
Escrito por Luis Cino Álvarez
Arroyo Naranjo, La Habana
4 de julio de 2011
(PD) Entre la profusa iconografía de los primeros años de la revolución cubana, hay un díptico de fotos que su autor, Raúl Corrales, denominó "El sueño" y "La pesadilla", que desde que las vi por primera vez, hace muchos años, en una exposición, siempre me han llamado la atención.
Las fotos fueron tomadas por Corrales en Caracas cuando integró la nutrida y armada hasta los dientes comitiva que acompañó a principios de 1959 a Fidel Castro en su viaje a Venezuela, que fue también su primero al exterior.
En ambas instantáneas, que fueron tomadas en la embajada cubana en Caracas, duermen en sendos catres, colocados en los salones de la sede diplomática convertida en campamento guerrillero, dos soldados del Ejército Rebelde. Ambos barbudos, de aspecto montaraz, con desaliñados uniformes verde olivo de campaña, las armas al alcance de la mano. Exhaustos, duermen a pierna suelta. No era para menos. La agenda del líder fue agotadora. Y los encargados de protegerlo, a pesar de la solidaridad caraqueña, creían ver potenciales asesinos a cada paso. Para colmo, la gira venezolana se inició bajo los malos augurios de un accidente: No más descender la escalerilla, acabado de pisar la pista del aeropuerto, la hélice del avión le arrancó limpiamente la cabeza a un oficial de la delegación que corría nervioso a ocupar posiciones para proteger al Jefe.
En "El sueño", el descanso del guerrero es velado, desde un cuadro en la pared, por la mirada complacida de una mujer, que con pose sensual, exhibe sus gloriosos senos. Nada que ver con la revolución. Sólo el fusil del guerrillero, junto a un jarrón de porcelana -¿lo utilizaría para depositar las cenizas del cigarro o peor aún, como escupidera?-, sobre un armario primorosamente laqueado.
La foto, además de contrastante, es sugerente en otros sentidos. Pudiera interpretarse que la mujer, aburrida y ávida de sexo al duro, sueña al rudo guerrero. O viceversa. Pero tal vez el guerrero recién bajado de las lomas, además de con la piel perfumada y suave de una burguesa provocativa y fogosa, sueña con habitar una casona de las que ha visto por El Vedado o Miramar y gozar de comodidades y lujos que cree justamente merecer luego de tanto bregar armado por la revolución "por y para los humildes". Va y hasta su sueño se cumplió y hoy, 52 años después, si aun vive, es un anciano ex – militar, convertido en gerente casi-capitalista, integrante de la nueva clase.
Pero es sabido que el botín revolucionario no alcanzó para todos (algunos no llegaron con vida ni a la mitad de la repartición). Más fácil es que se haya cumplido la pesadilla del soldado del Ejército Rebelde de la otra foto del díptico, que por algo Corrales la bautizó precisamente así: "La pesadilla". En ella, el sueño del soldado de la revolución es acechado por los pies descalzos de un campesino. ¿Sería una premonición que al soñar el futuro este se pareciera demasiado al pasado?
¿Y acaso no acertó? Porque si bien hoy en Cuba no hay guajiros descalzos, sino con los zapatos rotos –y también los de sus hijos y sus nietos- en cambio hay demasiado desempleo, abuso policial, desalojos, desigualdades sociales, pordioseros y barrios de llega y pon. No importa si la lengua oficial, siempre con sus eufemismos para no llamar las cosas por su nombre, prefiere hablar (si es que habla de eso) de ajustes laborales, revolucionarios indignados, extracciones de domicilios, barrios insalubres o capas más desfavorecidas, que aunque les quiten los subsidios y la seguridad social, "jamás serán desatendidas por el gobierno".
Que me avisen si no se parece –y en ocasiones supera- a los peores rasgos del pasado pre-revolucionario. ¿No es una pesadilla pasar 52 años de purgatorio para volver al punto de partida e incluso más atrás?
luicino2004@yahoo.com
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