lunes, 27 de abril de 2026

LEONARDO PADURA: EL ROSTRO DE UNA HERIDA INVISIBLE.

LEONARDO PADURA: EL ROSTRO DE UNA HERIDA INVISIBLE.
Por Faisel Iglesias
En la superficie del debate cultural cubano, nombres concretos —como el de Leonardo Padura— aparecen y desaparecen como si fueran el centro del conflicto. Pero no lo son. Son, en el mejor de los casos, figuras de condensación, puntos donde se hace visible una tensión mucho más profunda: la imposibilidad de articular, dentro de un mismo espacio nacional, una ética compartida de la palabra.
El fenómeno no es nuevo, aunque hoy lo encarnen dos puntos de vistas opuestos: Ana Rosa Díaz Vs. Dulce María Sotolongo, que en la Cuba contemporánea adquiere una intensidad particular. El escritor, lejos de ser un mero productor de ficciones, es investido de una responsabilidad que rebasa la literatura: se le exige ser testigo, juez, acusador o redentor. Se le pide, en suma, que encarne una función que en sociedades institucionalmente equilibradas corresponde a un sistema complejo de poderes y contrapesos.
Pero cuando ese sistema no existe —o ha sido absorbido por una estructura monolítica— el escritor queda expuesto a una exigencia imposible: decirlo todo sin pagar el precio de decirlo o, por el contrario, pagar el precio total de una palabra absoluta.
La palabra sitiada
En los sistemas abiertos, la palabra circula. Puede ser refutada, ampliada, deformada o incluso olvidada. Pero rara vez es decisiva en términos existenciales. En cambio, en los sistemas cerrados, la palabra se convierte en un acto de riesgo.
No se trata únicamente de censura, sino de algo más sutil y más devastador: la internalización del límite. El escritor aprende a bordear, a insinuar, a construir un lenguaje donde el silencio es tan significativo como la afirmación. Surge entonces una literatura de la penumbra, una escritura que no dice frontalmente, pero tampoco calla del todo.
En ese espacio ambiguo habita buena parte de la obra de Leonardo Padura. Y es precisamente esa ambigüedad la que genera rechazo en quienes consideran que, frente a la tragedia, solo cabe la claridad moral absoluta.
Pero la exigencia de claridad absoluta, aun siendo legítima en su raíz ética, puede desconocer una realidad fundamental: no todos hablan desde el mismo lugar ni bajo las mismas condiciones de posibilidad.
Dos éticas en conflicto
El desgarramiento del campo intelectual cubano puede comprenderse como el enfrentamiento entre dos concepciones del deber del intelectual.
Por un lado, la ética de la denuncia, que exige nombrar el poder sin matices, sin metáforas, sin mediaciones. Esta ética se alimenta de una tradición moral que encuentra en José Martí una de sus expresiones más altas: la palabra como acto de responsabilidad histórica, como compromiso sin concesiones con la verdad y la justicia.
Por otro lado, la ética de la mediación, que entiende la palabra como un instrumento que debe sobrevivir dentro de las condiciones reales en las que se produce. Esta ética no renuncia necesariamente a la crítica, pero la modula, la codifica, la inscribe en un lenguaje que puede ser leído de múltiples formas.
El conflicto entre ambas no es, en esencia, un conflicto entre verdad y mentira, sino entre formas distintas de relacionarse con el poder y con el riesgo.
La tentación del origen: una explicación insuficiente
Ante la virulencia de esta fractura, surge la tentación de buscar su origen en la historia profunda: en la herencia española, en la experiencia africana, en la influencia de ideologías modernas. Se construye así una narrativa donde la división aparece como un rasgo constitutivo de la cubanía.
Sin embargo, esta explicación, aunque seductora, resulta insuficiente. Las culturas no operan como destinos inexorables. España produjo tanto el absolutismo como el liberalismo; África tanto estructuras tribales como formas complejas de organización política; la modernidad europea tanto la democracia como el totalitarismo.
Reducir el conflicto cubano a una esencia cultural es, en última instancia, renunciar a comprender su carácter histórico concreto.
V. La estructura como destino inmediato
La raíz del problema no está en la cultura entendida como herencia, sino en la estructura del poder. Allí donde el Estado monopoliza los espacios de expresión, donde la legalidad se confunde con la voluntad política y donde la sociedad civil carece de autonomía efectiva, el conflicto deja de ser un desacuerdo y se convierte en una disyuntiva existencial.
En ese contexto, la palabra no es simplemente una opinión; es una posición dentro de un campo de fuerzas. Y cada posición implica costos, riesgos y consecuencias diferentes.
El intelectual que permanece dentro del sistema desarrolla estrategias de supervivencia discursiva. El que se sitúa fuera tiende a radicalizar su lenguaje, no solo por convicción, sino también por la libertad que le otorga la distancia.
Ambos responden a lógicas distintas. Pero cuando se enfrentan, tienden a desconocerse mutuamente, a deslegitimarse, a negarse el derecho a existir como interlocutores válidos.
La memoria de la división
La historia cubana ofrece episodios donde la unidad fue más aspiración que realidad. Las tensiones entre líderes independentistas, las fracturas durante la Guerra de los Diez Años, los conflictos de la República, son parte de una memoria donde la nación se construye en medio de desacuerdos profundos.
Figuras como Máximo Gómez y Antonio Maceo encarnaron momentos de tensión que, lejos de destruir la causa, la obligaron a definirse con mayor claridad, en otras, propiciaron la muerte del proyecto libertario que encarnaba José Marti.
Pero hay una diferencia esencial entre aquellas divisiones y las actuales: en el pasado existía un horizonte compartido de construcción nacional. Hoy, ese horizonte aparece fragmentado, disputado, en ocasiones irreconciliable.
El lenguaje y sus límites
La literatura, por su naturaleza, no está obligada a la claridad política. Su territorio es el de la ambigüedad, la complejidad, la contradicción. Pretender que el novelista funcione como un activista es desconocer la especificidad de su lenguaje.
Sin embargo, en contextos de crisis extrema, la sociedad tiende a exigir de todos sus actores una definición política clara. El resultado es una tensión permanente entre lo que la literatura puede ofrecer y lo que la política demanda.
De ahí surge una frustración mutua: la política percibe la literatura como evasiva; la literatura percibe la política como reductiva.
El odio como categoría política
Más allá de las posiciones específicas, hay un fenómeno que atraviesa el debate: la transformación del desacuerdo en descalificación moral. El otro no es simplemente alguien que piensa distinto; es alguien que traiciona, que miente, que colabora.
Este proceso no es exclusivo de Cuba, pero en el caso cubano se ve intensificado por décadas de polarización estructural. El resultado es la erosión del espacio común, la imposibilidad de reconocer en el otro a un interlocutor legítimo.
El odio, en este sentido, no es solo una emoción; es una forma de organización del discurso político. Y como tal, tiene consecuencias devastadoras: fragmenta, paraliza, impide la construcción de proyectos colectivos.
La lección martiana
Frente a esta fragmentación, la figura de José Martí adquiere una relevancia singular. Martí no niega el conflicto, pero lo integra dentro de una visión más amplia donde la nación es, ante todo, un proyecto ético.
Su pensamiento no se basa en la eliminación del adversario, sino en la construcción de una comunidad donde la diferencia no destruya la posibilidad de lo común. En Martí, la política no es guerra permanente, sino esfuerzo por armonizar intereses, visiones y destinos.
Conclusión: más allá de los nombres
El debate en torno a Padura, como tantos otros, es apenas un episodio en una crisis más profunda: la dificultad de la sociedad cubana para articular un espacio donde la palabra no sea un arma definitiva, sino un instrumento de construcción.
La nación no puede sostenerse sobre la unanimidad forzada ni sobre la fragmentación absoluta. Entre ambas, existe un territorio difícil, frágil, pero imprescindible: el del reconocimiento mutuo.
Quizás la verdadera tarea no sea decidir quién tiene razón en cada polémica, sino reconstruir las condiciones para que la razón pueda ser compartida sin convertirse en condena.
Porque, al final, una nación no se define por la ausencia de conflicto, sino por su capacidad para vivir dentro de él sin destruirse a sí misma.

domingo, 26 de abril de 2026

Un día como hoy, abril 26, en nuestra lucha contra el castrismo.

 Un día como hoy, abril 26, en nuestra lucha contra el castrismo.

Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.

Comparta estas efemérides. Gracias.

PROHIBIDO OLVIDAR.

1961

El preso político Miguel Calderón Espín es asesinado por la guarnición en la prisión Kilo 7 de Camagüey.

1962

Miembros del clandestinaje provocan un incendio en la obra que se estaba construyendo para instalar el Banco Nacional de Cuba en la ciudad de La Habana.

1963

 Andrés Delgado es fusilado en El Condado, LV.

1988

 Luís Andino es fusilado en Cienfuegos, Las Villas.

1991

El preso político Miguel Calderón Espín es asesinado en la prisión Kilo 7 de Camagüey.

2001

Detienen en un intento de infiltración al norte de Las Villas a los residentes de la Florida, Máximo Pradera Valdés (murió en prisión), Iosvanis Suris de la Torre y Santiago Padrón Quintero miembros de las organizaciones "Comandos F-4 y Alpha 66".

2014

Los cubanos residentes de Miami, Raibel Pacheco Santos, Obdulio Rodríguez González, Félix Monzón Alvarez y José Ortega Amador son arrestados en Cuba bajo cargos de atacar instalaciones militares.

[Fuente: El Miami Herald 5/7/2014]

image.jpeg

&&&&&&&&&&&&&&

Pensamientos de José Martí 01 (117).jpg

&&&&&&&&&&&&&&

Sobre la guerra civil en Cuba tras la llegada de Fidel Castro al poder

Arnaldo M. Fernández

El 12 de junio de 1964, el capitán Floro Camacho fue capturado por las milicias de Castro en la cueva natural El Jagüey, entre Yaguajay (Las Villas) y Florencia (Camagüey), casi muerto de hambre y sed. De este modo finalizó un combate que duró cuatro días y marcó el inicio de la debacle de la agrupación guerrillera anticastrista Frente Norte Camagüey-Las Villas.

El combate

El martes 9 comenzaron los enfrentamientos de alzados contrarrevolucionarios al mando de los capitanes Camacho y Frías [Everardo Díaz] contra las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR) y las tropas de los sectores B (Yaguajay) y E (Camagüey) de la Sección de Lucha Contra Bandidos (LCB) del Ejército del Centro, que como resaca de la primera Limpia del Escambray (1960-61) se había oficializado el 3 de julio de 1962 por el comandante Juan Almeida.

Al día siguiente cayeron el capitán Frías y otros guerrilleros, pero algunos lograron romper el cerco y refugiarse en El Jagüey, donde capearon el temporal de bazucazos y granadas de mano. La unidad LCB procedió a minar la cueva natural —último reducto— con más de 150 libras de explosivos. Mal heridos y casi sin municiones, los guerrilleros fueron entregándose, a excepción del capitán Floro, quien terminaría siendo fusilado el 28 de junio junto con su hermano José.

Agonía

El despliegue contra aquel frente copó también a las fuerzas comandadas por Mario Bravo en Blanquizal de Mayajigua, quien resultó gravemente herido al intentar romper el cerco y fallecería el 25 de junio. Los demás serían cazados en la zona de Bella Mota.

El cuero contra los alzados prosiguió con la batida de la partida insurgente de José Martí Campos, alias Campito, cerca de Los Arabos (Matanzas). Por allí mismo caerían enseguida su hermano Juan Benito y Leocadio Rivera, jefes de otras partidas. Igual suerte correría en Los Ramones (Camagüey) el comandante en jefe de aquel frente guerrillero anticastrista, Juan Alberto Martínez Andrade.

Certificado de defunción

Para el 26 de julio de 1965, Fidel Castro largaba en Santa Clara: “De los contrarrevolucionarios solo quedan tres, y no organizados en forma de bandas, sino tres fugitivos”. Así mismo resumió que “295 combatientes revolucionarios perdieron la vida en servicios, en combates contra el enemigo, en accidentes ocasionados por el propio servicio; y fueron capturados en parte, y en parte aniquilados, 2.005 contrarrevolucionarios”.

El historiador Pedro Corzo alega que Castro admitió allí y entonces que la resistencia había causado al gobierno “más de 500 muertes y pérdidas estimadas en 1.000 millones de pesos de la época”, así como que “en el momento de su discurso (sic) todavía permanecían alzados José Reboso y Luis Vargas” . Ambos guerrilleros del Escambray serían capturados a principios de diciembre y poco antes fueron igualmente apresados los últimos alzados en Camagüey: Ningo Montero y Clemente Aragón. Para la jefatura de LCB, la guerra del Escambray había concluido el 11 de marzo de 1964, con la liquidación de la columna de Blas “El Astuto” Tardío en Hoyo del Pinto, y sólo quedaba terminar el papeleo.

Saldos numéricos

El Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado (CIHSE) estima que las pérdidas de vidas humanas “se acercan a las 700” entre caídos en combate, víctimas civiles de los grupos insurgentes —“hubo 299 bandas y unos 3995 alzados”— más otras personas que murieron por diversas razones relacionadas indirectamente con la guerra civil. Al respecto de las operaciones de suministro a los alzados, el Inspector General de la CIA Lyman Kirkpatrick informó: “Alrededor de 151.000 libras de armas, municiones y equipos se enviaron por aire, pero no se lanzaron realmente más de 69.000 libras, pues el resto fue devuelto a la base. Y de estas 69 000 libras por lo menos 46.000 fueron capturadas por fuerzas de Castro, que se apoderaron de diez cargamentos, mientras que nuestros agentes solo pudieron recuperar tres”.

Invasión demográfica

Una vez ganada la guerra civil, Castro aprovechó su siguiente discurso —el 28 de septiembre de 1965 en la Plaza de la Revolución— para soltar: “Creo que es una buena ocasión aquí, en este acto de los Comités de Defensa, reírnos un poco de nuestros enemigos”. Y así jugó una broma colosal a Estados Unidos: Abrir “el puerto de Camarioca, en Matanzas, que es uno de los puntos más próximos, para que todo el que tenga algún pariente le damos permiso para venir en el barco, sea quien sea, con todas las garantías, avisando con tiempo por correspondencia (…) y si quieren, 48 horas de permanencia en el puertecito, para que una vez allí les avisen a los familiares que los vienen a buscar y se los lleven por un medio seguro”.

Esta invasión por mar empezó en octubre y se interrumpió en noviembre, luego de que salieran casi 3.000 cubanos, pero se reiniciaría por aire al principiar diciembre. Más de tres mil vuelos hasta abril de 1973 llevaron 260 mil cubanos más a USA para socavar el anticastrismo militante tanto del insilio como del exilio con ese sentir que viene del Padre de la Patria: “Yo pensé morir por Cuba sin abandonarla, pero ¿si ella me abandona? ¿No tengo entonces derecho a mirar por mí y mi familia sacrificada? [2].

Coda

Al parecer la respuesta es que sí se tiene ese derecho, sin perjuicio del derecho de los líderes opositores a luchar por la libertad y la democracia de un pueblo que por más de medio siglo ha venido demostrando que ni los quiere ni las quiere.


sábado, 25 de abril de 2026

LA REVOLUCIÓN INCONCLUSA Y LA CONTRARREVOLUCIÓN DE 1959 EN CUBA.

 LA REVOLUCIÓN INCONCLUSA Y LA CONTRARREVOLUCIÓN DE 1959 EN CUBA.

Por Faisel Iglesias
La palabra revolución, en su sentido más riguroso, no puede ser utilizada con ligereza histórica ni con indulgencia ideológica. No todo cambio violento constituye una revolución, ni toda ruptura aparente implica progreso. La revolución, en su acepción auténtica, es un proceso de transformación que, aun cuando pueda estar acompañado de violencia, tiene como finalidad esencial remover las trabas estructurales que impiden la libertad del individuo y el desarrollo armónico de la sociedad. Allí donde estas trabas no son destruidas, sino sustituidas por otras más profundas, no hay revolución, sino regresión.
Desde esta perspectiva, el proceso ocurrido en Cuba en 1959 —comúnmente denominado Revolución Cubana— exige ser revisado con rigor conceptual e histórico. No basta con atender a su carácter violento ni a su capacidad de ruptura institucional. Es necesario preguntarse: ¿el cambio producido eliminó las estructuras que limitaban la libertad del ciudadano y el progreso de la nación, o las reemplazó por otras de naturaleza más restrictiva?
La respuesta, desde un análisis jurídico e histórico, conduce a una conclusión incómoda pero necesaria: en 1959 no triunfó una revolución en Cuba. Se produjo, sí, un cambio violento de poder; pero ese cambio no significó la liberación de la sociedad cubana de sus trabas estructurales, sino la implantación de un modelo de Estado y de derecho ajeno a su tradición histórica y al desarrollo civilizatorio del hemisferio occidental.d
I. La noción de revolución: ruptura para la libertad
Toda revolución auténtica se define por su dirección: no por lo que destruye, sino por lo que libera. En este sentido, la historia moderna ofrece ejemplos paradigmáticos. La revolución inglesa del siglo XVII, la independencia norteamericana y los procesos constitucionales que siguieron, no fueron meras sustituciones de élites; constituyeron la afirmación progresiva de un principio: la limitación del poder y el reconocimiento de derechos inherentes al individuo.
En esa línea histórica se inscribe, en el caso cubano, la tradición inaugurada por Ignacio Agramonte y elevada a su máxima expresión moral y política por José Martí. En Agramonte, la soberanía del individuo se manifiesta como fundamento del orden político; en Martí, la República se define como un espacio construido “con todos y para el bien de todos”, donde la dignidad plena del hombre constituye la ley primera.
Esa era, en rigor, la verdadera revolución cubana: una revolución que no llegó a consumarse plenamente, que quedó inconclusa en la historia, y cuyo núcleo no era la toma del poder, sino la construcción de un orden fundado en la libertad, la justicia y el equilibrio.
II. 1959: violencia sin liberación
El proceso de 1959 se presentó a sí mismo como la culminación de esa tradición. Sin embargo, muy pronto se reveló como su negación. La violencia que acompañó el cambio de poder no fue instrumento de liberación, sino de sustitución. Las estructuras que limitaban la libertad no fueron eliminadas, sino reorganizadas bajo una forma más concentrada y sistemática.
El nuevo régimen no se orientó a limitar el poder, sino a expandirlo. No buscó reconocer derechos preexistentes, sino subordinarlos a la voluntad del Estado. No fortaleció la independencia judicial, sino que convirtió al derecho en instrumento de la ideología.
Este proceso no puede ser comprendido sin atender a su raíz doctrinal. El modelo implantado en Cuba no emergió de su tradición histórica ni de la evolución del constitucionalismo occidental. Fue, por el contrario, una trasposición de estructuras políticas y jurídicas provenientes del modelo soviético, el cual, a su vez, no constituía una creación original del siglo XX, sino la transformación de una herencia más antigua.
III. El trasplante de un modelo ajeno: de la Rusia zarista al Estado soviético
La concepción del Estado adoptada en Cuba tiene una genealogía que no se corresponde con la evolución del hemisferio occidental. El sistema soviético, del cual se nutrió el modelo cubano, no puede entenderse sin su antecedente inmediato: la estructura del poder en la Rusia anterior a 1917.
La Rusia zarista, aún en pleno siglo XX, conservaba rasgos fundamentales de organización feudal: concentración del poder, ausencia de controles institucionales efectivos, subordinación del derecho a la autoridad política. La revolución bolchevique no eliminó completamente estas estructuras; las transformó bajo una nueva ideología, pero manteniendo su lógica esencial: la primacía del poder sobre el derecho.
Cuando Cuba adopta ese modelo, no está incorporando una forma avanzada de organización política, sino una estructura que, en términos históricos, representaba un retroceso respecto al desarrollo del constitucionalismo occidental, el cual, desde hacía más de dos siglos, había avanzado hacia la limitación del poder, la separación de funciones y el reconocimiento de derechos individuales.
IV. La contrarrevolución: negación de la tradición cubana
En este sentido, el proceso de 1959 no puede ser definido como una revolución en el sentido histórico del término. Constituye, más bien, una contrarrevolución respecto de la verdadera revolución cubana, aquella que tenía como horizonte la realización del proyecto republicano de Agramonte y Martí.
La contrarrevolución no se define aquí por la defensa del antiguo régimen, sino por la ruptura con la dirección histórica del progreso jurídico y político de la nación. Mientras la tradición cubana se orientaba hacia la afirmación de la soberanía del ciudadano, el nuevo modelo la sustituyó por la soberanía del Estado. Mientras aquella buscaba limitar el poder, este lo absolutizó.
La consecuencia de este proceso fue la inversión del orden natural del derecho: el ciudadano dejó de ser sujeto y se convirtió en objeto; el Estado dejó de ser instrumento y se transformó en fin; la ley dejó de expresar lo justo para convertirse en mecanismo de imposición.
V. La revolución inconclusa
Sin embargo, la historia no se cierra en 1959. La verdadera revolución cubana —la revolución de la dignidad del hombre, de la soberanía del ciudadano, del derecho como expresión de lo justo— permanece inconclusa.
Esta revolución no es un hecho del pasado, sino una tarea del presente y del futuro. No requiere necesariamente de la violencia, sino de la reconstrucción consciente del orden jurídico y político sobre bases distintas: aquellas que reconocen que el poder no es originario, sino derivado; que el derecho no es creación arbitraria, sino reconocimiento de la dignidad humana; que la nación no es propiedad del Estado, sino comunidad de ciudadanos libres.
VI. Síntesis final
La precisión conceptual no es un ejercicio académico estéril; es una necesidad histórica. Llamar revolución a lo que no lo es, impide comprender la naturaleza del problema y, por tanto, su solución.
En Cuba, el proceso de 1959 no constituyó la culminación de la revolución, sino su interrupción. Fue la sustitución de unas trabas por otras, la importación de un modelo ajeno y la negación de una tradición propia.
Por ello, la tarea pendiente no es defender o condenar un episodio histórico, sino retomar el hilo de la verdadera revolución cubana, aquella que, desde Ignacio Agramonte hasta José Martí, concibió la República como un orden fundado en la libertad, la justicia y la dignidad del hombre.
Cláusula de cierre
Cuando un pueblo confunde la sustitución del poder con la conquista de la libertad, la historia se detiene; cuando recupera el sentido de la verdadera revolución, la historia vuelve a comenzar.

La Isla de Corcho

 La Isla de Corcho

En 1936, el economista, ensayista y ultimo embajador de la etapa constitucional cubana,1952, en Estados Unidos, Luis Machado y Ortega, publico un libro cuyo título bautiza esta columna, en el que afirmaba que Cuba era insumergible porque a pesar de las tropelías de sus gobernantes, no se hundía, una expresión que también manejo el coronel de nuestra guerra de independencia, el italocubano, Orestes Ferrara.
Estos dos republicanos esgrimían una verdad incuestionable porque quien estudie la historia de la Cuba republicana,1959, con espíritu crítico, puede apreciar que, aunque en todos los gobiernos se cometieron infinidad de abusos y despojos, el país siempre avanzaba a mejores condiciones de vida.
Cuba soporto más de un depredador a través de su historia republicana, sin embargo, los hermanos Castro quienes más promesas hicieran y más esperanzas despertaran en la ciudadanía, han sido, con mucho, los más destructivo de todos nuestros gobernantes.
Fidel y Raul han puesto al país en condiciones más que calamitosas, al extremo, que la Isla ha perdido su condición de corcho y se encuentra al borde de una inmersión absoluta, sin probabilidad de resurgimiento.
Por décadas el sistema castrista ha pretendido justificar sus desatinos denunciando un bloqueo que no existe, realmente, es un embargo comercial repleto de salvedades que permite al mismo país que lo impuso exportar a la Isla en el 2024, 585 millones de dólares casi un 45 por ciento más que en el 2023, aun mas, bajo el gobierno del presidente Donald Trump, muchos más critico del totalitarismo que su predecesor, las exportaciones se incrementaron un 15% en los primeros nueve meses de 2025.
El embargo no le impide a Cuba importar las medicinas y alimentos que requiera la población, solo, que rigorosamente tiene que pagarlos como cualquier otro comprador. Cierto que el castrismo no cuenta con recursos para poder satisfacer las necesidades del pueblo que desgobierna, pero es su ineficiencia, no responsabilidad de terceros.
No obstante, el lastre más pesado que sumerge la Isla no es el embargo, sino las regulaciones impuestas a   la población en general, en particular, a los individuos que cuentan con capacidad y voluntad para producir riquezas.
Los potenciales empresarios cubanos son malogrados antes de que puedan actuar como tales. Las regulaciones dictadas por el estado totalitario y el miedo de la clase gobernante a que los ciudadanos tengan independencia económica impiden que en el país pueda desarrollarse una actividad productiva eficiente, que satisfaga las necesidades de los pobladores.
El sector más lastrado económicamente ha sido el agrícola. Cuba posee tierras muy fértiles, el país antes del totalitarismo se autoabastecía de la mayoría de los rublos del agro y exportaba otros como hortalizas y frutas, entre las que se destacaban tomates, pepinos, piñas y plátanos, además enviaba al exterior ganado bovino y era el principal exportador del mundo de azúcar de caña.
La industria ganadera cubana esta al igual que la azucarera, en total bancarrota, por tanto, hay que preguntarse, ¿qué paso que estas dos columnas de nuestra economía han dejado de existir?  Sera, que el campesinado cubano y los que industrializaban esa parte de nuestra economía eran agentes del algún imperialismo extranjero que conspira contra el sistema y conducido a la población al borde de la hambruna.
El presente de los cubanos es aterrador les falta comida, medicina, atención médica, fluido eléctrico y agua, los campos se han quedado sin bosques y las ciudades parecen haber estado sometidas a un ataque nuclear, por suerte, el totalitarismo no ha sido capaz de eliminar el oxígeno, sino, la población habría muerto por asfixia.
Dr. Luis Machado y Ortega, nuestra Isla de Corcho se esta hundiendo. Cuba floto con los imperfectos generales y doctores de nuestra quebrantada República y aunque ninguno de ellos pudo hundirla, dos delincuentes que incursionaron en la política, si lo están logrando.
Ud. escribió, “ni los cataclismos geológicos de la naturaleza, ni los errores y disparates de nuestros políticos, ni el egoísmo y la miopía de nuestros comerciantes pueden acabar con esta tierra prodigiosa a quien tan acertada y gráficamente se ha denominado la Isla de Corcho del Caribe”, desgraciadamente, no nos advirtió sobre forajidos como Fidel y Raul Castro, quienes junto a sus sicarios han hundido virtualmente a su otrora Isla de Corcho.
Cierto que Cuba y los cubanos se están hundiendo, entonces, estamos todos obligados al rescate.  

Un día como hoy, Abril 25, en nuestra lucha contra el castrismo.

 Un día como hoy, Abril 25, en nuestra lucha contra el castrismo.

Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.

Comparta estas efemérides. Gracias.

PROHIBIDO OLVIDAR.

1960

 Luís G. Vidal Aguilera es fusilado en La Cabaña.

1961

Un Tribunal castrista de la Fortaleza de la Cabana, en la causa 37 de 1961, sancionó a 12 años de prisión por un delito contra los poderes del estado a Joaquin Hernández Pares, Raúl Zacarías Peña Cobas y Mario Acosta Gorrin.

1962

Estanislao Rivera Milián, hermano de Agapito Rivera, es capturado después de ser herido tres veces en combate contra efectivos del régimen cubano en la finca El Socorro en el noroeste de Las Villas siendo fusilado el 19 de mayo. Agapito Rivera “El Guapo” y Juan Manuel Rivera también resultaron heridos pero lograron romper el cerco y escapar.

Fuente: Lucha en los campos de Cuba.  Agapito Rivera Milián

*****

Armando Govea es fusilado en Baracoa, Oriente.

*****

El opositor Rafael Córdova Palomares es asesinado en Guantánamo, Oriente.

1965

 Sotero Jiménez González es fusilado en Cienfuegos, LV.

image.jpeg

&&&&&&&&&&&&&&&&&

Pensamientos de José Martí 01 (116).jpg

&&&&&&&&&&&&&&

DETALLES DEL PLAN TERRORISTA A LA CIUDAD DE NEW YORK EL "VIERNES NEGRO" DE 1962.

Autor y fuente desconocidos.

De haberse llevado a cabo hubiera ocasionado miles de muertes y destruido parte de Nueva York. La intervención del Buró Federal de Investigaciones "FBI" frustró los planes del régimen cubano.

La noticia fue cubierta por el New York Times del 18 de noviembre de 1962. Los atentados se iban a llevar a cabo en múltiples lugares, entre ellos las tres tiendas más grandes del mundo en ese entonces, en una fecha donde se alcanzan las cifras máximas de venta del año por los bajos precios que se ofertan en el llamado ¨Viernes Negro ¨, el día posterior al Día de Acción de Gracia o ¨Thanksgiving Day¨ y el Día de la Parada de la tienda Macy's correspondiente al año 1962.

El 3 de octubre de 1962 llega a Nueva York, Roberto Santiesteban Casanova, un hombre de confianza de los Castro, que era experto en técnicas terroristas graduado en una escuela secreta de terrorismo ubicada cerca de La Habana; Santiesteban llegó con fachada de attaché para ocupar un cargo en la Misión Diplomática de Cuba en Naciones Unidas. Santiesteban tan pronto llega a Nueva York se entrevistó con parte del equipo con el que llevaría a cabo el siniestro plan terrorista; algunos de los integrantes con los que se reunió fueron los también attachés Castristas José Gómez Abad y su esposa Elsa Montero Maldonado, así como un cubano dueño de una joyería llamado José García Orellana.

José Gómez Abad, hijo del guerrillero comunista español José Gómez Galloso, ¨López¨, quien fue muerto mediante garrote vil en España el 6 de noviembre de 1948 por sus acciones guerrilleras. Gómez Abad nació en La Habana en 1941 y con 19 años se incorporó a los Órganos de la Seguridad del Estado de Cuba a los cuales perteneció durante tres décadas. 

En el transcurso de esos 30 años, trabajó en la Dirección General de Inteligencia (DGI) del Ministerio del Interior de Cuba, ocupó diferentes cargos y responsabilidades entre ellas el de Jefe de Sección, Ayudante Ejecutivo del viceministro primero y Jefe de la DGI. José Gómez Abad era miembro de la Seguridad Cubana cuando fue detenido en Nueva York por participar en el mencionado plan terrorista.

El plan Castrista consistía en colocar doce dispositivos incendiarios y 500 kilogramos del explosivo TNT en las tiendas Macy's, Gimbels y Bloomingdales, en Gran Central la estación Central de Ferrocarriles de Manhattan, la Estatua de la Libertad, la terminal de ómnibus de la 8va. Ave. y calle 42; así como refinerías en la ribera oeste del Hudson, en Nueva Jersey. Las explosiones debían efectuarse durante el ¨Viernes Negro¨ del año 1962.

El plan incluía muchas personas y ese fue el fallo por el cual el FBI pudo conocer de dicho plan y neutralizarlo. El FBI estimaba que hasta 30 personas podrían formar parte del complot, pero Roberto Santiesteban Casanova, José Gómez Abad y su esposa Elsa Montero Maldonado, una ex guerrillera de la lucha contra el régimen de Fulgencio Batista que había pertenecido al III Frente Oriental ¨Mario Muñoz¨ eran los tres más importantes. Otros complotados -eran miembros del capítulo en Nueva York del Comité "Fair Game for Cuba" o ¨Trato Justo para Cuba¨; organización que se haría muy famosa después que al ser detenido Lee Harvey Oswald por el asesinato del presidente John F. Kennedy se les ocuparan algunos volantes de esa organización.

El 17 de noviembre de 1962 Santiesteban fue capturado después de correr intentando escapar mientras masticaba y se tragaba algunos papeles; en el suelo intentó sacar su pistola cuando era sometido por los agentes del FBI.

José y Elsa fueron arrestados sin resistencia al salir de su apartamento.  José y Elsa se acogieron a su inmunidad diplomática y pese a ellos haber reclutado a tres personas en los EE.UU. para ese plan, incluyendo entre ellos a una mujer norteamericana, fueron liberados; el caso de Santiesteban fue más complicado pues no había en el momento de su detención aún presentado sus papeles diplomáticos. Roberto Santiesteban Casanova estuvo preso hasta que U Thant, el entonces secretario general de la ONU, intervino para que se le diera la inmunidad diplomática, por lo cual fue liberado con 250 000 dólares de fianza y se le permitió salir de los EE.UU. en el canje por ciudadanos norteamericanos presos en Cuba junto al Gancho Molina y García Orellana sin ser llevado a la justicia. De Roberto Santiesteban Casanova se supo después que estaba en República Dominicana durante la revuelta de abril de 1965 cooperando con el levantamiento de Camaño.

*******

Foto: José Gómez Abad y su esposa Elsa Montero Maldonado.


viernes, 24 de abril de 2026

Un día como hoy, Abril 24, en nuestra lucha contra el castrismo.

Un día como hoy, Abril 24, en nuestra lucha contra el castrismo.

Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.

Comparta estas efemérides. Gracias.

PROHIBIDO OLVIDAR.

1959

La prensa reporta sobre la "invasión de Panamá": Los invasores, en su mayoría cubanos, se rindieron a la Guardia Nacional Panameña, con la sola excepción de 8 expedicionarios que se internaron en Monte Carmelo.

*****

Capturado cerca de San Juan y Martínez, provincia de Pinar del Río, Eduardo García Carreño, quien en días pasados logró fugarse de la prisión militar de esa provincia. Pocas horas después fue ejecutado. 

1961

Alberto Muller Quintana, líder estudiantil y secretario general del Directorio Revolucionario Estudiantil, junto con un grupo de estudiantes, fué capturado por fuerzas represivas del gobierno comunista de Cuba, en la Sierra Maestra, provincia de Oriente. El grupo intentaba abrir un frente guerrillero 

*****

El Fiscal del Tribunal castrista del Distrito de Pinar del Río, solicitó en la causa 99 del año 1961, pena de muerte para José Piloto Mora y Gonzalo Hernández Díaz, acusados de un delito contra los poderes del estado. Ambos fueron condenados a penas de cárcel. 

*****

Fusilados en la ciudad de Matanzas, los patriotas cubanos Abilio Abreu y Ramón Sotolongo.

1964

Durante un combate con la milicia castrista en la finca Las Varas, Escambray, mueren el jefe guerrillero Rubén Cordobés Méndez, y los insurgentes Machito González y Manuel Clemente. 

1965

Los cañaverales próximos al Central Bolivia fueron incendiados por grupos del clandestinaje. 

Roberto Santiesteban exmiembro del ejército de Cuba antes de Fidel Castro, es fusilado en Palma Soriano, Oriente.

1993

Roberto Pérez Fernández condenado a 2 años de cárcel por criticar el sistema electoral vigente en Cuba bajo el castrismo se suicida antes comenzar a cumplir su condena. Debía presentarse al siguiente día en la prisión Canaleta, provincia de Ciego de Avila.

image.jpeg

&&&&&&&&&&&

Pensamientos de José Martí 01 (114).jpg

&&&&&&&&&&&&&&&

EL GRAN EJEMPLO DE DOS COMANDANTES

Por Gabriel Astengo               Wed, Mar 11, 2026  

🇨🇺 La conmovedora historia de dos valerosos comandantes revolucionarios unidos en la vida y en la muerte, quienes lucharon contra la dictadura de Batista inicialmente, y poco tiempo después, enfrentaron con coraje la traición castrista a los postulados originales de la revolución cubana, pagando con sus vidas ese patriótico gesto un día como hoy, hace 65 años...

Una suave brisa soplaba a través de la bahía aquel 11 de marzo de 1961, mientras los guardias castristas ocupaban el lugar que les correspondía en el foso de La Cabaña. Se suponía que el comandante yanqui de la revolución cubana sería ejecutado a la mañana siguiente de acuerdo con lo previsto, pero los comandantes de la revolución, William Morgan y Jesús Carreras, pidieron que sus sentencias se cumplieran esa misma noche.

Uno al lado del otro, los dos hombres oyeron un sonido que venía de la prisión que comenzó como un susurro y fue subiendo poco a poco de tono. El viento amortiguó el ruido que venía del centro de la vieja fortaleza, pero al prestarle mayor atención podían escuchar la palabra “Viva Cuba Libre” y luego otra: “Vivan Morgan y Carreras”.

A los guardias no les gustó nada lo que estaba ocurriendo. Los prisioneros coreaban al unísono, un indicio de que algo iba a ocurrir. Desde que Morgan había sido juzgado, los presos estaban intranquilos, gritándoles a los guardias y reuniéndose en grupos en el patio de concreto.

Al otro lado de La Cabaña, la ciudad seguía viva, el brillo débil de las luces del carnaval iluminaba la espesa oscuridad. Cuando Morgan apareció entre las sombras, un guardia apretó un interruptor, y de pronto todo el foso quedó iluminado. Los guardias miraron a Morgan, pero él estaba impávido. Como le escribió en su última carta a su madre: “No es cuándo un hombre muere, sino de qué forma muere”.

Morgan le mostró las manos esposadas al jefe del pelotón. “No quiero llevar puesta esposas”, dijo. Sin dudarlo, el hombre accedió con un movimiento de cabeza. Morgan fue condenado a muerte, pero seguía siendo comandante. Antes de partir hacia el paredón de fusilamiento, William Morgan escribió en la pared de la celda para los condenados a muerte, "Soy americano, pero muero por Cuba".

El valiente comandante, fue llevado frente al lugar de ejecución por un pelotón de fusilamiento, donde se negó a arrodillarse, siendo baleado cobardemente en las rodillas para hacerlo caer y luego rematado con otra descarga cerrada y varios tiros de gracia.

El próximo en ser ejecutado fue el comandante Jesús Carreras Zayas, nacido en Trinidad, provincia de las Villas, un 30 de agosto de 1933. Carreras fue un revolucionario de ideas democráticas, comandante y fundador del Segundo Frente Nacional del Escambray durante la revolución cubana.

A los 21 años se unió a lo que sería el Segundo Frente Nacional del Escambray convirtiéndose en unos de sus comandantes más jóvenes, luchando para deponer al dictador Fulgencio Batista.

Durante el tiempo que duró el conflicto armado, tuvo serias desavenencias con el «Che» Guevara por razones ideológicas. Carreras defendía las ideas democráticas, mientras Guevara las totalitarias.

El comandante del Ejército Rebelde, Jesús Carreras Zayas, desde la etapa insurreccional, había tenido fuertes confrontaciones con Ernesto «Che» Guevara por sus pretensiones autoritarias en la zona.

Pocas semanas después del triunfo revolucionario, en enero de 1959, los oficiales del comandante Carreras fueron a visitar al «Ché» Guevara en La Cabaña, para plantear ciertas situaciones que consideraban anómalas.

Cuando entraron a la oficina de Guevara, éste empezó a hablar mal de Jesús Carreras, sin percatarse que éste último había llegado. El mercenario argentino se puso pálido cuando lo vió. Carreras se le fue encima y el Ché retrocedió, en medio de la discusión. Carrera lo retó a duelo y le dijo que saliera al patio de la Cabaña si era hombre.

El Ché, tratando de sobreponerse a aquel primer impacto, le sonrió socarrónamente y le dijo: ¨Cómo es posible que dos revolucionarios, dos compañeros, lleguen tan lejos por un simple mal entendido¨. Así era de rastrero, cobarde y ruin, el apodado «Carnicero de La Cabaña». De este hecho hay testigos que aún viven.

 

El «Ché» odiaba al comandante Jesús Carreras, porque éste lo supo poner en su lugar en las montañas del Escambray. Debido a su egocentrismo, el Ché nunca perdonó a Jesús Carreras, a tal punto que lo incluyó entre los acusados en el juicio contra William Morgan en 1960. El Ché sabía que no había pruebas concretas contra el comandante Carreras.

En 1960 fue acusado por el gobierno del traidor Fidel Castro de actividades subversivas, junto al también comandante William Morgan. El 20 de octubre de ese año fue llevado a la prisión de La Cabaña, donde permaneció en la «galera de la muerte» hasta el 11 de marzo de 1961, cuando murió fusilado a las 10 de la noche, minutos después de ver caer en el mismo paredón, a su compañero de armas y coraje, comandante William Morgan.

Mientras sucedían las ejecuciones de los dos comandantes patriotas, el cobarde Guevara, oculto tras las sombras en lo alto del Foso de la Muerte, miraba con profunda frustración la valentía postrera e inquebrantable de Morgan y Carreras. Pocos años después, el miserable mercenario argentino caería prisionero en Quebrada del Yuro, gritando aterrorizado a los soldados bolivianos: ¡¡no disparen, no disparen, soy el "Che" Guevara y valgo más vivo que muerto!!...

Los encausados junto a los comandantes Morgan y Carreras, para quienes el fiscal comunista solicitó sanción de treinta años de prisión, fueron los capitanes del Ejército Rebelde: Onofre Pérez Hernández, Roberto González Pérez, Carlos Pedro Osorio Franco (de nacionalidad mexicana) Edmundo Amado Consuegra, Carlos González Lima, Joaquín Castellanos Pérez, Raúl Cristóbal Oramas Pérez, Raúl Oliva Domínguez, Cándido Roldán Cruz, Manuel Pérez Chaviano y Mario Marín. Todos cumplieron largos años de prisión política en las prisiones castristas.

William Morgan-Jesús Carreras-fusilados en La Cabaña 3-11-1961.jpg