martes, 23 de junio de 2026

Un día como hoy, Junio 23, en nuestra lucha contra el castrismo.


1959

El dictador dominicano, Rafael Leonidas Trujillo y Molina anuncio por "La Voz Dominicana", oficialmente que la invasión del país por tropas entrenadas en Cuba había terminado en un completo fracaso. EI saldo fué mas de doscientos muertos, entre ellos, su jefe, Enrique Jiménez Moya. Solo habían capturado siete prisioneros entre los que se encontraban Delio Gómez Ochoa, comandante del ejército rebelde cubano.


lunes, 22 de junio de 2026

EL IMPERIO ESPAÑOL: CIVILIZACIÓN, COLONIZACIÓN Y CONCIENCIA MORAL

EL IMPERIO ESPAÑOL: CIVILIZACIÓN, COLONIZACIÓN Y CONCIENCIA MORAL


Bartolomé de las Casas y la contradicción fundacional de América


Por Faisel Iglesias


La historia del Imperio español en América no puede ser comprendida desde una sola mirada. No fue únicamente una empresa de conquista, saqueo y dominación, como sostiene la llamada Leyenda Negra; pero tampoco fue solamente una misión evangelizadora, civilizadora y cultural, como pretende la Leyenda Rosa. Fue ambas cosas a la vez: una de las empresas civilizatorias más decisivas de la historia moderna y, al mismo tiempo, una estructura imperial marcada por la violencia, la esclavitud, la subordinación política y la explotación económica.


España llegó a América con la cruz y la espada. La cruz proclamaba la dignidad espiritual de todos los hombres ante Dios; la espada imponía el dominio de una monarquía sobre pueblos que no habían consentido ser gobernados por ella. En esa tensión entre evangelización y conquista, entre civilización y sometimiento, entre universalidad cristiana y poder imperial, nace la gran contradicción histórica de la América hispana.


La expansión española trajo consigo elementos indudablemente civilizadores. Fundó ciudades, cabildos, hospitales, iglesias, universidades y sistemas jurídicos que dieron forma institucional a gran parte del continente. La creación de universidades en Santo Domingo, México, Lima y otros territorios americanos demuestra que la Corona no concibió sus dominios únicamente como espacios de extracción económica, sino también como territorios integrados a una visión cultural, religiosa y jurídica del mundo.


La ciudad hispánica fue una creación política y espiritual. En torno a la plaza mayor se organizaban el cabildo, la iglesia, el mercado, la justicia y la vida comunitaria. Allí se estableció una forma de civilización urbana que todavía define el rostro histórico de América Latina. La lengua española, el derecho, la tradición municipal, la educación superior y la cultura católica produjeron una comunidad histórica que, con todas sus contradicciones, constituye uno de los grandes espacios civilizatorios de Occidente.


También debe reconocerse el mestizaje como uno de los rasgos más singulares del mundo hispánico. A diferencia de otros modelos imperiales más rígidamente segregacionistas, la sociedad hispanoamericana permitió, aunque dentro de jerarquías sociales injustas, la mezcla entre europeos, indígenas y africanos. De esa mezcla nacieron nuevas identidades, nuevas culturas y una sensibilidad americana distinta tanto de Europa como de las civilizaciones originarias anteriores a la conquista.


Pero nada de esto borra el drama de la conquista. La llegada española significó para muchos pueblos indígenas guerra, desposesión, trabajos forzados, destrucción de estructuras políticas propias y una catástrofe demográfica agravada por enfermedades, explotación y violencia. A ello se sumó la esclavitud africana, que constituye una de las mayores contradicciones morales de una civilización que predicaba la igualdad espiritual de los hombres ante Dios mientras aceptaba la servidumbre de millones de seres humanos.


En medio de esa contradicción aparece una figura extraordinaria: fray Bartolomé de las Casas. Su importancia no reside únicamente en haber defendido a los indígenas, sino en haber introducido dentro del propio mundo hispánico una crítica moral radical contra los abusos de la conquista. Las Casas no habló desde fuera de España ni desde fuera de la cristiandad; habló desde el corazón mismo de la tradición cristiana española. Por eso su testimonio resulta tan decisivo.


Las Casas sostuvo que los indígenas eran seres humanos plenamente racionales, dotados de dignidad natural, capaces de vida política, de propiedad, de gobierno y de fe. Rechazó la idea de que pudieran ser tratados como inferiores por no compartir la religión, la lengua o las costumbres europeas. Para él, ninguna evangelización podía ser legítima si se imponía mediante la violencia, el miedo o la esclavitud. La fe, para ser verdadera, debía nacer de la persuasión y no de la espada.


Su defensa de los indígenas constituye uno de los momentos más altos de la conciencia jurídica y moral del siglo XVI. En una época en que otros imperios no se preguntaban siquiera por los derechos de los pueblos sometidos, Las Casas obligó a España a mirarse en el espejo de su propia contradicción. Si el cristianismo proclamaba que todos los hombres habían sido creados por Dios, entonces ningún imperio podía convertir a los indígenas en instrumentos de trabajo, botín de guerra o simples vasallos sin derechos.


La controversia de Valladolid, donde Las Casas debatió frente a Juan Ginés de Sepúlveda, representa un acontecimiento único en la historia imperial. Allí no se discutía solamente la política colonial española; se discutía la naturaleza misma del ser humano, el fundamento del derecho natural, los límites morales de la conquista y la legitimidad del poder sobre pueblos no europeos. La pregunta de fondo era inmensa: ¿puede una civilización considerarse superior y, en nombre de esa supuesta superioridad, dominar a otra?


Las Casas respondió que no. Su pensamiento anticipó, aunque todavía dentro del lenguaje teológico de su época, principios que después serían esenciales para la doctrina moderna de los derechos humanos: la dignidad universal de la persona, la ilegitimidad de la violencia como medio de conversión, el derecho de los pueblos a conservar su libertad natural y la obligación moral del poder político de someterse a la justicia.


Por eso el Imperio español debe ser juzgado en toda su complejidad. Fue capaz de producir conquistadores, encomenderos y esclavistas, pero también produjo a Las Casas, a Francisco de Vitoria y a la Escuela de Salamanca. Es decir, dentro de la misma estructura imperial que oprimía, nació una de las primeras grandes críticas jurídicas y morales al imperialismo. Esa es una singularidad que no debe ignorarse.


España fue, entonces, civilizadora y colonizadora. Civilizadora porque fundó instituciones, ciudades, universidades, formas jurídicas, una lengua común y una cultura mestiza de alcance universal. Colonizadora porque impuso su dominio mediante la fuerza, subordinó pueblos, explotó recursos y mantuvo estructuras sociales profundamente desiguales. Progresista porque produjo una reflexión temprana sobre la dignidad de los indígenas y los límites del poder imperial. Reaccionaria porque no fue capaz de convertir plenamente esa reflexión moral en una organización política fundada en la libertad del ciudadano.


Desde la perspectiva del Pacto Social Posmoderno, la gran insuficiencia del Imperio español consistió en que reconoció al indígena como alma que debía ser evangelizada, incluso como ser humano protegido por el derecho natural, pero no llegó a reconocerlo plenamente como sujeto soberano de poder político. España pudo afirmar que el indígena tenía dignidad ante Dios; pudo incluso admitir que tenía derechos naturales; pero no construyó una república donde cada persona fuera fuente originaria de legitimidad política.


Ahí se encuentra la diferencia esencial entre civilización imperial y soberanía ciudadana. La civilización imperial puede educar, evangelizar, fundar ciudades y universidades; pero mientras el poder nazca de la Corona, del Estado o de una abstracción colectiva administrada por élites, el individuo seguirá siendo destinatario del poder, no su origen. El paso verdaderamente moderno consiste en reconocer que el soberano no es el imperio, ni la monarquía, ni el Estado, ni siquiera una masa abstracta llamada pueblo, sino cada ciudadano concreto, dotado de dignidad, derechos inalienables y capacidad constituyente.


Bartolomé de las Casas se acerca a esa intuición cuando defiende la humanidad plena de los indígenas. Sin embargo, su época no podía todavía formular la soberanía ciudadana en los términos que después aparecerían en la tradición constitucional norteamericana, en el “We the People”, y que en Cuba encontrarían resonancia superior en Varela, Agramonte y Martí. Las Casas fue, por tanto, una conciencia profética: no destruyó el mundo imperial, pero abrió una grieta moral dentro de él.


Esa grieta sigue siendo fecunda. Nos permite comprender que la historia de España en América no puede reducirse ni al crimen ni a la gloria. Fue una historia trágica, creadora, contradictoria y fundacional. De ella nacieron pueblos nuevos, lenguas compartidas, culturas mestizas, instituciones duraderas y también heridas profundas que todavía atraviesan la memoria americana.


La tarea del pensamiento histórico no consiste en absolver ni condenar de manera simplista, sino en comprender. Y comprender el Imperio español exige aceptar que en él convivieron la universidad y la encomienda, el cabildo y la esclavitud, la catedral y el látigo, la evangelización y la conquista, Las Casas y los encomenderos, la dignidad proclamada y la libertad negada.


En esa contradicción nació América Latina. Y quizás su destino histórico dependa todavía de resolver aquello que el Imperio español dejó inconcluso: transformar la dignidad reconocida del ser humano en soberanía efectiva del ciudadano.

domingo, 21 de junio de 2026

Un día como hoy, Junio 21, en nuestra lucha contra el castrismo.

Un día como hoy, Junio 21, en nuestra lucha contra el castrismo.

Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.

Comparta estas efemérides. Gracias.

PROHIBIDO OLVIDAR.

1962

Félix Argüelles Expósito, Juan y Genaro M. León Martínez (padre), Genaro León Jr, Juan León Rodríguez José White Simón, René Calzón, Reynaldo Mayo Salinas, Bladimir Mayo Hernández y Radamés Mayo Salinas, insurgentes anticastristas son fusilados en el campo de tiro de San Juan, Santiago de Cuba por un pelotón de fusilamiento sin previo juicio, por orden del teniente Marcaño López del Departamento de Seguridad del Estado G-2, luego de ser capturados por un contingente de 600 milicianos que habían sido alertados por un informante de sus planes para una reunión. Los fusilados esa noche y enterrados en una zanja fueron 76 sin que de muchos se conozca el nombre. Varios otros murieron durante un tiroteo que duró aproximadamente una hora y media, entre ellos Lile y Juan Mayo Salinas, padre e hijo. La mayoría eran miembros del Ejército Rebelde que había luchado en la Sierra Maestra contra la dictadura de Batista.

(Parte de la información de este hecho fue tomada de Archivo Cuba)

*****

En la finca La Candelaria de Gibara, provincia de Oriente fusilan sin celebrarles juicio a los guerrilleros Juan Calderón y otro del cual solo se sabe su apellido Guerra. Ambos eran campesinos.

1968

 Andrés Argüelles es fusilado en La Cabaña.

1973

Grupos cubanos que operan en Chile, lanzan explosivos contra la Oficina Comercial de Cuba en la capital del país. Esa misma noche es colocado un pequeño explosivo en la residencia del consejero comercial de Cuba.

1977

 Ramón Cruz es fusilado en La Cabaña.

Genaro M. León Martínez.png
&&&&&&&&&&&&&
Pensamientos de José Martí 01 (51).jpg
&&&&&&&&&&&&

La heroica prisión de los plantados

“La historia del Presidio Político de Cuba está escrita con sangre. Describir tanto  horror, tanta tragedia humana es tarea penosa”

 Tania Díaz Castro                     Miércoles, 6 de junio, 2018

LA HABANA, Cuba.- En 1959 comenzó en Cuba una de las historias más sangrientas y crueles del mundo, cuando Fidel y su hermano Raúl Castro crearon las prisiones políticas para los enemigos del comunismo y ese año se fusiló a más de 360 de ellos.

Las condiciones requeridas para lograr el tenebroso objetivo fueron varias: Se suspendió el derecho de habeas corpus, se estableció la pena de muerte por fusilamiento para quienes realicen actividades en contra de la dictadura y por último la Constitución de 1940 se convirtió en un fantasma.

Contra toda esperanza

Uno de los primeros testimonios sobre los plantados aparece en el libro Contra toda esperanza, de Armando Valladares, en 1985, cuando desde más de veinte años atrás la población penal de Cuba estaba compuesta por  decenas de miles hombres y mujeres.

Era tanto el horror que describía Valladares sobre los fusilamientos en las prisiones de La Cabaña y las celdas de confinamiento de Boniato, que muchos dentro y fuera de Cuba lo pusieron en duda, hasta que en 1988 la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, compuesta por embajadores de numerosos países, encabezada por el delator especial para “el caso Cuba”, Alioune Sene, después de investigar  lo que sucedía en las cárceles cubanas ofrecieron un informe de 400 páginas, dando como resultado 137 casos de tortura, siete desaparecidos, asesinatos políticos y violaciones de los artículos de la Declaración de los Derechos Humanos.

El libro de Valladares contaba la verdad. También el de Jorge Valls, Veinte años, Rehenes de Castro, de Ernesto Díaz Rodríguez, Cómo llegó la noche, de Húber Matos, libros prohibidos en las bibliotecas del régimen castrista, pero que andan de mano en mano clandestinas en una población que ya sabe toda esta historia.

Cuándo surgen los plantados

“La historia del Presidio Político de Cuba está escrita con sangre. Describir tanto  horror, tanta tragedia humana es tarea penosa”, dice Ernesto Díaz Rodríguez en su libro Rehenes de Castro.

Poeta y escritor, cumplió 22 años de cárcel. Tenía la disyuntiva de olvidar, “de borrar de un tirón los amargos recuerdos de la prisión”, pero no pudo. Prefirió, cuando obtuvo su libertad el 23 de marzo de 1991, continuar su lucha, tal como se había propuesto toda su vida.

Hoy, con 78 años de edad y en ocasiones enfermo, conserva los mismos bríos de aquellos años cuando formaba parte de los quince mil plantados, renuentes todos a aceptar el régimen penitenciario y el uniforme de preso común; rebeldes ante las arbitrariedades, las represalias,  torturas psicológicas, golpizas, bayonetazos, celdas de castigo, huelgas de hambre, frío. Firmes para sobrevivir como héroes.

La historia de los micrófonos

“Escapados del mito y la leyenda”, como dijo un colega periodista, los presos plantados fueron protagonistas de historias dignas de llevarse a un filme de una peculiar trascendencia histórica: el descubrimiento de los micrófonos, instalados en los calabozos de los presos por sugerencia de Fidel Castro, para saber cómo pensaban, hablaban y qué planes tenían aquellos hombres de edad avanzada, condenados a largos años de prisión.

Fue el preso Onofre Pérez quien descubrió el primer micrófono, bien oculto en la lámpara del techo de su celda. Onofre había sido condenado a treinta años en la causa donde fusilaron a los comandantes Jesús Carrera y al norteamericano William Morgan. En poco tiempo el resto de los plantados lograron desinstalarlos todos. Descubierta la hazaña, las autoridades de Seguridad del Estado (G2), junto a las tropas especiales del Ministerio desataron una serie de medidas represivas contra los plantados en un vano intento para impedir que alguno de los micrófonos fuera utilizados como prueba del espionaje que se hacía contra los presos en las cárceles de Cuba.

El triunfo fue de los plantados. Ernesto Díaz pudo enviar dos micrófonos al Comité Cubano Pro Derechos Humanos, presidido por Ricardo Bofill, para que fuera enviado a la Comisión de Derechos Humanos, en Ginebra, como prueba irrefutable de violación a la privacidad de los presos.

Otro micrófono fue presentado por el plantado José Pujals Mederos, liberado después de 27 años de cárcel, en agosto de 1988, en un acto celebrado en los salones de Of Human Rights, organismo de Estados Unidos  presidido por el viejo luchador Frank Calzón.

Las rabietas de Fidel Castro no tenían límites.

Los últimos plantados

Convertidos todos en verdaderos héroes invencibles de la libertad, Mario Chanes de Armas y Ernesto Díaz Rodríguez fueron los últimos plantados en los que Fidel Castro descargó toda su ira y su venganza y como represalia a las osadías de ambos, los dejó para último.

El resto de los plantados ya habían sido desterrados.

Fidel no perdonó que Ernesto se hubiera burlado de las invictas barreras de Seguridad del Combinado para hacer llegar dos micrófonos a las Naciones Unidas y que Mario Chanes contara en junio de 1988, en una entrevista grabada hecha por Ernesto en su misma celda y transmitida días después por Radio Martí, sus planes traicioneros y truculentos del dictador para salvar su vida luego del ataque al Moncada.

Mario había cumplido ya su condena de treinta años. Era entonces y es hoy el preso político con más años cumplidos. Ernesto, con cuarenta, vio abiertas las rejas de su celda el 23 de marzo de 1991.

En solitario permanecieron estos dos valientes durante meses en el Combinado del Este, la prisión más grande de Cuba, construida por los hermanos Castro para sus presos políticos, a pocos kilómetros del centro de la capital habanera.