya que mi tiempo en Moscú (10,17 segundos) fue mejor que el de Sam Graddy, de EE.UU. (10,19 segundos), ganador de la plata, y que el de Ben Johnson (10,22 segundos), ganador del broce.
leonpadron16@gmail.com
@leonlibredecuba
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ACERCA DEL AUTOR

León Padrón Azcuy

León Padrón Azcuy

León Padrón Azcuy. Pinar del Río, 1958. Curso hasta el 3er. año de la carrera Ingeniería Química de los Alimentos. Se incorporo a la oposición democrática en 1995. En julio del 2002 fundo el Movimiento Liberal Cubano, y en mayo de 2007 el Partido Liberal Nacional Cubano. Fue presidente de ambas organizaciones, y ese año comenzó a trabajar como periodista independiente.

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