
Escrito por Moisés Leonardo Rodríguez
Cabañas, Artemisa
20 de julio de 2011
(PD) Por lo último que les ha dado a las autoridades cubanas es por combatir las violaciones de las normas urbanísticas.
En la emisión del mediodía del Noticiero Nacional de Televisión del 2 de julio una periodista mostró algunas violaciones de este tipo cometidas en El Vedado y Centro Habana. Zonas de jardines devenidas en viviendas, pavimentadas o convertidas en comercios, alteraciones de los estilos arquitectónicos originales, sobre todo de fachadas, colores de pinturas mal combinados, fueron algunas de las violaciones mostradas.
Lo que omitió la periodista es que estos violadores son realidad víctimas de las desacertadas políticas seguidas por los organismos estatales encargados del problema de la vivienda.
No dice que todo el país está lleno de acometidas de agua desde las conductoras maestras hasta las viviendas, y que en muchos casos obstaculizan el paso de los peatones por las calles y aceras.
Oculta que los registros eléctricos del sistema soterrado tienen los cables por fuera, forrados con cinta aislante, pero ello no elimina el peligro de que los peatones se electrocuten.
No tuvo en cuenta la reportera oficialista que la política estatal no incluye la creación de zonas urbanizadas para las nuevas construcciones y en su lugar se reparan cuarterías y otros lugares que no reúnen los requisitos de una vivienda adecuada.
En enero de 2008 se presentó a la Asamblea Nacional del Poder Popular, el Consejo de Estados y de Ministros, el Instituto Nacional de la Vivienda y el Ministerio de la Construcción, la propuesta denominada “Petición de ciudadanos cubanos sin el derecho a una vivienda adecuada satisfecho”, en la que se incluía la sugerencia de: “Crear el propio Estado, con capital compartido o con donaciones, zonas residenciales con la urgencia requerida y sin descuidar por ello la calidad, para hacer posible la venta, o asignación en los casos sociales, de terrenos destinados y aptos para la construcción de viviendas decorosas y conforme a planes de urbanización que detengan el actual caos en este asunto”.
Aparte de respuestas formales al proponente y haber dedicado un programa de Mesa Redonda al asunto posteriormente a la solicitud, nada ha hecho el gobierno cubano al respecto.
La improvisación y los planes de contingencia predominan en este asunto. La prioridad de los gobernantes es la reparación de cuarterías y la conversión de locales en desuso en viviendas que en casi ningún caso reúnen los requisitos de una vivienda adecuada según las normas internaciones. Se trata de bajar el déficit habitacional cuantitativamente sin tener en cuenta las exigencias de la calidad de vida de las personas. Nada de políticas serias, previsoras, sostenibles y sustentables. Pura irracionalidad con el objetivo de poner parches donde se demanda una cura radical.
Toca a los estados establecer las normas legales y velar por su cumplimiento. Toca también a ellos crear las condiciones para que los individuos puedan satisfacer sus necesidades sin recurrir a la violación de las normas establecidas. En esto de la vivienda, como en tantas otras cuestiones, los reales culpables tratan de presentar como tales a sus víctimas.
Reprimir ha sido la opción preferente de los gobernantes cubanos cuando pretenden solucionar algún problema que daña su imagen. Ahora les ha dado por exigir la observancia de las normas urbanísticas sin dar ellos los pasos que deben anteceder a la exigencia.
Multar por botar papeles y otros deshechos al piso es inmoral si no se colocan primeramente suficientes recipientes para ello; multar por orinar en los rincones es inmoral por parte de quienes durante 52 años han hecho desparecer prácticamente los baños públicos en las ciudades del país.
Los que interpretan el “perfeccionamiento del sistema”, concebido, diseñado y ejecutado por los culpables de todo lo malo que existe en el país, como algo dirigido realmente a la solución de los problemas de los de a pie, se equivocan.
Todo está bien calculado para mejorar la imagen hacia el exterior, mantener sus posiciones y las fuentes que les suministran la “miel del poder”. El fin supremo es libar a toda costa, sin los riesgos asociados a las soluciones reales. Por eso, los culpables seguirán culpando a sus víctimas.
corrientemartiana2004@yahoo.com
Foto: Marcelo López
Viol
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