domingo, 3 de julio de 2011

El pueblo enardecido se maltrata a sí mismo



La señora Araí, jefa del cuerpo de enfermeras del hospital matancero Faustino Pérez, no sabe que sus propias desdichas, carencias y falta de libertades, son causadas por el mismo oscuro poder que la conmina a maltratar a sus semejantes. Su nueva víctima: La opositora pacífica, Edilia Moreno Fernández.

martinoticias 03 de julio de 2011

La señora Araí, jefa del cuerpo de enfermeras del hospital del municipio matancero de Pedro Betancourt, no sabe que sus propias desdichas, carencias y falta de libertades, son causadas por el mismo oscuro poder que la conmina a maltratar a sus semejantes. No sabe que las personas a las que grita y repudia, son las que arriesgan las vidas por defender los derechos que a ella le son vedados, no sabe, o prefiere no acordarse que por su profesión, como trabajadora de la salud, ha sido condenada al aislamiento y el encierro en una isla cada vez más estrecha de donde aunque se porte bien (cumpliendo cabalmente las órdenes de la policía política) no podrá salir.

Su nueva víctima: La opositora pacífica, Edilia Moreno Fernández, que junto a sus familiares son acosados por el departamento de seguridad del estado desde el pasado mes de diciembre. El acoso ha incluído maltratos físicos y verbales, excesiva vigilancia e insultantes campañas de descrédito.

Desde la localidad Pedro Betancourt, donde la activista reside, el periodista independiente, Oscar Sánchez Madán, habló con Radio Martí sobre el bochornoso hecho ocurrido en el hospital estatal Faustino Pérez de la ciudad de Matanzas, cuando la señora jefa del cuerpo de enfermeras maltrató a la opositora y a su hijo de 20 años, lo cual es parte de un prolongado operativo que lleva a cabo el régimen para descompensarle a la activista su presión arterial, causa de la enfermedad que padece.

Moreno Fernández cuenta que cuando se dirigía junto a su hijo por el pasillo del hospital que conduce al salón donde le practican las hemodiálisis por un problema de insuficiencia renal que padece, la señora jefa de enfermeras se dirigió a ella de forma descompuesta, gritándole e insultándola.

Una observadora de derechos humanos que se encontraba presente, ante los gritos de la funcionaria proferidos contra ambos se vio obligada a decirle en presencia de otros enfermos que ella no respetaba la ética médica por maltratar a los pacientes, porque se siente bien respaldada.

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