
Escrito por Jorge Luis González Suárez
Plaza, La Habana
4 de julio de 2011
(PD) Tengo un pequeño muñeco como mascota parecido al Patico Feo. Fue un regalo de mi querida amiga Tania Díaz Castro. Ella, siempre tan pragmática, lo iba a desechar. En principio, pensé en entregárselo a mis nietos adoptivos, pero me fijé después que el juguete carga en sus manos un corazón, tan grande como él, con la frase en italiano "Facciamo Pace", expresión que se interpreta como: "Hagamos la paz".
El hombre desde la remota antigüedad ha convertido la palabra "Paz" en una fe. No existe ninguna etapa de la historia mundial en la cual personas y pueblos en general no hayan clamado porque se cumpla en toda su magnitud el enorme significado que encierra.
La paloma blanca es el símbolo adoptado para identificarla. Sin embargo, cada cierto tiempo, la paloma echa a volar, se rompen los acuerdos, y regresamos a la barbarie, con la carga de odio y destrucción que acompaña a su antónimo: Guerra.
La historia de nuestro país se inició con el brutal exterminio de los nativos durante la conquista hispánica. Las luchas por nuestra independencia abarcaron casi todo el siglo XIX. Durante más de la mitad del siglo XX, la violencia estuvo presente en los grupos revolucionarios en desacuerdo con los gobiernos republicanos. A partir de 1959, se ha vivido en un ambiente de guerra constante contra los Estados Unidos.
Desde mi niñez oigo hablar de violencia y la he podido constatar a mi alrededor pues mi padre fue policía hasta el triunfo de la revolución.
El poder revolucionario trajo consigo los fusilamientos de los acusados de cometer crímenes durante el anterior régimen, aunque los revolucionarios a veces practicaron acciones terroristas para combatirlo.
Los primeros años de la Revolución trajeron confrontaciones con los exiliados armados que se infiltraron procedentes de estados Unidos y otros inconformes alzados en las montañas contra el nuevo régimen que se había impuesto por la fuerza. Esto creó un nuevo clima de inquietud que mantuvo al pueblo en una constante tensión.
Las consignas expresadas hasta la saciedad en todos los medios de comunicación por los máximos dirigentes actuales y coreadas como un eco por sus seguidores, se han convertido en el sonsonete diario como verdad irrefutable.
Gustavo Le Bon plantea en su famoso libro "Psicología de las Multitudes", que mediante los principios de "afirmación, repetición y contagio", se incrementa el pensamiento guerrerista.
Un cambio en la actitud de agresión directa desde el exterior contra Cuba se observa a partir de mediados de la década de los 70 del siglo anterior. Sin embargo, esa es la etapa en la cual nuestros gobernantes recrudecieron su intervención directa con armamento, hombres y entrenamiento a guerrilleros extranjeros en varios países de Asia, África y América Latina bajo el principio del "internacionalismo".
En los últimos tiempos, al parecer, se ha creado cierto entendimiento para favorecer las relaciones entre Cuba y Estados Unidos a través del diálogo directo o con intermediarios. Pero todas las gestiones se han visto frustradas por la intransigencia de las autoridades cubanas y su caprichosa ideología antidemocrática
¿Cuándo encontraremos por fin la paz? ¿Es un mito? ¿Es irrealizable? La respuesta salta a la vista. El día en que desaparezcan aquellos que interfieren en este sueño de la humanidad producto de sus exigencias y ambiciones personales llegaremos a darnos un abrazo fraternal para convivir sin odio ni rencor en ese lugar hoy utópico, que será real en el mañana. Ese día de fiesta llegará y entonces si gritaremos: ¡Viva la Paz!
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