
Escrito por Augusto César San Martin
Centro Habana, La Habana
5 de julio de 2011
(PD) Desde que el gobierno anunció que el café distribuido por la libreta de racionamiento seria mezclado con chícharo, las cafeteras domesticas comenzaron a temblar.
Este tipo de mejunje que se vende para estafar al ingenuo, tiene miles de aromas menos el del café.
La mezcla llegó con el consejo de no llenar el recipiente de polvo y utilizar mayor cantidad de agua. Todo un reto para obtener la coladita necesaria que estimule el ánimo en la mañana.
La verdad es que tratar de colar café se ha convertido en otro dilema para los cubanos. La cafetera suda, gime, suelta el vapor por la válvula, se estremece y cae pero nunca llega a cumplir su misión. Es triste ver como sufre en el intento de filtrar el chícharo. Por momentos nos da la impresión de que explotará. Cuando comienza a colar una especie de tinta viscosa, no sabemos qué sucederá después. ¿Soltara la válvula? ¿Explotara?
Lo cierto es que el café mezclado despide un aroma y gusto nada compatible al del café.
Es una suerte que el Ministerio de Comercio Interior decidiera suprimir la cuota normada a los consumidores de 0 a 6 años. Al menos salva la responsabilidad que recae en los padres que se atrevan dar gusto a la leche con la mezcla infernal.
¿Por qué la "necesidad ineludible de volver a mezclar el café"? ¿No estaba ya mezclado?
El subsidio de algunos productos alimenticios que se ofrecen de manera normada nada tiene que ver con multiplicar los panes y los peces. El sueldo de los cubanos no permite adquirir los alimentos de subsistencia en la red de tiendas estatales que ofertan los productos en divisas. Los precios del café oscilan entre 1.75 y 12 dólares, en una moneda que supera veinticinco veces el billete utilizado por el gobierno para pagar los salarios.
La libreta de racionamiento sostiene el comienzo de la hambruna sin precedentes en el país. Las intenciones de reformas dirigidas a recortar los subsidios del Estado han tenido muy en cuenta este asunto.
¿A quién culpar de los bajos índices de producción nacional de café? La solución: el pueblo no merece el "lujo" del café puro, la carne vacuna o la leche.
Escuchamos a los consumidores exclamar que el picadillo distribuido es del bueno. Peor es el picadillo de soya. Llaman bueno al "picadillo enriquecido", elaborado con tendones y partes desechables de la res. Muchos lo echan a los perros, que voltean la cara en señal de odio. Nada asombroso si en años pasados el Ministerio de la Industria Alimenticia exaltó las propiedades de la verdolaga, el CERELAC (polvo elaborado en laboratorios que intentó sustituir la leche) y el picadillo vegetal. Productos que por subsidiados no hay derecho de reclamación.
El tema de la mala calidad del café normado está en la calle. Nadie espera que forme parte de los debates con los delegados del Poder Popular. El programa de radio "Alegrías de sobremesa" se burla de la mala calidad del polvo. "Libre Acceso", espacio televisivo que intenta tratar problemas sociales, trata el asunto y difunde el descontento popular. Hay quienes preparan el colador de tela para preservar la integridad de sus cafeteras, porque hay que asumir la medida y acostumbrarse.
Como muchos alimentos que los magos de la revolución han desaparecido para el pueblo, el sabor del café quedará en el recuerdo. Presumo que comenzó a formar parte del listado de productos que sirven para describir el poder adquisitivo del cubano. Cuando usted visite un hogar en la isla y el café tenga sabor desconocido, no culpe a su anfitrión, compadézcase de sus necesidades y sobre todo, de los problemas gástricos que debe padecer.
¿Las explosiones de las cafeteras? Nada, ya nos acostumbraremos a ellas y habrá las bromas típicas de los cubanos. Si quieres librarte de la suegra, pídele de favor que prepare una coladita de café.
acesar2004@gmail.com
www.vocesdelsilenciocubano.wordpress
No hay comentarios:
Publicar un comentario