Un día como hoy, Mayo 13 , en nuestra lucha contra el castrismo.
Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.
Comparta estas efemérides. Gracias.
PROHIBIDO OLVIDAR.
1960
El periódico Prensa Libre, publica un editorial firmado por el Dr. Humberto Medrano titulado “Los Enterradores”, en el que denunciaba las prácticas gubernamentales que tendían a eliminar la libertad de expresión en el país.
1962
El barco Susan Ann operado por comandos anticastristas sostiene un enfrentamiento con el barco patrullero SV-28 del régimen, causándole tres bajas y cinco heridos a la tripulación y daños considerables a la embarcación.
1963
Adela Fábregas Mayea, esposa de uno de los guerrilleros que combatían al régimen en el Escambray, muere cuando las tropas castristas ametrallan su casa en la finca Guanal de Sancti Spiritus, Las Villas. Dejó un hijo de ocho meses.
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Israel Rodríguez es fusilado en Cárdenas, provincia de Matanzas.
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El campesino Francisco P. González alzado en armas contra el régimen castrista en el Escambray muere en combate. Su cadáver fue exhibido en el parque de Trinidad, Las Villas.
1964
1964
Juan Rodríguez alzado en una de las guerrillas que operaban en el Escambray es fusilado en el Condado, Trinidad, Las Villas.
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Un comando del Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) ataca el puerto de Pilón en la provincia de Oriente.
1967
El opositor Antonio Hernández es asesinado en Sagua la Grande.LV.
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Raúl Jiménez Bouza es fusilado en La Cabaña.
1991
Crean en la ciudad de Miami, Fl. la organización humanitaria "Hermanos al Rescate" presidida por el miembro de la Brigada 2506 José Basulto cuyo fin sería detectar balseros cubanos en el Estrecho de la Florida, suministrarle ayuda e informar su posición a los guardacostas norteamericanos para que procedieran a rescatarlos. Durante sus vuelos salvaron la vida de miles, hasta que dos de sus aviones fueron derribados por los cazas cubanos el 24 de febrero de 1996. ¡GLORIA ETERNA A SU LEGADO!
La democracia muere en la oscuridad
The Washington Post Por Samantha Schmidt | 5 de mayo de 2026
Las *influencers* cubanas que son madres comparten una visión inusual de las dificultades bajo el embargo de combustible de EE. UU.
Un grupo cada vez más numeroso está utilizando Instagram y TikTok para compartir una cobertura sin censura de la asediada isla.
Amaneció otro día sin electricidad y sin señal telefónica, pero a Ana aún le quedaba cerca del 15 por ciento de batería en el teléfono desde la noche anterior. En camisón y con las cortinas aún cerradas, se levantó de la cama y comenzó a grabar.
La joven madre cubana grabó un video mientras tomaba su café. Lo había preparado la noche anterior y lo guardó en un termo para no tener que encender su cocina de carbón y leña a primera hora de la mañana. Grabó —en clips de cinco segundos, para ahorrar batería— mientras barría el suelo de baldosas de su modesta cocina, en su pequeño pueblo.
«Vivo en Cuba, y así comenzó mi mañana», dijo Ana. «Sin electricidad, pero con entusiasmo». Más tarde editaría el video y lo publicaría en su cuenta de Instagram una vez que regresara la electricidad, horas después. Ana habló bajo la condición de que se omitiera su apellido, por temor a represalias.
El embargo efectivo de combustible a Cuba, impuesto por el presidente Donald Trump, ha sumido a la isla en su peor crisis en décadas. Los cubanos sufren cortes de electricidad recurrentes en medio de una escasez de combustible que ha paralizado el transporte, suspendido la recolección de basura y obligado a los hospitales a racionar la atención médica.
Sin embargo, bajo un gobierno comunista que controla estrictamente el acceso de los medios internacionales al país, solo un puñado de periodistas ha logrado mostrar las realidades de la vida sobre el terreno. Las restricciones en los datos móviles y en algunas plataformas de redes sociales se suman a los desafíos de publicar en línea desde esta isla de 10 millones de habitantes.
Ana forma parte de un grupo creciente de mujeres en Instagram y TikTok que están superando todas estas barreras, utilizando VPN y la ayuda de contactos en el extranjero para ofrecer una ventana inusual y sin censura a la vida cotidiana en Cuba. Evitan hablar de política o culpar a alguien por los apagones. Pero al hablar —relativamente— con libertad ante miles o decenas de miles de seguidores, están demostrando el poder de los cubanos como individuos para llegar al mundo exterior desde una isla que, hasta hace pocos años, permanecía aislada de él.
Una madre muestra cómo cocina un guiso de papas en un fogón de carbón durante los fines de semana, cuando la electricidad llega por un total de solo tres horas y «los días son oscuros, con mucho humo». Una peluquera realiza un tratamiento de coloración *balayage* durante un apagón, con su sillón de salón situado en plena calle, lavando y reutilizando papel de aluminio porque resulta muy difícil de conseguir en la isla. Mileydi Barrionuevo enseña a sus seguidores cómo utilizar carbón para limpiar y pulir las ollas que quedaron «tan negras como el corazón de tu ex» tras el último colapso de la red eléctrica nacional.
Muchas de estas mujeres se convirtieron en creadoras de contenido apenas en los últimos meses, en el contexto de la crisis energética que atraviesa la isla. Rachely Carmenates, una médica de 24 años, comenzó a principios de marzo con un video en el que mostraba cómo se preparaba para cubrir una guardia de 24 horas tras haber pasado 30 horas en casa sin electricidad. El video ha sido reproducido más de 2 millones de veces; la joven médica residente cuenta ya con más de 71.000 seguidores.
Si bien resulta difícil monetizar las cuentas de redes sociales en Cuba, ella ha recibido donaciones de sus seguidores, las cuales —según afirma— destina a los bebés que atiende en su trabajo. El atractivo de sus videos, explica Carmenates, reside precisamente en su normalidad. En lugar de promocionar marcas y un estilo de vida estéticamente idealizado —como hacen otros *influencers*—, ella muestra los desafíos cotidianos que enfrenta la mujer cubana promedio. En una ocasión, recibió críticas por utilizar una base de maquillaje de la marca MAC en uno de sus videos. Una seguidora le preguntó cómo, si estaba pasando por dificultades económicas, podía permitirse adquirir maquillaje de lujo. La base —aclaró Carmenates— era, a todas luces, una imitación comprada en Cuba.
A medida que crece su número de seguidores, señala Carmenates, comprende la necesidad de ser cautelosa con lo que dice y la forma en que lo expresa. Sin embargo, Carmenates no desea edulcorar sus dificultades.
«Nadie puede penalizarme por mostrar mi día a día», afirmó. «Decir que pasé 30 horas sin electricidad no es una mentira; es la realidad que estoy viviendo. Decir que gano 20 dólares al mes —lo cual no alcanza para nada— no es una mentira».
Cuba constituye una de las últimas fronteras del mundo en lo que respecta al acceso a las redes sociales. Tras años en los que el acceso a internet estuvo limitado, en su mayor parte, a la élite gubernamental y a profesionales previamente autorizados, entre 2018 y 2019 Cuba comenzó a implementar un servicio de telefonía móvil 3G. Este acceso a las redes sociales desempeñó un papel fundamental, en 2021, en la difusión de las mayores protestas antigubernamentales registradas en Cuba en décadas.
En los años transcurridos desde aquellas protestas, los cubanos de a pie han pasado de ser meros consumidores de contenido a convertirse en creadores, afirmó Norges Rodríguez, de YucaByte, un sitio web con sede en Miami dedicado a la actualidad cubana. Ahora, a varios meses de estar inmersos en su peor crisis desde que el colapso de la Unión Soviética privó a La Habana de su benefactor más importante, los cubanos lidian con una «fatiga acumulada, la falta de posibilidades para emigrar y la esperanza de que algo pueda sucederle» al gobierno.
Este año, el gobierno detuvo a dos jóvenes que habían creado un popular canal de YouTube llamado *El4tico* —que significa «la pequeña habitación»—, en el cual criticaban abiertamente al gobierno.
Las mujeres que publican *reels* sobre su vida cotidiana no parecen tener una agenda política explícita.
«Puede que eso no importe tanto», señaló Ted Henken, profesor de sociología y antropología en el Baruch College de Nueva York y observador atento de la realidad cubana. «Si se muestran sin filtros y exponen la realidad tal cual es, el asunto puede volverse político con suma facilidad. Basta con que se pongan frente a la cámara y pregunten: "¿Quién tiene la culpa?"».
Ana creció en el poblado oriental de Birán —lugar de nacimiento de Fidel y Raúl Castro—, donde su padre se dedicaba al cultivo de hortalizas. Era apenas una adolescente cuando los cubanos comenzaron a tener un mejor acceso a internet a través de sus teléfonos móviles. No fue sino hasta hace aproximadamente un año que, con la ayuda de algunos amigos, logró comprar un teléfono chino Xiaomi Redmi para acceder a sus cuentas en las redes sociales.
Estudió enfermería, pero llegó a la conclusión de que ejercer esa profesión carecía de sentido, ya que los salarios de los profesionales de la salud en Cuba son, sencillamente, demasiado bajos para llegar a fin de mes. Tras el nacimiento de su hijo, comenzó a buscar nuevas formas de generar ingresos. Fue así como descubrió a *La Flor Cubana*, una *influencer* cubana que afirmaba haber generado un millón de dólares en ventas a través de TikTok.
Ana comenzó a publicar videos en Instagram el año pasado. Intentó promocionar algunos productos —suplementos y bolsos—, pero el costo de pagar el envío de dichos productos (que recibía de forma gratuita) hasta Cuba resultaba excesivo para su economía. Ha logrado ganar algo de dinero en Facebook y, recientemente, utilizó una red privada virtual (VPN) para crearse una cuenta en TikTok, plataforma en la que espera poder generar ingresos con mayor facilidad. «También es una forma de alzar la voz y mostrar nuestra realidad, porque aquí, bueno, la realidad es un poco difícil, y no siempre se pueden expresar las cosas tal como son», dijo por teléfono durante un breve lapso de conectividad. Publicar videos, comentó, le permite desahogarse junto a otras madres cubanas resolutivas que a menudo se ven obligadas a encontrar soluciones creativas a los desafíos cotidianos de la vida sin electricidad ni combustible.
En uno de sus videos, Ana muestra a sus seguidores cómo aprovechó el momento en que «la culpable, mi amiga, la corriente» regresó a su hogar. Había vuelto la luz y no podía desperdiciar ni un minuto.
«Lavé, organicé, hice todo a la vez», relató. «Porque aquí no puedes esperar a que las cosas sean perfectas para salir adelante».
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Samantha Schmidt es la jefa de la corresponsalía de The Washington Post en la Ciudad de México, donde cubre México y Centroamérica. Síguela en X: @schmidtsam7