martes, 28 de noviembre de 2023

EN DIRECTO CON ELIECER AVILA (28 NOV 2023)

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Silverio desde un escenario muy singular para todos los cubanos!

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lunes, 27 de noviembre de 2023

Alex Otaola en vivo, últimas noticias de Cuba - Hola! Ota-Ola (lunes 27 ...

Un día como hoy, noviembre 27, en nuestra lucha contra el castrismo.

Un día como hoy, noviembre 27, en nuestra lucha contra el castrismo.
 
Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.
 
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PROHIBIDO OLVIDAR. 
 
1871
 
Los estudiantes de Medicina Juan Pascual Rodríguez Pérez (21), Alonso Alvarez de la Campa y Gamba (16), Carlos Verdugo y Martínez (17), Anacleto Bermúdez y González de Piñera (20), José de Marcos y Medina (20), Angel Laborde y Perera (17), Carlos Augusto de la Torre y Madrigal (20) y Eladio González Toledo (20) son fusilados por las autoridades coloniales españolas. A las cuatro y veinte minutos comenzaron las descargas de fusilería en la explanada de La Punta, frente al Castillo de los Tres Reyes del Morro. Fueron cuatro en total. Cada una de estas segaba la vida de dos jóvenes estudiantes de Medicina, injustamente condenados a muerte por la falsa acusación de profanar la tumba de Don Gonzalo Castañón Escarazo, exdirector del periódico anticubano La Voz de Cuba.
 
Los números entre paréntesis corresponden a la edad de cada uno de los estudiantes. 
 
1959
 
 La Autonomía Universitaria, uno de los grandes logros históricos del estudiantado cubano, es mancillada cuando las Milicias Universitarias desfilan armados por primera vez en los predios de la Universidad de La Habana en respaldo al régimen castrense del Tirano Castro.
 
1960
 
Un grupo de presos políticos conducidos en traslado desde Las Villas a Isla de Pinos intentan sin éxito desarmar los custodios al estar cruzando el puente de Bacunayagua con el saldo de un militar muerto y el preso Israel Machado herido de gravedad.
 
*****
 
La familia campesina integrada por Agapito Rivera Milián, “El Guapo”,sus hermanos Estanislao y Francisco y sus primos hermanos Venancio y Leocadio se alzan en la zona norte de Las Villas. Otros campesinos se le suman en el empeño, Juan Manuel Rivera Pérez, Emilio Rivera Pérez y Gabriel Rivera Orta. Esta fuerza guerrillera va a unirse a la dirigida por José Martí Campos Linares,”Campito” quien fungiría con el tiempo como jefe de todas las fuerzas guerrilleras de la llana región del norte de la provincia de Las Villas.
 
1962
 
 El militar de guardia en la torre central de vigilancia de la circular 2 del Presidio de Isla de Pinos abre fuego contra los presos hiriendo en la femoral al sexagenario Rafael Balart natural de Santiago de Cuba.  La orden fue dada por el médico militar conocido como “Pedro Cinco Pico” natural de Vega Alta, LV.
 
1965
 
Germán Pérez Santana, acusado de infiltrarse en la isla desde el extranjero y mantener contactos con la guerrilla de Vale Montenegro, es fusilado en el Castillo de San Severino, Matanzas. 
 
(Testimonio de su hijo Germán Pérez López en carta al Presidio Político Cubano desde la Base Naval Norteamericana de Guantánamo cuando el éxodo marítimo de 1994).
 
*****
 
 Juan Manuel Rivera Pérez, integrante de una de las guerrillas que operaban en la zona norte de Las Villas y Matanzas es fusilado en el castillo de San Severino. Rivera es uno de los 12 miembros de esa familia que cayeron combatiendo el castrismo. 
 
1966
 
Ramón Gallardo, Waldemar Romero y Raúl Vilán son fusilados en la fortaleza de La Cabaña. 
 
1967
 
Eduardo Cárdenas García, acusado de realizar sabotajes es fusilado en La Cabaña. 
 
1998
 
En la sede del Tribunal Popular Provincial de La Habana un centenar de opositores realizan una cadena de oración cuando iba a ser juzgado el   periodista independiente Mario Julio Viera; el Dr. Oscar Elías Biscet y la activista invidente Milagros Cruz Cano fueron detenidos.
 
2020
 
Artistas, intelectuales y otros miembros de la sociedad civil se manifiestan frente al Ministerio de Cultura de la tiranía para exigir respeto a la libertad de creación entre otros derechos. 
 
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Fusilados en La Cabaña.    Idolidia Darias                                                                                         06/21/2012
 
Catorce hombres fueron fusilados el 22 de junio de 1964 en los fosos de la fortaleza La Cabaña, en La Habana. Todos se habían levantado en armas en el Escambray en diferentes fechas, pero con el mismo ideal: combatir con las armas el poder que predominaba en el país e impedir que la nación tomara el camino del comunismo.
 
Cientos de cubanos se establecieron en las montañas situadas en la antigua región Escambray en el centro del país y desde allí iniciaron la ofensiva contra el poder por la única vía que creyeron posible en aquel momento –la lucha armada.
 
Muchos hombres de diferentes partes del país renunciaron al acomodo y los beneficios que daba quedarse en sintonía con las órdenes de Fidel Castro y subieron a las montañas a combatir. Otros desde la misma región del Escambray, dejaron sus humildes viviendas y se sumaron para evitar que sobre el país cayera una larga noche.
 
La confrontación entre ambos contendientes duró años. Hubo batallas y enfrentamientos desiguales porque el régimen contaba con todos los recursos y armas mientras los insurgentes cada vez tenían menos con que enfrentar las embestidas miliares del poder. Los enfrentamientos dejaron muertes en ambos bandos y la contienda cada día se tornó más complicada.
 
Después de casi cuatro años muchos insurgentes resistían más con el corazón que con lo material. Habían caído en los enfrentamientos varios de los organizadores principales de la resistencia en el Escambray y otros fueron apresados, fusilados o confinados en las cárceles del país.
 
El gobierno había empleado toda la logística posible para desarticular todos los focos que persistían y capturar a varios de los líderes alzados que se mantenían en las montanas. Surgió un plan en el que un agente del régimen, Alberto Delgado, se hizo pasar por hombre de confianza de los alzados y les propuso sacarlos del país por vías clandestinas.
 
Luego de algunos ajustes y propuestas el grupo comandado por Julio Emilio Carretero partió el 9 de marzo de 1964, del Escambray hacia la costa donde “supuestamente los recogería un barco que los sacaría del país” y fue capturado según los archivos del régimen el 28 de ese propio mes.
 
Aunque no se conocen las fechas con exactitud y muchas d elas informaciones permanecen muy bien guardadas en los archivos de la Seguridad del estado en Cuba se conoció que todos fueron detenidos dentro del barco y semanas después fusilados en los fosos de La Cabaña en la Habana.
 
Según se ha podido constatar por los datos que ha brindado el propio régimen y por otros que han compuesto algunas familiares y sobrevivientes de aquella etapa fusilados fueron procesados en la Causa 344/64 y sus nombres eran:
 
Julio Emilio Carretero Escajadillo.
 
Maro Borges.
 
Irineo Borges.
 
Cuco Cedeño.
 
Macho Jiménez.
 
Raúl Morel Viciedo.
 
Benito Rodríguez Pedraja.
 
Andrés Oramás.
 
Tomas García Valle.
 
Vale Hernández.
 
Blas Ortega.
 
Manuel Manso LaGuardia
 
En el grupo también estaba Zoila Águila, La niña del Escambray, que fue juzgada y condenada a 30 años de cárcel.
 
No se tienen muchos datos personales ni fotos de los cientos de hombres que murieron en el Escambray o que fueron fusilados por las fuerzas del régimen que siempre los llenó de maculas e improperios y los responsabilizo por todas las muertes y ejecuciones que ocurrieron en una zona.
 
El Escambray vivió un conflicto social muy fuerte donde ambos contrincantes cometieron excesos y crímenes, sin embargo a lo largo de las décadas la historia la han contando los vencedores, y la peor parte la han cargado los aniquilados, fusilados o encarcelados.
 
Julio Emilio Carretero que nació en la zona de Trinidad Cuba en 1928 se alzó contra la dictadura comunista en 1960 y se incorporó al grupo que comandaba Osvaldo Ramírez García en el verano de 1960.
 
Eduviges Zúñiga que se alzara en el Escambray recuerda:
 
Estaba el rumor de que aquello era comunismo y nosotros nos pusimos renuentes. A mí particularmente no me gustaba como se presentaban las cosas y cuando yo me sumé al grupo el 26 de agosto de 1960 allí había acabado de llegar Julio Emilio Carretero Escajadillo con quien mantuve las mejores relaciones. De él recuerdo que era un hombre muy valiente y a quien Osvaldo Ramírez le tenía mucha confianza.
 
José Fernández Vera, colaborador de alzados en el Escambray conoció personalmente a Julio Emilio Carretero y de él recuerda: “La segunda etapa la hicieron los campesinos, los estudiantes y los hombres de pueblo. Fue nuestra guerra, la de los cubanos humildes, la de los hombres de bien que no queríamos el comunismo para Cuba. En esa segunda parte yo me dediqué a colaborarle a los alzados en lo que se presentara.
 
Yo en algunas ocasiones subía directamente hasta donde estaba Julio Emilio Carretero y le llevaba algún emisario si me lo pedían y bajaba alguna orientación si era necesario. En una ocasión me dijeron que llevara un hombre allá a hablar personalmente con Carretero. Lo en recogí en Sta. Clara y lo llevé hasta allá para que contactaran directamente ambos, cuando terminaron de hablar el propio Carretero me dijo – aquí arriba no traigas a nadie más, ven tú solo y lo que haya que decirme que seas tú el portador; las cosas se están poniendo muy malas y están ocurriendo traiciones. Y así ocurrió tiempito después, producto de una traición que le hicieron a Maro Borges y a Carretero cayeron él y todos los de su grupo y fueron fusilados el 22 de junio de 1964 en La Cabaña en La Habana.
 
 
 
 
 


Nuevo Reporte sobre las situación de los niños en Cuba que requieren ate...

EN DIRECTO CON ELIECER AVILA (27 NOV 2023)

Tres años del 27N

Amiga de Díaz-Canel en problemas con la justicia en EEUU

MADRE cubana tiene CASA gracias a REDES SOCIALES y no por autoridades

Hay de todo como en botica!

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Alejandro Socorro: “CUBA me produce MUCHA TRISTEZA”

Argentina y Cuba, un penoso legado

Argentina y Cuba, un penoso legado

 

La victoria de Javier Milei puede conducir a Argentina a un mejor destino si logra quebrar el legado populista de Juan Domingo Perón, como califican el periodista internacional Leandro Gasco y el analista Celso Sarduy, la política clientelar iniciada por el general y político, reiterada por sus sucesores.

Perón fue un caudillo populista que tuvo la habilidad de comunicarse con las clases populares y hacerles creer, no solo una vez, sino en tres ocasiones, que solo él era capaz de resolver los problemas de la nación.

Para estos conocedores de la situación del gran país del cono sur, la herencia populista de Perón y sus seguidores, ha lastrado negativamente a un sector importante de la población con una nociva dependencia del estado. En su opinión, la política clientelar del peronismo solo genera parásitos del estado, un padecimiento que puede repetirse en otros países como Cuba cuando desaparezca el totalitarismo.

El Peronismo o Justicialismo trascendió a su fundador. Sus seguidores heredaron un movimiento con fuerte base popular y con un prontuario de promesas y oportunidades tan amplias que ha permitido a un amplio sector de más de cinco generaciones de argentinos llamarse peronistas, cuando en realidad algunas de las corrientes que integran el movimiento son tan contrarias que es de suponer que la convivencia partidaria sea muy difícil.

Esta afirmación tiene fácil comprobación cuando apreciamos que el presidente Carlos Saúl Menem se decía peronista, otro tanto afirmaba Néstor Kirchner y continúa alegando su viuda, la expresidenta Cristina Fernández.

Peronista también fueron grupos terroristas y facciones insurgentes dadas a la violencia extrema, como los Montoneros y las FAP, Fuerzas Armadas Peronistas, estrechas aliadas del castrismo.

De igual manera se identifican movimientos sociales que recurren a la desestabilización cuando los intereses de su clase dirigente son afectados en alguna medida por las disposiciones del gobierno, sea este de la corriente peronista o no.

Es posible que muchos de los principales promotores del peronismo ignoren en qué consisten o consistieron las propuestas del militar y político, y solo usan al caudillo como icono en el cual amparar sus ambiciones de poder y no pocos, de enriquecimiento ilícito.

Todos son conscientes que la memoria colectiva de la nación argentina valora la herencia del justicialismo de manera positiva, lo que no se ajusta con la verdad histórica, cuando se estudian con detenimiento los logros de los gobiernos de Perón y sus émulos.

Comparto la idea de que lo que acontece en la Argentina, puede ocurrir en Cuba, llámese castrismo o fidelismo. En la isla se pueden reeditar los patrones del justicialismo, con el agregado de que podría ser un proyecto de carácter internacional, si se tiene en cuenta la visión imperialista que Fidel y Raúl Castro proyectaron mientras les fue posible.

El legado castrista podría ser capaz de aglutinar a personas de diferentes intereses, ideas y valores, pero identificadas en un discurso y quehacer político sustentado en la promesa de crear una sociedad justa, aunque en la práctica, como ha ocurrido hasta el presente, se violen todos los derechos ciudadanos, sin procurar la justicia y equidad publica ofrecida.

El castro fidelismo tiene tantas posibilidades de sobrevivir como el justicialismo peronista. El poder totalitario confiere muchas más capacidades de penetración social y manipulación política que cualquier otra forma de gobierno.

Durante décadas el falso estado benefactor ha controlado la educación y la información, lo que le ha permitido adoctrinar a la sociedad, mientras, entre muchos ciudadanos, se ha creado un espíritu de dependencia que hace factible que cuando desaparezca el liderazgo castrista, un sector de la población, como ha ocurrido en Argentina, tienda a mitificar la supuesta justicia social que la Revolución implicó, pasando por alto las múltiples violaciones de los derechos ciudadanos y el fracaso económico del proyecto.

El castro fidelismo puede ser el modelo al que recurran los nostálgicos de la época en la que en Cuba se retaba el sentido común y hundían a la nación, interviniendo en países de América Latina, Asia y África.

Este legado puede reunir un número importante de teóricos que, proclamando rectificar los errores y abusos de la Revolución, propongan una utopía reformista a la que se sumaran resentidos sociales, envidiosos de oficio, sujetos que buscan en la política su redención y el enriquecimiento ilícito.  



 

Pedro Corzo
Periodista
(305) 498-1714
TWITTER: @PedroCorzo43



UN ESTADO DE DERECHO PUEDE SER UNA TIRANÍA

domingo, 26 de noviembre de 2023

El impacto de la victoria de Milei: ¿Cómo resonará en Cuba, Venezuela y ...

Un día como hoy, noviembre 26, en nuestra lucha contra el castrocomunismo.

Un día como hoy, noviembre 26, en nuestra lucha contra el castrocomunismo.
 
Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.
 
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PROHIBIDO OLVIDAR.
 
1960
 
Un grupo de 25 exilados al mando del comandante Víctor Paneque "Diego" infructuosamente trata de desembarcar en Oriente con el fin de crear un frente guerrillero. En el grupo había una mujer, Dora Delgado Solurais, “La Japonesa” quien lo arriesgó todo por la libertad de Cuba. 
 
*****
 
El Tribunal castrista de la Fortaleza de la Cabaña, integrado por Pelayo Fernández Rubio Cardoso, Carlos Fonseca Delfín, Ramon Martínez Fernández, Pedro Rodríguez Fonseca y Mario Condis Espinosa, en Ia causa 549 del presente año, sancionaron por delito contra los Poderes del Estado a Ernesto Aguiar Hor ta, Emigdio Acosta Pérez, Pascual de Armas Rodríguez, Juan Armenteros Her· nández. Alejandro Acosta Sánchez, Israel Abreu Abreu, Elio Cabrera Borrego, Juan Fernández Pie, Juan García Hernández, Roger García González, Minervino Gobea Morera, Florentino Incer San Román, Guillermo Mujica Plasencia, Jose Miguel Monteslnos, Pedro Mejías González, Aleido Medina Jiménez, Sergio Puentes Jiménez, Francisco Luis Puentes Jiménez, Julio Aurelio Puentes Jiménez,  Juan Cristóbal Pérez Vázquez, Arnaldo Pérez González, Gabriel Peña González, Pablo Pacheco Cabeza, José Angel Pérez Llorens, Luis Rodríguez Martínez y Flores Romero Pérez. 
 
1962
 
El guerrillero Pablo Triana Rodríguez muere en combate en la finca La Diana, Barrio San Andrés, Sancti Spiritus, Las Villas.
 
*****
 
José Valdivia Ríos, Enrique Hidalgo, Papo Ramírez, Roberto Torrado, José Gorra y Miguel Campa Ojeda mueren en combate en Las Villas contra tropas del régimen comunista. 
 
1963
 
El régimen comunista cubano decreta la Ley del Servicio Militar Obligatorio para varones mayores de 15 años, con ello ponen también un freno a las familias que deseaban emigrar ya que sus hijos en edad militar no podían abandonar el país.  
 
1975
 
Ramón Lago Santoyo, miembro de uno de las organizaciones del clandestinaje anticastrista es fusilado en Manzanillo, Oriente. 
 
1983
 
El opositor Felipe Santos es asesinado en Guanajay, provincia de Pinar del Río.
 
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HEROÍNAS DEL PRESÍDIO POLÍTICO     PATRICK FARRELL / MIAMI HERALD 
 
NOTA: Georgina (Yoyi) y su eposo, Orlando Castro, son admirados amigos nuestros. A Orlando lo conocí en la Universidad de La Habana, y trabajamos juntos en Sabatés. Orlando participó en el 26 de julio de 1953. El grupo de Fidel Castro atacó el cuartel Moncada en Santiago de Cuba. Orlando y otro grupo atacaron el cuartel de Bayamo. Pudo esconderse en el monte, y hacer contactos que le permitieron regresar a La Habana y asilarse en una embajada. Después del triunfo de la revolución, lo recuerdo vívidamente, mi esposa y yo lo visitamos, y nos dijo que Fidel iba a ser un tirano. Conspiró y lo detuvieron, cumpliendo 20 años de condena. Cuando salió de la carcel vino a EEUU y se ubicó en Miami, donde conocimos a Yoyi, con quien se había casado en Cuba. 
 
Pasó 16 años, nueve meses y cuatro días en las cárceles de Fidel Castro, pero a Georgina Cid todavía la atormenta lo que ocurrió el 7 de diciembre de 1969. En aquel frío amanecer de diciembre de 1969, estando presa, la llevaron a una habitación en una granja de trabajos forzados en las afueras de La Habana que tenía el nombre orwelliano de América Libre. Dos interrogadores le dieron, como opción única, un ultimátum imposible: denunciar las actividades anticastristas de su grupo o que mataran a su hermano mayor que había estado realizando acciones respaldadas por la CIA desde Miami. 
 
Georgina ya había perdido a su hermano menor, Eladio Jr., durante la dictadura de Fulgencio Batista en el ataque de la policía a la embajada de Haití donde el joven había buscado asilo en 1956. Y ahora tenía que enfrentarse a estos dos sujetos sólo meses después de que su padre, Eladio, muriera de un infarto cuando era interrogado por las fuerzas de Castro. ¿Acaso suponían ellos que debía ayudar al régimen? "Les dije: ‘Estoy dispuesta a entregar mi vida por la de mi hermano porque él es mejor de lo que yo soy, y más útil también'', dijo, mientras se limpiaba las lágrimas en su casa de Miami. ‘‘Pero no puedo hacer eso. Esto es una lucha, y no puedo arriesgar la seguridad de nadie para salvar a mis seres queridos''. 
 
Francisco "Paco'' Cid --golpeado, demacrado y esquelético mientras abrazaba por última vez a su hermana presa-- fue ejecutado frente a un pelotón de fusilamiento, dejando a su viuda Ofelia Rodríguez en la cárcel y a un hijo pequeño. 
 
Miles de mujeres como Georgina Cid han tenido que tomar decisiones terribles. Pero mientras los prisioneros políticos han capturado el mayor interés, las mujeres, en gran medida, han tenido que mantener en privado sus recuerdos. 
 
Cuando fueron puestas en libertad en los años 1970s y 1980s, pasaron a reconstruir sus vidas en el sur de la Florida. Algunas consiguieron títulos académicos, otras tuvieron que hacer trabajos domésticos. Muchas se casaron con antiguos prisioneros políticos, los que mejor comprendían su dolor y su orgullo. 
 
Ahora, en el crepúsculo de su batalla, las antiguas prisioneras políticas que quedan - muchas de ellas llamadas plantadas porque rehusaron los programas de reeducación marxista - comparten un vínculo precioso. Sus historias, que raramente se escuchan fuera de los círculos de cubanos exiliados, son un testamento a su intrepidez y a su espíritu de desafío en una época cuando se esperaba que la mayoría de ellas - cubanas y americanas por igual - fueran dulces amas de casa y no armadas conspiradoras por la democracia. 
 
Georgina Cid no había cumplido los 25 años cuando fue sentenciada a 20 años en 1961 por esconder una pistola "para conspirar contra los poderes el estado'', contra una revolución que ella había abrazado tras la muerte de Eladio hijo. 
 
Cuando llegó a Miami en 1979 se había convertido, como tantas otras cubanas de su época, en un símbolo de un doloroso orgullo que jamás pudo ser quebrantado por sus brutales carceleros. 
 
La mayoría de las presas políticas habían defendido la revolución, pero se volvieron contra ella cuando Castro dejó de hablar de construir una democracia y, en vez de eso, se puso a hacer cárceles. 
 
Así que las mujeres escondieron a jóvenes conspiradores, prepararon cócteles Molotov, trasladaron armas y distribuyeron propaganda anti-castrista. Se robaron las armas de sus padres fidelistas para llevarlas a la clandestinidad, aprendieron a montar estaciones de radio para hablarles a las masas o, como Zolia Aguila, conocida como la Niña del Escambray, subieron a las montañas de la parte central de Cuba para combatir contra el nuevo ejército revolucionario. Hicieron de todo con la esperanza de que el pueblo se alzara contra el dominio comunista de su joven nación. No era fácil hacerlo en un clima de terror alimentado por una TV que, todos los días, durante horas, mostraba sangrientos fusilamientos. 
 
En la cárcel, las mujeres eran implacablemente castigadas, lo que sólo servía para unir aquella hermandad extraordinariamente diversa. Campesinas pobres como Olga Rodríguez Morgan y Aracelis Rodríguez San Román se mezclaban con la antigua aristocracia de la sociedad cubana como la abogada Albertina O'Farrill, que había sido la esposa de un embajador en los años de Batista o Polita Grau, la sobrina del antiguo presidente cubano, Ramón Grau San Martín, que vivió para lamentar su inicial apoyo a Fidel Castro. 
 
El testimonio, sacado de contrabando, de un preso político y llevado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos narraba la violencia de un Día de las Madres en 1961: 
 
Había cientos de nosotras, prisioneras políticas, en Guanabacoa, y nos querían trasladar a Guanajay, donde las condiciones eran insoportables... La cárcel quedó completamente rodeada por unos 600 hombres y mujeres armadas... Nos atacaron con mangueras de agua, con una presión entre 200 y 300 libras... Había una presa que tenía seis meses de embarazo y le dirigieron el chorro de agua directamente contra el vientre para hacerla abortar. Muchas de nosotras corrimos para protegerla y cubrirla con nuestros cuerpos. La presión del agua nos dejó una profunda marca en la piel que nos duró unos dos meses. 
 
"Desde un punto de vista humanitario, independientemente de cómo pensáramos políticamente y respetando las creencias mutuas, estábamos juntas'', recuerda Luisa Pérez, una bibliotecaria de Miami, que estuvo entre las mujeres que se pusieron frente a la embarazada Raquel Romero para protegerla de las poderosas mangueras. El bebito sobrevivió. "Si le tocaban el pelo a una de nosotras, todas salíamos a defenderla''. 
 
Luisa Pérez, Georgina Cid, Olga Rodrígez Morgan y Ana Lázara Rodríguez están entre las docenas de mujeres que sobrevivieron aquel violento Día de las Madres tras las rejas, pocas semanas después de la frustrada invasión de Bahía de Cochinos.’ 
 
Georgina acababa de regresar a su celda tras una visita de su madre cuando oyó ‘‘aquellos gritos terribles''. Las mujeres empezaron a sacudir la puerta de la celda para romper el cerrojo y sumarse a la pelea. 
 
En Diario de una Sobreviviente: 19 años en una Cárcel Cubana de Mujeres, Ana Lázara Rodríguez describe la escena como "un caleidoscopio de patadas y puñetazos. ... Gente caía de ambos bandos... Pero los hombres tenían la ventaja del tamaño, el número y las armas''. 
 
Cuando estalló el motín en el patio de la cárcel de Guanabacoa, Olga Morgan estaba siendo castigada en su celda. "Yo estaba en la Galera 5 y había estado haciendo un hueco para escapar así que cuando vimos tantos milicanos afuera pensamos que habían descubierto el hueco. Pero no, era una trampa para trasladar algunas mujeres a Guanajay, y golpear a las madres y familias que habían venido a vernos'', dijo Olga, que ahora vive en Ohio con su esposo James Goodwin. 
 
"Fue un momento importante'', dijo. "Fue un momento en que empezamos a vernos a nosotras mismas como una sola''. 
 
Olga Morgan era una guajira - una campesina - que se había criado en una región tabacalera, en una choza con piso de tierra. Como dirigente estudiantil en Santa Clara, se había enamorado de William Morgan, el comandante yanqui de las tropas de Fidel Castro. 
 
Tras el triunfo de Castro, la pareja fue relegada a administrar una granja de cría de ranas en Pinar del Río. Rápidamente, William Morgan empezó a conspirar contra el giro de Fidel hacia el comunismo. Arrestado en octubre de 1960, fue fusilado cinco meses más tarde. Para el Día de las Madres de 1961, Olga Morgan había dejado a sus dos bebitas con su madre. Ahora era una viuda presa, condenada a 30 años. 
 
Guanajay atemorizaba a las mujeres porque había sido construida para las peores delincuentes comunes durante la presidencia de Grau San Martín a fines de los años 40. La represión castrista hizo que, en cárceles como Guanajay, celdas hechas para una mujer tuvieran que albergar de 6 a 10 mujeres. 
 
Entre las presas en Guanajay, estaba Polita Grau, acusada junto con su hermano Ramón de actividades contrarrevolucionarias, incluyendo ayudar a que 14,000 niños cubanos huyeran a Estados Unidos a través del programa Pedro Pan de la Iglesia Católica. 
 
En el informe de la OEA del 4 de julio de 1962, sobre el traslado de Guanajay a la cárcel de Baracoa leemos: 
 
Un nuevo sistema de férrea disciplina se ha impuesto en Guanajay. Los castigos sin causa se han hecho constantes. El mediodía del 4 de julio, llamaron a 25 mujeres por su nombre seguido de la palabra "Traslado''. El patio se convirtió en escena de una batalla campal. Insultos, gritos golpes, maldiciones, el ruido de cabezas rotas, sangre... una joven negra, Juana Drake, fue sacada de su celda, arrastrada y golpeada por milicianos que le gritaban "Camina, negra p...!'' A esta joven la condenaron a tres años adicionales con las delincuentes comunes porque había escrito en la pared, en español, inglés y francés, "Tenemos el derecho a ser libres''.
 
En total, 65 mujeres fueron trasladadas de Guanajay a Baracoa incluyendo a María Amalia Fernández del Cueto y su bebita Amadita, que sólo tenía 23 días y que apenas pudo sobrevivir el viaje. Las celdas de Baracoa estaban llenas de piojos y ratas y no había atención médica, excepto la que podían brindar presas como Caridad de la Vega e Isabel Rodríguez, ambas doctoras, a sus compañeras más jóvenes. 
 
"Nos tuvieron allí durante seis meses'', dijo Gloria Argudín, que tenía 20 años y trabajaba como secretaria en la Universidad de La Habana cuando su padre, un médico fidelista, administraba el hospital de la universidad. Una día decidió llevarse algunas de sus armas y se fue para las montañas del Escambray. Fue capturada conspirando contra Castro en septiembre de 1960. 
 
Gloria Argudín era la única mujer en un grupo de 12 hombres que, en dos carros, trasladaban armas, granadas y equipo de radio. Cinco de ellos fueron mandados al pelotón de fusilamiento tras un "juicio'' revolucionario al que asistieron 2,000 personas. La revista Bohemia los describió como antiguos rebeldes revolucionarios corrompidos y dedicados a servir "al monstruo imperialista del norte''. 
 
Hasta el día de hoy, Gloria no soporta los balcones de los edificios altos. Es la herencia de haber sido colgada del techo de uno de ellos como parte de su interrogatorio. Y eso después de haber sido "fusilada'' por un pelotón de soldados, frente a una trinchera, con balas de salva. "Nunca lloro en esos momentos'', dijo en su apartmento de la Pequeña Habana. "Me pongo más furiosa. Me vuelvo una fiera''. 
 
Amigas como Gladys Chinea, que estaba en la cárcel con Argudín, recuerda cómo los guardias le decían que amiga iba a afrontar el paredón. 
 
"Nosotras oíamos, ‘Gloria Argudín, ¡paredón!', dijo Chinea. "Todas temblábamos en aquellas noches'''. 
 
En 1963, después de Baracoa, las 65 mujeres y la bebita fueron devueltas a la cárcel de Guanajay. Pronto enfrentaron un nuevo método revolucionario de tortura: las celdas tapiadas. 
 
"Nuestra llegada fue terrible'', dijo Olga Morgan. "Cada vez que bajaba una nos caían a golpes, así te llevaban a rastro y a golpes por las escaleras. Varias quedamos seriamente lesionadas''. 
 
Con el tiempo, algunas de las mujeres fueron despojadas de sus ropas y metidas en celdas recientemente construidas en las que losas de concreto cubrían las ventanas. Tenían puertas de hierro con una ventanilla por donde se pasaba la comida y una jarrita. En la época de calor era un horno. Tocaban la Internacional Comunista constantemente. 
 
"Aquellas celdas fueron construidas por mentes enfermas, por personas que pensaban que podían quitarnos nuestros principios, nuestras ideas, nuestra fuerza'', dijo Olga. ‘‘Estaban equivocados''. 
 
El historiador cubano Pedro Corzo es un antiguo preso político cuya organización, Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, documenta los abusos del régimen contra los derechos humanos. Corzo considera que el caso de las mujeres fue ‘‘único en su tiempo, frecuentemente sufriendo más abusos que muchos de los hombres''. 
 
Pero ese sufrimiento las hizo más fuertes. Podian cantar y hace chistes y burlarse de sus carceleros. Y rezar. 
 
A Polita Grau, que murió en el sur de la Florida en 2001, le encantaba tocar la guitarra, organizar coros de Navidad y entonar canciones religiosas prohibidas por el régimen ateo. 
 
En Nuevo Amanecer, el perverso nombre de un campo de trabajo en la provincia de La Habana, Aracelis Rodríguez San Román recuerda como le gustaba a las muchachas escuchar cuando Polita hablaba de sus años como Primera Dama durante la presidencia de su tío. Araceli, Polita y La Niña del Escambray estuvieron entre las últimas plantadas allí a fines de los años 70. 
 
Aracelis Rodríguez viene de una gran familia de 11 hermanos, gente de campo que cultivaba arroz, tabaco malanga y maíz en Pinar del Río. Con sólo sexto grado de estudios, era sumamente lista. Mantenía los libros del Frente Unión Occidental, un grupo anti-castrista que su tío dirigía para interrumpir el comercio saboteando puentes. 
 
Ese tío, Esteban Márquez Novo, logró escapar a Estados Unidos, fue entrenado por la CIA y regresó a Cuba para hacer misiones y sacar algunos de sus sobrinos entre 1961 y 1964. 
 
Dos de los hermanos de Aracelis también regresaron el 13 de mayo de 1964. Gilberto murió en combate. "Tenía una ametralladora y logró matar a dos o tres de ellos'', dijo Aracelis. Su hermano Arsenio escapó pero estuvo escondido durante casi un cuarto de siglo hasta que pudo huir en una lancha. Cuando supo la noticia de la muerte de su sobrino Gilberto, Márquez Novo, que dirigía el Frente, tomó la pistola y se suicidó. 
 
Ese mismo día, Aracelis, su padre, su tío y otro hermanos fueron capturados. A ella la llevaron a las oficinas del G-2 en Pinar del Río. Querían que identificara el cuerpo de su hermano Gilberto. La llevaron a un cuarto donde había un montón de ropa en el suelo. 
 
"Estaban llenas de sangre'', recuerda, "pero no vi el cuerpo. Durante años no supe si estaba realmente muerto''. 
 
"La historia es tan espantosa. Nadie se lo imagina. Yo no hablo mucho de esto porque me hace daño''. 
 
En 1979, Aracelis Rodríguez salió de Nuevo Amanecer y vino para Miami, junto con otros 3,000 presos políticos liberados. Tenía 39 años y estaba a punto de casarse con otro preso. Ahora viuda, Rodríguez se hace cargo de su madre de 98 años y de su tío Ramón San Román Novo, de 94, que pasó 24 años preso. 
 
Cincuenta años. Familias diezmadas por pelotones de fusilamiento, asaltos, suicidios, largas cárceles. Mujeres puestas en libertad demasiado viejas para tener hijos. 
 
¿Odio? No. Pero justicia sí. 
 
"Yo soy una de esas personas que no perdona ni olvida'', dijo Gladys Ruisánchez, que cumplió 10 años de prisión. Su padre y su futuro esposo también fueron presos. 
 
Hoy, Gladys ayuda a organizar eventos para reunir a las mujeres, y encontrar formas de ayudar a la oposición en Cuba, a grupos como las bibliotecas independientes que funcionan en las casas, dirigidas en ocasiones por familiares de los ex-presos políticos que quedan en Cuba. 
 
Georgina Cid dice: "Lo único que me felicito de esa prisión es que tuve la oportunidad de conocer personas de muchos valores morales y espirituales. Que nos ayudamos y nos cuidamos mutuamente y aun ahora lo seguimos haciendo por que era un sufrimiento común. Nos preocupábamos cada una de las otras, y todavía seguimos haciéndolo porque compartimos un sufrimiento común''. 
 
Al volver una página del libro de memorias de su difunta madre, que tiene cientos de sus cartas numeradas de prisión, Georgina detecta un amarillo recorte de periódico sobre la muerte de su hermano. El titular reza: "Cuba será libre por al sacrificio de sus hijos''.  Y de sus hijas.
 
 


Un día como hoy, noviembre 25, en nuestra lucha contra el castrismo.

Un día como hoy, noviembre 25, en nuestra lucha contra el castrismo.
 
Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.
 
Comparta estas efemérides. Gracias.
 
PROHIBIDO OLVIDAR.
 
1960
 
Rafael Pérez González es fusilado en Matanzas. 
 
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El Tribunal castrista de la Fortaleza de Ia Cabaña, integrado por Andrés Abeledo Mejías, Carlos Fonseca, Ramón Martinez Fernández, Mario Condis y Pedro Rodríguez Fonseca, en la causa 316 del presente año, sancionó por delito contra los Poderes del Estado a Justo Camejo Alfaro, Justo Camejo Márquez, José Francisco Díaz Quintana y Alberto Camejo Alfaro. 
 
1962
 
Esteban Hernández Col muere sin recibir asistencia médica en el presidio de Isla de Pinos. 
 
1964
 
Ulises León Ramos es fusilado en Matanzas.  
 
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Alwin Odio Tamayo es fusilado en La Cabaña. 
 
1984
 
El preso político Roberto Hernández es asesinado en la prisión Combinado del Este, La Habana. 
 
1986
 
 Carlos Méndez es fusilado en Holguín, Oriente. 
 
2016
 
El Tirano sucesor en el poder Raúl Castro anuncia por la noche en la TV cubana que el asesino Fidel Castro había muerto. La declaración ocasionó manifestaciones de alegría en la comunidad cubana exilada que recordó como nunca sus fusilados, asesinados, encarcelados y obligados a exilarse de una Cuba pobre, esclava y dividida desde su ascensión al poder el 1ero. de enero de 1959. En la Isla el pueblo permaneció en sus casas bajo la presión de un hermetismo y represión palpables donde se decretaron nueve días "de duelo". En las calles de Miami, Fl. y otras ciudades donde viven exilados cubanos esa noche y al día siguiente ocurrieron manifestaciones de júbilo y de recuerdos a las víctimas.
 
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Escambray: héroes y traidores
 
Publicado el junio 26, 2012    en el Blog Todo por Cuba 
 
En el libro “Escambray: la guerra olvidada”, escrito por Enrique G Encinosa expone el lado oculto y olvidado de la lucha guerrillera librada entre 1960 y 1966, en la Sierra del Escambray en la provincia de Las Villas. Encinosa para su libro entrevisto a combatientes integrantes de las bravas guerrilleras que se opusieron a la tiranía comunista que se imponía en Cuba, testimonios que difieren de la versión oficial.
 
En el capitulo XI “El hombre de Maisinicú y la etapa final del Escambray”, se recogen los testimonios de quienes conocieron al traidor Alberto Delgado y a José Cheito León, jefe guerrillero. En la película El Hombre de Maisinicú el régimen presento una versión diferente a los hechos que se describen en el libro de Encinosa, Cheito León es interpretado por el actor Reinaldo Miravalles, quien siempre ha expresado su satisfacción por la personificación realizada.
 
Es tiempo que los lectores puedan conocer ambas versiones, es también hacer justicia a los hombres y mujeres que lucharon con bravura en los llanos de Matanzas y la Sierra del Escambray, hombres y mujeres que no estaban equivocados al tomar la decisión de enfrentar con las armas al régimen comunista, la historia y los hechos demuestra que los equivocados fueron quienes estuvieron en el otro lado por diferentes motivaciones.
 
El 22 de junio de 1964, en los fosos de la Fortaleza de La Cabaña, doce hombres se encararon al paredón de fusilamiento: Maro Borges, Irenio Borges, Raúl Morel, Macho Jiménez, Andrés Oramas, Toniás García Valle, Julio Emilio Carretero, Cuco Cedeño, Blas Ortega, Valentín Hernández, Manolo Munsó La Guardia y Benito Rodríguez Pedraja. Parados juntos, en la oscuridad de la noche, iluminados por la luz blanca de reflectores, los doce hombres cantaron el Himno Nacional mientras los rifles FAL disparaban, y los plomos destrozaban sus cuerpos.
 
Mientras tanto, en el Escambray, Cheíto León esperaba el mensaje radial. La primera clave fue dada, pero la segunda clave, la llamada telefónica, la que El Hombre de Maisinicú desconocía, nunca llegó. Cheito, desconfiado como todo buen alzado, comenzó a tener dudas de Alberto Delgado.
 
El Comandante José Cheíto León Jiménez, que había asumido el mando de los pocos grupos que aún quedaban en el Escambray, se había ganado sus galones –al igual que todos los otros jefes guerrilleros- por sus méritos. Era un hombre joven, de 26 años, fuerte y afable, Cheíto había sido educado en Trinidad. Estaba trabajando como camionero, cuando decidió alzarse para combatir al comunismo. Él y su hermano Berardo habían reclutado diecinueve hombres de la zona, que se irían con ellos dos. Conscientes de que carecían de armamento y de experiencia militar, los veinte y un hombres se enlistaron en un batallón de milicia. Después de varias semanas de entrenamiento básico, los nuevos reclutas desertaron en abril de 1961 y se alzaron, llevándose con ellos los rifles checos M52. Con tres años de experiencia en el combate, Cheíto León era, a pesar de su juventud, un veterano curtido en docenas de encuentros contra fuerzas siempre superiores.
 
Con la sospecha escondida en lo más profundo de su pensamiento, Cheíto León se reunió con Alberto Delgado a la orilla de un río próximo a la finca Maisinicú. Delgado, cínicamente había mandado a matar a una res de la finca para festejar el viaje de la guerrilla a Miami. Cheíto fingiéndole amistad, celebró junto a él, hasta que no pudo contenerse más, confrontó al traidor. En la panfletaria película castrista, Delgado murió valientemente y desafiante. Pero en la realidad -contado por los sobrevivientes- no fue así. Al ser emplazado por Cheíto León, Delgado le negó repetidamente ser agente castrista. Después, llorando, declaró que había sido obligado a ayudar a la Seguridad del Estado cuando él había sido descubierto conspirando. En sus últimos momentos le pidió clemencia, aludiendo que él era un padre de familia. Cheíto León ignoró los gritos del traidor, también Carretero era un padre de familia y Delgado los había entregado miserablemente. Alberto Delgado fue ajusticiado. Al día siguiente su cuerpo colgado de una guásima, fue descubierto por campesinos de la zona.
 
Una vez desenmascarada la infiltración de Delgado, la Seguridad del Estado lanzó una redada, arrestando a toda persona que había tenido contacto con El Hombre de Maisinicú. Dos empleados de la finca — Varela y Pepe Yoyo—-, fueron fusilados, Siripio Hernández, otro empleado fue condenado al presidio político. Dos cuñados de Alberto Delgado, José y Alberto Nodal, recibieron condenas carcelarias por haber estado involucrados en la línea de suministros a los alzados.
 
El LCB continuó arremetiendo contra los alzados, tratando de ubicar a los grupos guerrilleros, para eliminarlos uno a uno. La guerrilla de Rubén Cordobés fue atrapada en un potrero, donde murieron cuatro alzados, combatiendo contra los cazadores. Pedro González, el jefe guerrillero al cual se le atribuían las muertes de dos docenas de milicianos, cayó en combate en el Cerco La Barca. A Cheíto León lo cercaron al norte de Trinidad, en un fuerte combate, en el que murieron hombres de ambos bandos, Cheíto León fue alcanzado por dos balas. Herido, Cheíto se arrastró hasta un matorral. Allí, cuando lo iban a capturar mató a dos milicianos con su última granada, inmolándose con ellos. Así murió el cuarto y último de los jefes guerrilleros del Escambray.
 
Aún quedaban dispersos algunos grupos en el Escambray. El más numeroso de estos grupos era dirigido por Blas Tardío, quien se había alzado en 1960. Tardío, un hombre de inmenso valor, era una leyenda viviente en el Escambray. Con su fama de bravo guerrero, logró en un día romper nueve cercos. En otra ocasión, que fue herido en una pierna, él mismo se sacó la bala y se cosió su herida, cauterizándola con un machete al rojo vivo. Blas Tardío Hernández fue capturado en 1965, en combate. Posteriormente fue fusilado. El era el quinto de los hermanos Tardío en morir peleando por la libertad de Cuba. El primero fue Lupe que murió en combate en 1961. Benlarnín que fue fusilado en 1963. Blas fue también fusilado en 1965. Poco después Camilo fue fusilado y Toto que se suicidó en el presidio. Sólo Genaro sobrevivió, pero cumplió años en el presidio político. La muerte de Blas Tardío selló el final de la lucha en el Escambray.
 
Durante los últimos meses del año de 1965 y durante todo el año de 1966, el LCB utilizando todos los recursos de la dictadura, fue ubicando y cazando a los últimos rezagados de las guerrillas. Luis Vargas, que se había alzado en 1960 y que fue el guerrillero que más tiempo se mantuvo en las lomas, fue capturado el día primero de diciembre de 1965 y fusilado posteriormente. El último guerrillero. José Rebozo Febles, fue atrapado en una cueva y capturado el primero de octubre de 1966. A Rebozo lo condenaron a treinta años de presidio político.
 
Después de ochenta meses de combate, la gesta heróica del Escambray había concluido. Fue una derrota física para los combatientes de la libertad, pero una victoria moral para un pueblo, que a través de tres décadas aún combate por sus derechos.
 
La guerra campesina tuvo sus detalles históricos que no concluyeron en 1966 con la captura del último guerrillero. En 1968 y 1970 hubo infiltraciones de hombres del exilio en tres desembarcos, enfrentándose estos nuevos guerrilleros en combates con las fuerza del régimen, en los cuales murieron hombres de ambos lados. Figuras como Amancio Mosqueda, Vicente Méndez y José Rodríguez Pérez entraron verticalmente en la historia contemporánea de Cuba.
 
En 1970, hubo incendios en sembradíos en el Escambray, y rumores de que un grupo de alzados se encontraba en los montes. Las tropas del ejército castrista nuevamente mudaron a unos tres mil quinientos campesinos de la zona, trasladándolos para dos pueblos de Pinar del Río y otro de Camagüey.
 
Años más tarde, en 1975, Raúl Castro en una entrevista declaró: «Esa lucha es poco conocida … fue una lucha esencialmente de clases.» y tenía toda la razón el comunista, la lucha –hasta hoy– ha sido poco conocida, ignorada por ambos lados. También fue una lucha esencialmente de clases. Una era la nueva clase, los aristócratas del régimen comunista, los explotadores totalitarios del pueblo cubano. La otra clase eran los humildes guajiros, los pobres campesinos, la clase obrera cubana, luchando sin armas, y sólo con la vergüenza por la libertad de Cuba contra el comunismo.