Lunes, 26 de Noviembre de 2012 02:50
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Resulta insólito que un funcionario de tan alto nivel oculte deliberadamente que el gobierno venezolano hace ya casi dos años informó oficialmente a su par cubano que el cable submarino de fibra óptica tendido desde la zona de Camiri, La Guaira, Venezuela, hasta la playa Siboney, Santiago de Cuba, con una extensión de 1 600 kilómetros, estaba ya listo para entrar en operación.
Dicho cable tiene una potencia de trasmisión de 320 gigabytes, lo que significa 3 000 veces la capacidad de conexión existente en Cuba.
En torno a este cable, su operatividad y las ventajas que reportaría para el acceso a Internet, al no tener que depender de las costosas conexiones satelitales, hay un total misterio. Por eso, resulta escandaloso que el canciller cubano haya manipulado a la opinión pública de esa manera y no se haya atrevido a explicar por qué el susodicho cable submarino de fibra óptica no está en funcionamiento en estos momentos.
Ante el misterio del cable submarino, ha quedado al descubierto que las aseveraciones del gobierno cubano de que no puede liberar el acceso a Internet por culpa del embargo norteamericano, son una gran farsa. El asunto real es el miedo de los gobernantes cubanos a todo lo que signifique libertad informativa y libre acceso a la Tecnología de la Información y las Comunicaciones (TIC).
Tal liberación de las TIC pondría fin al irracional e injustificado analfabetismo tecnológico que padece la población cubana.
El acceso a Internet en Cuba es selectivo. Un muro peor que el de Berlín imposibilita a la mayoría de la población cubana el acceso a la sociedad del conocimiento, indisolublemente ligada al desarrollo de las TIC, pero particularmente a Internet.
La apertura a tal sociedad tendrá que fundarse en un marco crítico, de contraste y de un amplio espectro de las nuevas ideas, en la que no solo será protagonista el gobierno, sino que en ella tendrá un rol activo la sociedad civil y el sector privado. Todos de manera conjunta, pero con sus intereses particulares, contribuirán a su edificación, mediante la valorización del conocimiento.
Los principales protagonista de la sociedad inteligente serán las instituciones estatales, educativas, científicas, que con el empleo masivo de Internet, la televisión digital, las emisoras de radio, la prensa, las ONG, son los motores del desarrollo.
Los gobernantes cubanos deben tener claro que si se deciden abrir las puertas a la sociedad del conocimiento, esta solo es posible con la participación de los ciudadanos sin ninguna exclusión.
Esta nueva sociedad que urge fundar en Cuba cambia dramáticamente el significado de lo que conocemos hoy como conocimiento y educación, así como la comunicación que lo sustenta, porque la velocidad en que se operan esos cambios tecnológicos implica que el aprendizaje tiene que ser ininterrumpido.
Contrario de lo que ocurre en la mayoría de países con libre acceso a Internet, en Cuba los negocios no se desarrollan basados en el conocimiento de las nuevas tecnologías. Todo se manifiesta negativamente. La baja competitividad en la gestión del universo empresarial cubano se refleja en el bajo crecimientos productivo, lo que da lugar a la casi nula creación de nuevos puestos de trabajo, lo cual incide en la ausencia de los hábitos nuevos que surgen en los ciudadanos cuando la TIC es libre para todos.
Tal política de extensión del analfabetismo tecnológico ha truncado los hábitos informativos de los ciudadanos y su total ausencia en el discurso mediático, al que en estos momento solo tienen derecho unos pocos elegidos.
En una nación como Cuba, con una vasta red de universidades, centros de aprendizaje conocidos como Joven Club de Computación que funcionan en todo el país, una Universidad de Ciencia Informática (UCI) donde hay matriculados más de 10 000 estudiantes, tal atraso no se justifica. Resulta penoso.
Uruguay, con apenas 3 millones de habitantes, en estos momentos es el líder en Suramérica en la producción y exportación de software, cuyas ventas representan el 1,55% del Producto Interno Bruto de ese país. Además, los uruguayos tienen la mayor tasa de abonados a Internet por cada 100 habitantes en América Latina.
Pero la situación del acceso de los cubanos a las TIC al cierre del pasado año fue realmente ingrata. De acuerdo al informe de las Naciones Unidas sobre los "Objetivos del Milenio", Cuba reportaba una conexión a Internet de 1,7 millones de cubanos, lo que representa 15,12% por cada 100 habitantes, pero de ese total solo el 2,9% tenía acceso a las redes internacionales, lo que sitúa a Cuba entre los países de America Latina con menor acceso a la TIC y la ubica bien detrás de Haití, la nación más pobre del hemisferio occidental.
La primera legislación referida a la apertura de Internet por primera vez en Cuba, fue refrendada en la Gaceta Oficial en 1996. Pero el pánico del gobierno a las TIC ha aumentado con el transcurso de los años. Ahí esta la explicación de su política de acceso selectivo a Internet, que hasta el presente se mantiene inalterable, al extremo de mantener una espesa cortina de humo en torno a la operatividad o no del cable submarinos de fibra óptica.
En esta arbitraria política de acceso selectivo a la TIC, el gobierno, en su postura antinacional, privilegia en primer lugar a las firmas extranjeras, legaciones diplomáticas, prensa extranjera acreditada y extranjeros residentes en Cuba, algo que es totalmente anticonstitucional.
Los gobernantes cubanos mantienen una guerra a muerte contra la sociedad inteligente, pero en particular contra el libre acceso a Internet, que ellos están por evitar que se imponga definitivamente en Cuba.
Para Cuba actualidad: ramsetgandhi@yahoo.com