lunes, 20 de abril de 2026

Un día como hoy, Abril 20, en nuestra lucha contra el castrismo.

 Un día como hoy, Abril 20, en nuestra lucha contra el castrismo.

Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.

Comparta estas efemérides. Gracias.

PROHIBIDO OLVIDAR.

1960

Detenido en Jamaica el agitador comunista Claudis Henry, a quien ocuparon documentos que comprobaban sus conexiones con el régimen castrista para promover disturbios en el país. Con este motivo fué expulsado un funcionario del Consulado cubano complicado en la agitación del país.

1961

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Rafael Iglesias Romero y Rafael L. Reyes Ramírez son fusilados en Camagüey.

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Mueren asesinados por órdenes del capitán Osmani Cienfuegos los brigadistas: Alfredo José Fernández Lago, José Daniel Vilarello Tabares, José Santos Millán Velazco, Herminio Benjamín Quintana Pereda, José Ignacio Macía del Monte, Santos Ramos Alvarez, Pedro Rojas Mir, René Silva Soublete y Moisés Santana González. Todos murieon por asfixian al ser trasladados hacia La Habana en un contenedor de aluminio que fué cerrada herméticamente.

1962

Félix Miserán Reyes e Hilario Rodríguez son fusilados en La Cabaña.

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Antonio Herrera, Pedro Sirio Matos, Jorge Medina, Humberto Rodríguez y Sotolongo Crespo son fusilados en Ranchuelo, Las Villas.

1963

Roberto Castro Lapinte es fusilado en Guamaro, Camagüey.     

1966

Los presos que se encuentran en las celdas de castigo de la prisión de Isla de Pinos se declaran en huelga de hambre. A los 20 días son trasladados para el hospital ya alimentados a la fuerza durante 18 días. La huelga termina el 28 de mayo cuando los presos involucrados son trasladados para La Cabaña.

1970

Vicente Méndez, muere en combate en Baracoa, provincia de Oriente, se alzó allí procedente del exilio a donde había llegado después de haber sido Jefe de Guerrilla en el Escambray a principios de la década de 1960.

1979

El opositor Francisco Miguel Fernández Galván de 22 años, ejecutado por un pelotón de fusilamiento en la prisión del Castillo de Atarés, provincia de La Habana, por expresar su oposición a la ideología comunista mientras cumplía el servicio militar obligatorio. No hubo juicio. Su padre había cumplido una condena de cinco años como preso político.

Source: Testimony of mother, in person, Miami, February 22, 2004. Testimony of father, by telephone, 2/17/2006, July 2006 and 4/2/07 / Archivo Cuba

1988

El preso político Oscar Blanco es asesinado en la prisión Combinado del Este, provincia de La Habana.

Asesinados en la rastra de la muerte-Francisco M. Fernández Galván.jpg

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La catástrofe de Bahía de Cochinos y sus persistentes cicatrices

Un grupo de exiliados cubanos intentó derrocar el régimen de Fidel Castro en abril de 1961, el fracaso fue estrepitoso, seis décadas después las heridas siguen visibles.

Por Bill Newcott

Era de noche, pero encerrados en una furgoneta sin ventanas, dando tumbos por carreteras secundarias a través de los Everglades durante tres horas, los 10 hombres se sofocaban en el húmedo calor del sur de Florida (Estados Unidos).

La furgoneta se detuvo. La puerta se abrió y apareció un muelle pesquero. Subieron a una lancha y se adentraron en el mar, con la brisa como alivio y la luz de un cuarto de luna iluminando tenuemente su destino: una isla baja y cubierta de maleza. Allí les esperaban tres hombres con rifles que les escoltaron hasta una cabaña detrás de los restos de un complejo turístico abandonado.

Se trataba de Useppa Island, en la costa oeste de Florida, cerca de Fort Myers. La fecha era el 2 de junio de 1960. Y para estos 10 exiliados cubanos, fue el comienzo de un intento audaz, desesperado y finalmente condenado al fracaso de reclamar su patria al régimen totalitario dirigido por Fidel Castro.

Durante los 10 meses siguientes, estos hombres estarían entre los líderes del asalto militar que se conoció como la Invasión de Bahía de Cochinos. El 17 de abril de 1961, una fuerza de casi 1500 hombres (con la ayuda secreta de la CIA y la Marina de Estados Unidos) irrumpió en el sur de Cuba en una operación encubierta con repercusiones que aún resuenan más de 60 años después.

El muelle donde desembarcaron los 10 exiliados todavía se extiende como un dedo gris en las brillantes aguas azules de Pine Island Sound.

"Aquí había una posada, pero fue abandonada durante la II Guerra Mundial", explica Rona Stage, conservadora de un pequeño museo que repasa la larga historia de Useppa, que se remonta a unos 10 000 años; "un rico empresario cubano arrendó toda la isla en nombre de la CIA".

El presidente John F. Kennedy autorizó la invasión de Cuba, pero insistió en ocultar la participación estadounidense. La decisión de desembarcar al amparo de la oscuridad en la remota Bahía de Cochinos formaba parte del engaño, pero la treta estaba condenada al fracaso.

Estados Unidos se había mantenido al margen mientras Fidel Castro derrocaba al Gobierno del hombre fuerte cubano Fulgencio Batista en 1959, con la esperanza de que las promesas de Castro de establecer la democracia fueran auténticas. Sin embargo, pronto Castro se declaró comunista y se alineó con la Unión Soviética, némesis de Estados Unidos en la Guerra Fría. Preocupado por la posibilidad de que los soviéticos se establecieran una plaza fuerte en América, en marzo de 1960 el Presidente Dwight D. Eisenhower aprobó un plan secreto para reclutar exiliados cubanos que invadieran la isla y derrocaran el régimen de Castro.

Establecidos en los antiguos bungalows de la isla de Useppa (actualmente casas de vacaciones multimillonarias), a esos 10 primeros hombres pronto se les unieron unos 60 más. La mayoría de ellos se prepararían aquí para servir como oficiales en la fuerza de invasión de 1500 hombres, que serían instruidos en técnicas de guerra en una rústica base militar en las montañas de Guatemala. Los exiliados se autodenominaron Brigada 2506, por el número de identificación del primer miembro que murió, durante un accidente de entrenamiento.

José Basulto se entrenó en Useppa como operador de radio encubierto.

"Trabajé con la CIA, no para la CIA", aclara Basulto, que, como la mayoría de los veteranos de Bahía de Cochinos, vive en Miami. Después del entrenamiento, volvió a entrar en Cuba con el pretexto de estudiar en una universidad, pero utilizando dos radios suministradas por la CIA, estableció una red de resistencia. Si le hubieran pillado, le habrían fusilado en el acto.

"Sí, era peligroso", me dice; "pero sentíamos que podíamos aprovechar un sentimiento creciente de libertad en Cuba".

Exiliados cubanos apoyados por Estados Unidos se entrenaron para un asalto anfibio y una guerra de guerrillas en bases operadas por la CIA en el sur de Florida y Guatemala.

A medida que se desvanecen los recuerdos a lo largo de 60 años, muchos piensan en la invasión de Bahía de Cochinos como un plan a medias perpetrado por una banda de exiliados infelices. Pero eso nunca fue cierto. Aunque Eisenhower, por razones políticas, determinó que sólo participarían en la invasión ciudadanos cubanos, el antiguo Comandante Supremo de la Segunda Guerra Mundial imaginó un asalto total, tipo Día D, en una amplia playa del sur, cerca de la gran ciudad de Trinidad, en el centro de Cuba, con transporte anfibio de personal y material, tanques, artillería en alta mar y un apoyo aéreo contundente.

Pero entonces John F. Kennedy ganó la presidencia en noviembre de 1960. No fue hasta el 29 de noviembre (tres semanas después de ser elegido) cuando JFK fue informado del evento de alto secreto que su Gobierno estaba planeando.

JFK estuvo de acuerdo en que la invasión siguiera adelante, pero desde el principio se reservó el derecho a cancelarla. Inexorablemente, la administración Kennedy fue reduciendo el plan: el grandioso asalto a Trinidad fue rechazado, en gran parte porque el Departamento de Estado de JFK consideró que habría demasiados testigos en tierra de la participación estadounidense. En su lugar, la invasión se trasladó a una bahía profunda y estrecha conocida como Bahía de los Cochinos. Para ocultar aún más la participación de Estados Unidos, la invasión debía tener lugar antes del amanecer, a pesar de que nadie podía recordar la última vez que una gran invasión tuvo éxito en la oscuridad.

Más importante aún, el nuevo emplazamiento eliminaba el Plan B de la CIA: si Castro rechazaba de algún modo la invasión cerca de Trinidad, los exiliados podrían haber escapado a las montañas circundantes y pasar a la clandestinidad. Bahía de Cochinos, en cambio, estaba rodeada de pantanos impenetrables.

Aún así, mientras navegaban desde Centroamérica a Cuba en una mezcla de barcos militares estadounidenses y mercantes alquilados (llevando suficiente munición y suministros para una operación de 30 días) la fuerza cubana en el exilio tenía una gran ventaja sentada en una pista de aterrizaje en la cercana Nicaragua: 16 bombarderos B-26 que podían dominar el cielo y machacar a las fuerzas de Castro.

El veterano Julio Mestre ofrece a un visitante una visita guiada por el Museo de Bahía de Cochinos en la Pequeña Habana de Miami. En las paredes se alinean fotos de unos 700 veteranos de Bahía de Cochinos fallecidos. "Cada mes tenemos seis o siete funerales", dice Eduardo Zayaz-Baza, secretario de la asociación de veteranos: "Cuando nos hayamos ido, queremos que el mundo sepa lo que realmente ocurrió en Bahía de Cochinos".

"No engañaron a nadie"

El presidente de la Asociación de Veteranos de la Brigada 2506, Johnny López, paracaidista, me enseña el museo y la biblioteca de Bahía de Cochinos, en la Pequeña Habana de Miami. Nos detenemos ante una exposición que rinde homenaje a los pilotos de la batalla.

"Originalmente, teníamos 17 B-26, pero tenían otros planes para uno de ellos", dice.

El 15 de abril, dos días antes de la invasión, 16 de los aviones de los exiliados sobrevolaron Cuba bombardeando los campos de aviación castrista. Pero el 17º avión despegó para volar directamente al aeropuerto internacional de Miami. "El piloto se apeó", dice López; "y anunció que era un piloto desertor de la Fuerza Aérea cubana que formaba parte de una rebelión para derrocar a Castro".

La CIA pensó que la treta convencería a todo el mundo de que los bombardeos y la invasión que se avecinaba procedían, en efecto, completamente de dentro de Cuba. Pero aunque Castro sí tenía una pequeña fuerza de B-26, los suyos eran de un diseño sorprendentemente diferente. "No fue una buena farsa", dice López con una risita divertida y triste a la vez. "No se engañó a nadie".

Todo lo contrario: Castro sabía ahora que algo grande se avecinaba. Y la amenaza no provenía de sus propios hombres.

En la mañana del 17 de abril, las cosas se torcieron desde el principio. Al entrar en la bahía, un barco de tropas encalló en un banco de arena tras recibir fuego de las tropas cubanas que respondieron rápidamente. Un batallón entero nadó para salvar la vida, abandonando sus armas pesadas y municiones. Un inesperado arrecife de coral (mal identificado en las fotos aéreas como algas) ralentizó el desembarco de las tropas.

Pero el batallón no conocía el mayor peligro de todos. En el último minuto, cediendo a la presión política, Kennedy había cancelado el segundo y tercer ataque aéreo destinados a acabar con la fuerza aérea de Castro. Esa decisión condenó toda la operación.

Eduardo Zayas-Bazán era un buzo que había desembarcado antes de la invasión. Cuando las tropas de la brigada se lanzaron a la arena, recuerda, un B-26 sobrevoló la zona.

 

"Supusimos que era uno de los nuestros", dice. "Incluso bajó el ala. Pero entonces abrió fuego contra nosotros". Y luego vino otro B-26. Y luego un jet T-33, y un Sea Fury-todos ellos aviones de Castro. "No podíamos creerlo. Nos habían dicho que la fuerza aérea de Castro había sido destruida".

En instantes, una explosión estalló en el mar. Los aviones estaban destruyendo el Río Escondido, un barco mercante que transportaba combustible y suministros. Desesperados por evitar un destino similar, los restantes barcos de suministros se dirigieron mar adentro.

La cola de un bombardero B-26 se exhibe en el Museo de la Revolución de Cuba

La cola de un bombardero B-26 se exhibe en el Museo de la Revolución de Cuba. En lugar de admitir oficialmente la participación estadounidense en la invasión de Bahía de Cochinos, Estados Unidos se negó a reclamar el cuerpo del piloto del avión, el capitán de la Fuerza Aérea Thomas Ray, durante 18 años.

Ahora la fuerza de invasión, que incluía cinco tanques ligeros, sólo disponía de la munición que podía transportar. Durante dos días, con sus recursos cada vez más escasos, la brigada, ampliamente superada en número, resistió heroicamente a los soldados, la artillería y los tanques de Castro, siempre con un ojo puesto en el mar, esperando desesperadamente vislumbrar barcos estadounidenses en el horizonte.

"Te contaré el momento en que supe que habíamos perdido", dice en voz baja; "fue la segunda noche. Estaba sentado en la playa con otro buzo. Se volvió hacia mí y me dijo: 'Eddie, los americanos nos han abandonado. Vamos a morir aquí".

La invasión de Bahía de Cochinos no terminó con una explosión, sino con una ráfaga de disparos finales cuando los exiliados se quedaron sin munición. La brigada perdió 118 hombres. Habían matado a más de 2000 de los defensores de Castro, sus compatriotas.

La visita de Castro tras la invasión

Desmoralizados y derrotados, los supervivientes de la brigada fueron reunidos y trasladados en camiones a dos viejas y tristemente célebres prisiones. Sabiendo que los brigadistas se sentían traicionados por Estados Unidos, Castro no tardó en hacer una extraordinaria visita a la cárcel para una extraña sesión poco protocolaria.

"Fue surrealista", recuerda Zayas-Bazán. "Entró en nuestra cocina y dijo: '¡Hola, chicos! ¿Cómo os tratan? ¿Alguna queja?"

Sin embargo, si Castro pensaba que iba a ganarse a esta multitud, se equivocaba. En el Museo de Bahía de Cochinos, López señala una foto borrosa de esa reunión. Un exiliado cubano negro llamado Tomás Cruz Cruz está de pie entre sus camaradas y hablando.

Castro le había mirado y preguntado en español: "Oye, negro, ¿por qué estás aquí?" A diferencia de Estados Unidos, alardeó, "en Cuba, eres libre de ir a la playa".

Pero el prisionero no estaba de acuerdo. "Comandante", dijo; "no he venido aquí para ir a la playa. Vine a derrotar al comunismo".

Nadie sabe por qué, pero Cruz se salió con la suya, y sobrevivió. Otro joven, un cubano de origen asiático llamado Jorge Kim, tuvo menos suerte. Una foto en la misma pared le muestra en una intensa conversación con Castro. Nadie sabe de qué hablaron, pero al día siguiente Kim fue ejecutado.

De todas las historias de valor que se desarrollaron en aquellas prisiones cubanas, quizá ninguna sea más notable que la de 10 hombres, elegidos por sus compañeros de cautiverio, que fueron enviados a Estados Unidos para negociar un rescate. Allí estaban, seguros y cómodos en un lujoso hotel de Washington, D.C., sólo para regresar voluntariamente a la miseria de su prisión cubana, no una, sino dos veces.

"Esos hombres", dice López, señalando su foto; "tenían pelotas".

El presidente Kennedy muestra la bandera de la brigada de desembarco en Cuba

El presidente Kennedy muestra la bandera de la brigada de desembarco en Cuba en un acto celebrado en 1963 en honor de los veteranos, muchos de los cuales acababan de salir de la cárcel en Cuba. Kennedy reconoció sus graves errores en la gestión de la invasión y pidió disculpas personalmente a los supervivientes.

Muchos culpan a JFK

En los oscuros días posteriores a la catástrofe, Basulto, el operador de radio, saltó la valla para ponerse a salvo en la base estadounidense de Guantánamo. Herido en el asalto, Eduardo Zayas-Bazán fue uno de los 60 prisioneros a los que se concedió la libertad anticipada el 14 de abril de 1962, casi un año después de la invasión. Y finalmente, el día antes de Navidad de 1962, la mayoría de los exiliados fueron embarcados en aviones con destino a Miami, a cambio de un rescate de 53 millones de dólares en comida para bebés y medicinas.

Por su parte, JFK aceptó la culpa del fiasco. En enero de 1963, ante una multitud de 40 000 personas en el Orange Bowl de Miami, el presidente saludó a los repatriados. Al aceptar una réplica de la bandera de batalla de la brigada, declaró: "Puedo asegurarles que esta bandera será devuelta a la brigada en una Habana libre". Hoy no cuelga en La Habana, sino en el Museo de Bahía de Cochinos.

Basulto, como muchos de sus compañeros ex prisioneros, no fue al Orange Bowl. A día de hoy, él y muchos más cubanos siguen culpando a JFK del fracaso de la misión. 11 meses después del mitin del Orange Bowl, Kennedy había muerto. El sueño de una Cuba libre murió un poco más lentamente, y los rescoldos del mismo todavía brillan en los corazones de los veteranos de la brigada.

"Sólo queríamos una cosa: crear una Cuba libre", me dice López mientras caminamos hacia la salida del museo; "Creo que los jóvenes de hoy tienen que estar orgullosos de lo que estos chicos hicieron en 1961: chicos de 15 a casi 60 años. Amábamos a nuestro país".

Este artículo se publicó originalmente en inglés el 16 de abril de 2021 en nationalgeographic.com, ha sido traducido y actualizado el 7 de noviembre de 2023.

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Exiliados cubanos apoyados por Estados Unidos se entrenaron para un asalto anfibio y una guerra de guerrillas en bases operadas por la CIA en el sur de Florida y Guatemala.

Fotografía de Lynn Pelham, The LIFE Images Collection via Getty Images



El plan de Cuba para eludir a Marco Rubio









El plan de Cuba para eludir a Marco Rubio y acercarse a Trump tropieza con un obstáculo: informe

Raw Story • Artículo de Matthew Chapman

El gobierno cubano intentó ejecutar un plan para ejercer presión directamente sobre el presidente Donald Trump, sorteando al Secretario de Estado Marco Rubio, según informó el jueves el *Wall Street Journal*.

"El nieto del líder cubano Raúl Castro recurrió a un acaudalado empresario de La Habana para intentar entregar personalmente una carta en la Casa Blanca la semana pasada, al margen de los canales diplomáticos habituales; así lo afirmaron un funcionario estadounidense y un exfuncionario de EE. UU.", informaron José de Córdoba y Vera Bergengruen. "La carta tenía un formato similar al de una nota diplomática y portaba un sello oficial cubano", y en ella "se proponían acuerdos económicos y de inversión, así como el levantamiento de sanciones, y se advertía que el régimen cubano se estaba preparando para una incursión estadounidense, según indicó el funcionario de EE. UU.".

En última instancia, el plan se desmoronó debido a que el empresario —el magnate del turismo Roberto Carlos Chamizo González— fue interceptado en el Aeropuerto Internacional de Miami por un agente de la CBP (Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza), quien confiscó la carta y lo envió de regreso a La Habana.

Es bien sabido que Rubio desciende de disidentes cubanos y es uno de los miembros de la administración Trump que más críticas ha vertido contra el régimen; si bien, más recientemente, ha salido en defensa de Trump ante el incumplimiento total de sus amenazas de bloquear el transporte marítimo hacia Cuba.

"La carta representaba un intento extraordinario de reactivar las conversaciones con la administración Trump por parte de Raúl Rodríguez Castro, de 41 años —nieto y principal asesor de Raúl Castro—, en un momento en que la isla atraviesa su peor crisis económica en décadas", continuaba el informe. "Trump podría mostrarse más dispuesto a cerrar un acuerdo económico con Cuba manteniendo intacta la mayor parte del régimen —tal como hizo en Venezuela—; un desenlace que resultaría anatema para muchos cubanoamericanos, según señalan los analistas políticos especializados en Cuba".

"Si las negociaciones no derivan en un cambio de régimen, Trump podría enfrentarse a la resistencia de legisladores y votantes cubanoamericanos de línea dura que le han brindado su respaldo con entusiasmo", apuntaba el informe. No obstante, "el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ha declarado que se niega a negociar sobre el sistema político de Cuba", mientras los funcionarios estadounidenses intentan encauzar las conversaciones.

domingo, 19 de abril de 2026

Un día como hoy, Abril 19, en nuestra lucha contra el castrismo.

Un día como hoy, Abril 19, en nuestra lucha contra el castrismo.

Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.

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PROHIBIDO OLVIDAR.

1961

 Los enfrentamientos entre la Brigada 2506 y tropas del régimen castrista van disminuyendo, los últimos reductos del desembarco van cayendo bajo el fuego de tanques, artillería y la aviación. Pérez San Román, jefe militar de la Brigada, pide el apoyo prometido y la respuesta es evacuación; la suya "Jamás abandonaremos nuestra Patria". Las fuerzas invasoras tienen que retroceder durante la madrugada desde San Blas hacia Playa Girón, donde quedan prácticamente sitiadas por las tropas comunistas. En la playa, a la escasez de municiones se une la completa falta de apoyo aéreo, por lo cual los hombres de la Brigada son un blanco fácil para los aviones del régimen cubano. Algunos sobrevivientes de la fuerza invasora cruzaron la bahía de Cochinos hacia el oeste y estuvieron durante algunos días vagando por los densos manglares de la Ciénaga de Zapata, hasta ser capturados.

Los norteamericanos asesores de la Fuerza Aérea de Brigada voluntariamente vuelan al sitio y mueren en combate: Leo Baker, Riley Shamburger, Thomas W. Ray y Wade Gray. Según testigos del momento, Tomas W. Ray fue rescatado con vida, pero el comandante Dr. Fernández Mell lo asesinó; su cadáver congelado fue exhibido por años pero por gestiones de su hija fue llevado a EE. UU. donde le hicieron la autopsia que reveló que su muerte había sido ocasionada por un tiro de arma corta en la cabeza a poca distancia.  

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Domingo Trueba Varona, Nemesio Rodríguez Navarrete, Eufemio Fernández Ortega, Manuel Puig Miyar y Rafael Díaz Hanscon son fusilados en la Cabaña.

Fueron juzgados en la causa 152/61 LH el día anterior.

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Muy temprano en la mañana fueron ejecutados en la ciudad de Pinar del Río, los patriotas cubanos Marciano Bello Martínez, Eligio Caleb Surí Goicochea, Gilberto Betancourt Chacón, Francisco García Guadarrama, Joaquín del Cueto Rodríguez, Manuel Villanueva Barreto, Juan R. Leal Estrada y los ciudadanos norteamericanos Howard F. Anderson y August McNair.

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El Tribunal castrista del Distrito de Pinar del Río, inició el juicio seguido por un delito contra los poderes del estado, contra los acusados Armando Escoto Aloy, Jesús Martínez, Pedro Valdés, Ramón Díaz Calderín y Orestes Quintero Brito, para quienes el fiscal interesó pena de muerte por fusilamiento. En la misma causa, el fiscal solicitó pena de prisión de 30 años para Cármen Valdés, Julia María Martínez y Emiliana Barrios.

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Asesinado en La Habana, el patriota Antonio Rodríguez Calvo.

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Miembros de la milicia revolucionaria de Santa María del Rosario, provincia de La Habana, arrestaron a los sacerdotes Jose Blanco Suárez, José Luis Bellacosta Pérez, Juan Macniff, al sacristán Juan Torres González y al cocinero Segundo Menéndez. Todos fueron acusados de contrarrevolucionarios.

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El miembro de la resistencia Lorenzo Careaga Abreu es fusilado en Pinar del Río.

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Los guerrilleros José Antonio Fábragas Cintas y Narciso Lamas Suárez son fusilados en Los Arabos, provincia de Matanzas.

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Los guerrilleros José Antonio Fábragas Cintas y Narciso Lamas Suárez son fusilados en Los Arabos, provincia de Matanzas.

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Nemesio González es fusilado en los fosos de la fortaleza de La Cabaña, provincia de La Habana.

1962

En el castillo de San Severino en Matanzas son fusilados los guerrilleros Abilio Abreu Sotolongo y Julián Sotolongo.

1963

Caen en el combate de "La lechuga" un barrio de San Antonio de las Vegas muy cerca de Managua, provincia de La Habana cuatro miembros de la guerrilla del Indio: Roberto León Vega alias "Fleje", Eduardo Falcón Monterrey, Eusebio Hernández Piñeiro y Raúl Ramírez González "Rule” Daniel Caldo Reyes alias "el Indio" estaba allí, pero se pudo ir, meses después cae prisionero y lo fusilan el 13 de agosto de 1963.

1964

El colaborador de alzados Jesús Martínez es fusilado en Santa Clara, provincia de Las Villas.

1983

Estados Unidos ordena la expulsión de dos diplomáticos cubanos en un plazo de 48 horas por "actividades hostiles de inteligencia" y les prohíbe de por vida ingresar al país. Los expulsados son Rolando Salup Canto, tercer secretario de la Misión Cubana en Naciones Unidas, y Joaquín Pentón Cejas, attaché. El Departamento de Estado califica las actividades de ambos como "descaradas y dirigidas contra este país".

[Fuente: Itinerario de la subversión cubana. Wilfredo Cancio Isla. El Nuevo Herald 9/23/2019]

2011

Raúl Castro remplaza a Fidel como el Tirano de turno en el Clan que manda en Cuba. 

2018

Miguel Díaz-Canel es designado "gobernante" de Cuba con la sombra de Raúl Castro como primer secretario del PCC.

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MANUEL PÉREZ GARCÍA un verdadero héroe camagüeyano

Written by Demetiro J Perez

16 de febrero de 2022

Por Álvaro J. Álvarez. Exclusivo para LIBRE

No todos los días tenemos el agrado de leer valientes e interesantes historias como la de Manuel Pérez porque empezó su carrera militar siendo un adolescente y la terminó como paracaidista en la Brigada 2506 con 51 años.

Manuel nació en la ciudad de Camagüey el 29 de julio de 1909 cuando el presidente José Miguel Gómez llevaba 6 meses en su cargo.

Era uno de los 8 hijos del matrimonio José Pérez y Soledad García, sus hermanos eran: José Ángel, Alfredo, Antonio, Francisco, Soledad, Josefa y Enrique.

Muy joven ingresó al Ejército Nacional de Cuba, del que eventualmente obtuvo una honrosa baja después de servir en él por varios años y posteriormente emigró a EE.UU.

Casado con la Sra. Onelia Crespo y con seis hijos: Jorge, Guillermo, Rafael, Marta, Mirta y Mayra, el 7 de diciembre de 1941 lo sorprendió el ataque a Pearl Harbor, presentándose voluntariamente para ofrecer sus servicios al país al cual le debía apoyo y lealtad.

Las fuerzas aliadas, bajo el mando del General Douglas MacArthur desembarcaron en la Isla de Leyte el 20 de octubre de 1944, cumpliendo su juramento de volver a Filipinas.

La Isla de Luzón, la más grande y septentrional de las Islas Filipinas y hogar de la capital Manila, sería el próximo objetivo de la Flecha Roja (Red Arrow era el nombre atribuido a la 32 División). Aunque la captura de Manila era el premio obvio de esta campaña, el Teniente General Walter Krueger, comandante del Sexto Ejército, esperó hasta que la 32.ª División y la 1.ª División de Caballería llegaron a Luzón el 27 de enero de 1945, 18 días después de que las fuerzas estadounidenses hicieran una sorpresivo asalto anfibio en el golfo de Lingayen, en el camino hacia la capital.

SUS CONDECORACIONES

 Manuel se alistó el 12 de enero de 1944, sirvió unos 14 meses en combate.

Según sus documentos, las condecoraciones y citas de Pérez-García incluyen una Estrella de Plata con racimo de hojas de roble, y una Estrella de Bronce.

Roberto Acuña, su nieto, dijo que su abuelo ganó la medalla Corazón Púrpura después que una bala le rozara la cabeza en mayo de 1945. Regresó al campo de batalla con una placa de metal en el cráneo.

El PFC (soldado de primera    con esta insignia en el brazo) Manuel Pérez-García, del 126th de Infantería, “un soldado diestro en eliminar japoneses que había nacido en Cuba”, fue saludado en un pequeño y pulcro relato de cómo el reportero de Red Arrow News había ido al hospital para entrevistar a este soldado de 37 años a quien se le atribuía el matar o capturar a 83 japoneses y ser además, un soldado modelo. Resultó que el chico ejemplar estaba ausente sin permiso, pero solo del hospital. Regresó con su equipo y salió en una patrulla de 6 días.

A lo largo de los años, Pérez-García les contó a sus familiares y amigos lo que, su nieto Acuña llama sus hazañas de la II Guerra Mundial. Las historias, incluída la captura del famoso japonés el General Tomoyuki Yamashita, «El Tigre de Malasia».

RECIBIÓ A YAMASHITA

Según versiones el Pentágono no le otorgó el crédito de haber sido el soldado que recibió a Yamashita cuando llegó al campamento para entregarse porque, tenían otro Manuel Pérez en record. Pero esto no tiene explicación posible porque como yo estoy poniendo en la nota más abajo, este soldado de Oklahoma y de origen mejicano murió en combate el 14 de marzo de 1945 o sea que cuando Yamashita se entregó el 2 de septiembre de 1945, él estaba ya muerto.

El sargento Manuel Pérez-García insistió durante toda su vida que fue él y no el otro soldado el que capturó al general japonés.

El Teniente General del Ejército Imperial Japonés Tomoyuki Yamashita (conocido como el Tigre de Malasia) fue encargado de la defensa de Las Filipinas, derrotado decisivamente en las sucesivas campañas de Leyte y Luzón, Yamashita rehusó rendirse, refugiándose en el intrincado terreno de esa isla norteña de Luzón.

Cuando Japón decidió capitular en agosto del 1945, Yamashita, obedeciendo a sus superiores, descendió de su refugio montañoso el 2 de septiembre, con su estandarte, su sable y pistola.

El primer soldado norteamericano que se encontró Yamashita, fue el camagüeyano quien le quitó todo eso y aceptó la capitulación del Jefe de todas las fuerzas japonesas en las Filipinas. No fue por casualidad que el general japonés se tropezara con Pérez-García porque él siempre estaba en primera línea cazando a los remanentes de su Ejército.

El guerrero cubano siempre luchaba en avanzada, por lo que había sido herido repetidamente en el sangriento combate cuerpo a cuerpo de Luzón. Sumando más de 80 condecoraciones y otras muchas citaciones por valor frente al enemigo.

La Campaña de Luzón terminó oficialmente el 4 de julio de 1945, aunque la 32.ª División continuó con operaciones activas contra las fuerzas japonesas hasta el 15 de agosto, y aunque algunos hombres esperaban ser enviados a casa, la mayoría anticipó que su próxima misión sería invadir el propio Japón.

La posición en el archipiélago se consolidó con la batalla de Luzón tras un fuerte combate. Con la reconquista de las Islas, MacArthur trasladó su cuartel general a Manila, con el fin de planificar la invasión de Japón, prevista para finales de 1945, la cual no se produjo por la rendición del Japón después de la segunda bomba atómica, el 9 de agosto.

Cuando la Segunda Guerra Mundial llegó oficialmente a su fin, la División Flecha Roja (Red Arrow) había pasado 654 días en combate en el Pacífico Sur, más que cualquier otra División durante la II Guerra Mundial.

SU REGRESO A LA VIDA CIVIL

Manuel Pérez-García fue dado de baja con honores el 18 de diciembre de 1945, como Sargento de Estado Mayor de la 126ª Brigada de la 32ª División de Infantería. Se quedó viviendo en los EE.UU y trabajando como mecánico.

SU HIJO

Al estallar la guerra de Corea en junio de 1950, la cual fue provocada por la agresión militar de la comunista Corea del Norte a Corea del Sur, su hijo Jorge Pérez Crespo se inscribió en el Ejército de los EE.UU siguiendo el ejemplo de valentía de su padre y estuvo 2 años en entrenamiento hasta que llegó a la península de Corea.

Jorge alcanzó el grado de sargento en una División de Tanques pasando luego a la Infantería y allí peleando fue donde encontró la muerte el 4 de mayo de 1952.

Su cadáver embalsamado y su féretro cubierto con la bandera americana recorrió una larga trayectoria, primeramente llegó a Japón, luego a California de allí hasta Nueva York para ser embarcado en el vapor Varagua con rumbo hacia La Habana, acompañado por su padre Manuel.

El martes 15 de julio de 1952, a su llegada al muelle de la Gran Flota Blanca fue recibido por su abuela Soledad García sus hermanos, tíos y miembros de los distintos cuerpos de las Fuerzas Armadas Cubanas.

Ante una guardia de honor formada por 16 marinos, seis de ellos cargaron el féretro hasta la carroza fúnebre que lo transportó hasta el lugar donde se efectuaron los servicios funerales.

Su hermano Guillermo Pérez Crespo que también se había alistado en el Servicio Militar había llegado dos días antes (domingo 13) para estar presente en los funerales de su hermano.

Manuel, su padre, cuando supo de la muerte de su hijo se había presentado en las oficinas de reclutamiento para alistarse como voluntario y participar en la Guerra de Corea pero fue rechazado por tener una edad fuera de los códigos militares.

CON EL PRESIDENTE TRUMAN

A su casa de 11 Old Brodway, Bronx, Nueva York, el presidente, Harry S. Truman, le envió una carta a Manuel Pérez-García el 9 de junio de 1952 donde le decía:

Mis ayudantes me informaron que usted visitó Washington, D.C. hace unos días para ofrecerse de voluntario al ejército de los Estados Unidos con la idea de servir en Corea, donde su hijo, el sargento Jorge Pérez Crespo, recientemente ofreció su vida.  Desgraciadamente usted tiene seis años por encima de la edad máxima de acuerdo con las regulaciones del ejército. Sin embargo, quiero que sepa lo mucho que aprecio su intenso patriotismo y disposición para defender a nuestro país contra sus enemigos”.

 El presidente Truman y las regulaciones de su Ejército no permitieron al veterano altamente condecorado de la II Guerra Mundial fuera a pelear a Corea, pero 8 años después cuando Manuel se enteró que estaban reclutando cubanos para pelear contra el comunismo en Cuba, enseguida se inscribió, aquí si fue aceptado y con 51 años. Le asignaron el № 3136 y fue transportado en un avión para recibir entrenamiendo en los campamentos de la Brigada 2506, en Guatemala.

A pesar de su edad fue aceptado en el cuerpo de paracaidistas cuyo Jefe era Alejandro del Valle. Compartió el entrenamiento rudo y riguroso con compañeros hasta más de 30 años más jóvenes, sin la menor queja ni jactancia. Era disciplinado como el que más y no titubeaba en regañar duramente a sus compañeros al verlos violar esa disciplina. En suelo cubano combatió con valentía y arrojo.

LLEGÓ A GIRÓN

En la madrugada del 17 de abril de 1961, Manuel fue uno de los primeros Brigadistas en pisar suelo cubano como miembro de la 3ra. Escuadra de la Compañía “A”, del Batallón 1 de Paracaidistas que cayeron detrás y frente a las líneas castristas, con el mérito de haber sido uno de los primeros en entrar en combate.

Unos pocos días después supo enfrentar la derrota y la prisión con honor y estoicismo y encarando a sus carceleros con tal increíble desafío que lo tomaban por loco.

NO CONOCÍA EL MIEDO

Pérez-García fue capturado y condenado junto con el resto de los Brigadistas a 30 años de trabajo forzado. El Brigadista camagüeyano Camilo Samayoa Álvarez (#3201) estuvo preso con Manuel Pérez-García en el Castillo del Príncipe.

Camilo presenció un acto de confrontación de Manuel con un grupo de soldados, cuando se subió a un muro del patio que se encontraba a unos cinco pisos más arriba el foso de la prisión.  En el foso había una garita de soldados y comenzó a gritarle a los guardias que ellos eran unos cobardes.

Los soldados le ordenaron que se bajara inmediatamente del muro pero él rehusó y les gritó que le dispararan al pecho.

Los Brigadistas que presenciaron junto a Camilo ese acto de confrontación y valentía le rogaron que se bajara del muro. Inclusive estaba en peligro de caerse y morir. Después de unos 20 minutos, Pérez-García se bajó. Camilo concluyó que su amigo y compañero de Brigada, no conocía el miedo.

Manuel pasó unos 20 meses en la cárcel hasta que se produjo la liberación de los Brigadistas el 24 y 25 de diciembre de 1962. Pérez-García volvió a su oficio de mecánico. Cuando cumplió 100 años la Brigada 2506 y sus amigos le ofrecieron un banquete que fue cubierto por la prensa local.

MUERTE Y DESCENDENCIA

Manuel Pérez-García murió el 9 de octubre de 2011 en el Hospital Monte Sinai, en Miami Beach a la edad de 102 años. Allí se encontraban su esposa, hijos y nietos. Hasta la fecha es el Brigadista que ha vivido más años.

 Su nieto, Roberto Acuña dijo que las cenizas de su abuelo iban a ser enterradas en el Cementerio Nacional de Arlington, Virginia y un tiempo después allí se realizó la ceremonia final con la presencia de su esposa Onelia de 93 años, sus hijas Mayra, Mirta y Brigadistas de la 2506.

Ese día se pudo escuchar aquellas palabras del presidente Truman…”aprecio su intenso patriotismo”.

En la Casa Museo del 1821 SW 9 St. sus campañeros Brigadistas le habían honrado con un servicio funeral el 12 de noviembre de 2011.

El museo tiene una caja con sus numerosas condecoraciones y cuelgan en la pared una bandera japonesa de combate y la bandera de los Estados Unidos que cubrió el ataúd de su hijo Jorge.

Después de Audie Murphy, que luchó en Europa, Pérez-García fue el soldado de infantería que más enemigos mató, logrando el sorprendente total de 83 soldados japoneses muertos en combate.

Manuel Pérez-García, valiente camagüeyano, héroe y patriota de Cuba y EE.UU.

La 32.a División reclamó los siguientes registros durante la Segunda Guerra Mundial:

654 días de combate, más que cualquier otra división en la guerra.

 15,696 horas de combate, más que cualquier división y el 48 % del tiempo total que EE. UU estuvo en la II GM.

41 meses en el extranjero, con más de 21 meses en combate.

Responsable de 35,000 soldados japoneses muertos en acción.

11 Medallas de Honor.

157 Cruces de Servicio Distinguido.

49 Legión al Mérito.

845 Estrellas de Plata.

1,.854 Estrellas de Bronce.

98 Medallas Aéreas.

78 Medallas de Soldado.

11,.500 Corazones Púrpura.


sábado, 18 de abril de 2026

Cuba: Sobre espías y delatores

 Cuba: Sobre espías y delatores

Mientras los dirigentes de las sociedades democráticas trabajan para el beneficio de sus pueblos o procuran neutralizar las amenazas de sus enemigos sistémicos, existen gobiernos como el de Cuba, que oprimen a sus gobernados, mientras, disfrutan espiar y desestabilizar a sus vecinos.
El totalitarismo castrista se forjo en la represión a los ciudadanos y en la subversión a sus vecinos. Labor de desestabilización que cumplió simultáneamente con una penetración constantes en organismos internacionales como Naciones Unidas, donde cuenta, hasta el presente, con un numero de cómplices que le han otorgado inmunidad para todas sus tropelías, tema para otro comentario.
Antes del triunfo de la insurrección, 1959, los hermanos Castro instrumentaron un rudimentario servicio de espionaje que perfeccionaron con el tiempo, llegando a ser muy eficiente, según conocedores de esas prácticas.
El castrismo, incapaz de producir riquezas, pero muy competentes en la gestación de espías, delatores y esbirros, se dedicó a espiar las actividades de las fuerzas de Fulgencio Batista, mientras, desarrollaba una función similar entre sus propios partidarios y aliados, como fueron las otras organizaciones que combatían al régimen.
Posterior al triunfo de la insurrección crearon los Comités de Defensa de la Revolucion,1960. Un aparato de vigilancia y represión sumamente útil para la persecución de los opositores, muchos de los cuales terminaron fusilados o en  prisión.
Fatalmente, lo he comentado en mas de una oportunidad, la habilidad destructora de los Castro ha sido siempre subestimada por sus enemigos, lo que confirma una tesis de mi recordado amigo Rodolfo Santos Lara quien afirmaba, “siempre hay gentes dispuestas a confiar en un mentiroso”, juicio que en cierta medida, se aprecia cuando recordamos lo que en enero de 1959 dijera el doctor Jose Miro Cardona, a la sazón primer ministro del gobierno revolucionario, al doctor Jose Ignacio Rasco, a una pregunta de este sobre Fidel, le dijo, que no se preocupara por lo que Fidel pudiera hacer ya que él lo manejaría con la punta de los dedos. Craso error, en menos de un mes dejo el alto puesto, partiendo despues para el exilio.
Esta reflexión es consecuencia de una reciente publicación que expone la preocupación de Buro Federal de Investigaciones, FBI, sobre la capacidad del régimen castrista de formar un peligroso servicio de espionaje con el objetivo de infiltrar al gobierno de Estados Unidos.
Pertinente que la agencia federal haga ese llamado, porque el castrismo, como el cocodrilo, es particularmente agresivo y ataca, porque su naturaleza le impulsa a hacerlo. El sistema castrista este forjado en la propuesta guevarista de “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”.
Para el castrismo espiar y eliminar al enemigo, marchan juntos. Durante años, espiaron a los pilotos de Hermanos al Rescate hasta que asesinaron a cuatro de sus integrantes como lo demostró la tristemente famosa red avispa, sin pasar por alto el espionaje de altos funcionarios del gobierno federal como fueron la espía Ana Belen Montes y el también agente Víctor Manuel Rocha, sujetos que causaron grandes daños a la Seguridad Nacional de este país.
Sin embargo, hay un sector que al parecer demanda una mayor atención según señala el intelectual cubano exiliado Jorge Luis Lanza, quien afirma que los intercambios académicos entre Estados Unidos y Cuba son una zona de peligro para la seguridad estadounidenses.
Afirma, Lanza, que “esos intercambios académicos han sido usados por la maquinaria de inteligencia y propaganda cubana para espiar y reclutar potenciales agentes de influencia y ejercer esquemas de propaganda contra los EE. UU. y en beneficio del régimen”.
El totalitarismo castrista tiene más de una ONG. dedicada a la tarea de reclutamiento y captación como el ministerio de Cultura, la UNEAC, la Casa de las Americas, destacándose entre todas el Instituto de Amistad con los Pueblos, ICAP, una entidad que durante años ha estado dedicada en la detección de resentidos dispuestos a traicionar a su país, así que podría ser provechosa una investigación detallada de los intercambios académicos y de cómo el totalitarismo cubano usa las invitaciones de la Academia y organizaciones estadounidenses, para infiltrar a sus agentes o influenciar ideológicamente en los participantes.
El castrismo es peligroso. No lo subestimen.
 
 
 
 
 

Pedro Corzo
Periodista
(305) 498-1714
TWITTER: @PedroCorzo43