EL LEGADO DE BUSH
Por Charles Krauthammer
Traducción de Alfredo M. Cepero
(English version follows)
Clare Boothe Luce solía decir que "un gran hombre puede ser descrito con una sola frase". Esto puede aplicarse especialmente a los presidentes. La frase más común en el caso de George W. Bush (cuyo legado es evaluado de nuevo con motivo de la inauguración de su biblioteca presidencial) es: "Él garantizó nuestra seguridad".
No exactamente. Él no se limitó a garantizar nuestra seguridad durante su mandato. Él creó la infraestructura antiterrorista que mantiene nuestra seguridad en estos momentos.
Este homenaje se lo rindió Barack Obama sin tener la hidalguía de reconocerlo con palabras. El mismo Obama que, como candidato, vilipendió la política antiterrorista de Bush pero que cuando llegó a la presidencia continuó aplicando las mismas prácticas del ex presidente. Entre ellas: las detenciones indefinidas, las grabaciones sin mandamiento judicial, las fuerzas especiales, los aviones bombarderos por control remoto y la cárcel de Guantánamo, lo más criticado por Obama hasta que se dio cuenta de que le era indispensable.
Tremenda lista. Que es la principal razón por la cual no se había producido un exitoso ataque terrorista en suelo norteamericano desde el 11 de septiembre de 2001 hasta la semana pasada en Boston. El ataque contra el maratón de Boston fue un fracaso por parte del gobierno, pero hay una gran diferencia entre 3,000 muertos y tres. Y, al otro lado de la cuenta, el gobierno ha descubierto e impedido innumerables complots terroristas desde el 11 de septiembre de 2001 a la fecha.
Además, los éxitos de Bush no estuvieron limitados a la infraestructura. Los materializó en el campo de batalla. La campaña afgana derrocó al Talibán, diezmó a Al Qaida y los expulsó de su madriguera. Sin embargo, ese éxito es denigrado por estos días con la frase pegajosa de "Él nos metió en esa guerra", con la intención aviesa de extender a Afganistán el oprobio asociado con Irak.
Como si Afganistán hubiera sido una aventura personal de Bush impuesta por la fuerza sobre el pueblo norteamericano. Como si el mismo Obama no la hubiera llamado "la guerra necesaria" y Joe Biden la calificara como la guerra más justa desde la Segunda Guerra Mundial.
El dilema en Afganistán fue encontrar una fórmula que consolidara la brillante victoria militar lograda en solo 9 semanas. Nadie encontró la respuesta adecuada. Hasta con el beneficio de la experiencia de siete años de una guerra traumática bajo su predecesor, Obama también se equivocó. Su plan para incrementar las operaciones militares en Afganistán ha costado millares de vida y no ha resuelto el problema.
Afganistán resultó ser una tierra demasiado primitiva para democratizar y demasiado dividida para unificar. La retirada final se producirá después de seis años de errores bajo la presidencia de Obama.
La guerra de Irak fue, por otra parte, mucho más problemática. Sus críticos se olvidan de que la misma disfrutó de un amplio apoyo por parte del congreso y del público norteamericano. Incluso figuras que más tarde se convirtieron en altos funcionarios del gobierno de Obama como Hillary Clinton, Joe Biden, John Kerry y Chuck Hagel le dieron su respaldo en aquel momento.
Y estos críticos se olvidan también del contexto en que tuvieron lugar las hostilidades. Cualquier tipo de sanciones económicas habrían tenido un efecto transitorio y permitido a Saddan Hussein mantener su poderío regional y, de paso, reanudar las amenazas contra sus vecinos desarrollando más armas de destrucción masiva.
¿Valió la pena la guerra de Irak? Las guerras sin terminar jamás proporcionan una buena respuesta. ¿Valió la pena la guerra de Corea? Terminó con el restablecimiento del status quo anterior a la guerra. Sesenta años más tarde estamos confrontando las mismas amenazas del mismo régimen que no logramos derrotar en una guerra que costó diez veces más en vidas norteamericanas que la guerra de Irak.
La guerra de Irak constó de tres partes. El derrocamiento inicial del régimen fue un éxito rotundo, al igual que en Afganistán en muy poco tiempo y con muy pocas bajas.
La ocupación fue un desastre absoluto, causado por la contradicción entre medios y fines. En un principio, el General George Casey optó por una leve influencia norteamericana mientras que, más tarde, Paul Bremer quiso regularlo todo hasta el punto de cambiar la moneda.
Finalmente, el aumento del número de soldados y de recursos militares, una decisión valiente por parte de Bush frente a una oposición casi universal. Esta estrategia produjo el mayor cambio de iniciativa en un panorama militar desde el audaz desembarco de Inchon por el General MacArthur en la guerra de Corea. Al mismo tiempo, infringió una inmensa derrota a Al Qaida ante unos sunitas iraquíes luchando hombro con hombro junto a una "infieles" soldados norteamericanos.
Al igual que Abraham Lincoln, Bush tuvo que sufrir muchos años de una agonizante guerra antes de encontrar el general y la estrategia que produjeran los resultados deseados. Sin embargo, a pesar de su costo terrible, Bush le dejó a Obama una guerra ganada desde el punto de vista estratégico. La única tarea que tenía que realizar Obama era concluir un acuerdo sobre el "status de las tropas" y garantizar a Irak como un aliado regional de los Estados Unidos. Obama fracasó rotundamente. Irak hoy es más frágil y sectario que nunca, además de estar bajo la nociva influencia iraní.
El igual que Bush, Harry Truman dejó la presidencia vilipendiado por muchos de sus conciudadanos, en gran medida porque dejó detrás de sí una guerra inconclusa. Sin embargo, con el tiempo, Corea fue vista solo como una batalla más dentro del contexto de una gran Guerra Fría que Truman ayudó a ganar. Él estableció la infraestructura (la CIA, la OTAN y la Doctrina Truman) que hizo posible la victoria sobre el comunismo medio siglo más tarde. Tengo la sospecha de que la historia juzgará a Bush de la misma forma. Como el hombre que, con errores y aciertos, pero con firmeza y principios, estableció las estructuras que nos guiarán a través de las penumbras de esta lucha y nos darán la victoria final sobre el fanatismo y la barbarie.
Por Charles Krauthammer
Traducción de Alfredo M. Cepero
(English version follows)
Clare Boothe Luce solía decir que "un gran hombre puede ser descrito con una sola frase". Esto puede aplicarse especialmente a los presidentes. La frase más común en el caso de George W. Bush (cuyo legado es evaluado de nuevo con motivo de la inauguración de su biblioteca presidencial) es: "Él garantizó nuestra seguridad".
No exactamente. Él no se limitó a garantizar nuestra seguridad durante su mandato. Él creó la infraestructura antiterrorista que mantiene nuestra seguridad en estos momentos.
Este homenaje se lo rindió Barack Obama sin tener la hidalguía de reconocerlo con palabras. El mismo Obama que, como candidato, vilipendió la política antiterrorista de Bush pero que cuando llegó a la presidencia continuó aplicando las mismas prácticas del ex presidente. Entre ellas: las detenciones indefinidas, las grabaciones sin mandamiento judicial, las fuerzas especiales, los aviones bombarderos por control remoto y la cárcel de Guantánamo, lo más criticado por Obama hasta que se dio cuenta de que le era indispensable.
Tremenda lista. Que es la principal razón por la cual no se había producido un exitoso ataque terrorista en suelo norteamericano desde el 11 de septiembre de 2001 hasta la semana pasada en Boston. El ataque contra el maratón de Boston fue un fracaso por parte del gobierno, pero hay una gran diferencia entre 3,000 muertos y tres. Y, al otro lado de la cuenta, el gobierno ha descubierto e impedido innumerables complots terroristas desde el 11 de septiembre de 2001 a la fecha.
Además, los éxitos de Bush no estuvieron limitados a la infraestructura. Los materializó en el campo de batalla. La campaña afgana derrocó al Talibán, diezmó a Al Qaida y los expulsó de su madriguera. Sin embargo, ese éxito es denigrado por estos días con la frase pegajosa de "Él nos metió en esa guerra", con la intención aviesa de extender a Afganistán el oprobio asociado con Irak.
Como si Afganistán hubiera sido una aventura personal de Bush impuesta por la fuerza sobre el pueblo norteamericano. Como si el mismo Obama no la hubiera llamado "la guerra necesaria" y Joe Biden la calificara como la guerra más justa desde la Segunda Guerra Mundial.
El dilema en Afganistán fue encontrar una fórmula que consolidara la brillante victoria militar lograda en solo 9 semanas. Nadie encontró la respuesta adecuada. Hasta con el beneficio de la experiencia de siete años de una guerra traumática bajo su predecesor, Obama también se equivocó. Su plan para incrementar las operaciones militares en Afganistán ha costado millares de vida y no ha resuelto el problema.
Afganistán resultó ser una tierra demasiado primitiva para democratizar y demasiado dividida para unificar. La retirada final se producirá después de seis años de errores bajo la presidencia de Obama.
La guerra de Irak fue, por otra parte, mucho más problemática. Sus críticos se olvidan de que la misma disfrutó de un amplio apoyo por parte del congreso y del público norteamericano. Incluso figuras que más tarde se convirtieron en altos funcionarios del gobierno de Obama como Hillary Clinton, Joe Biden, John Kerry y Chuck Hagel le dieron su respaldo en aquel momento.
Y estos críticos se olvidan también del contexto en que tuvieron lugar las hostilidades. Cualquier tipo de sanciones económicas habrían tenido un efecto transitorio y permitido a Saddan Hussein mantener su poderío regional y, de paso, reanudar las amenazas contra sus vecinos desarrollando más armas de destrucción masiva.
¿Valió la pena la guerra de Irak? Las guerras sin terminar jamás proporcionan una buena respuesta. ¿Valió la pena la guerra de Corea? Terminó con el restablecimiento del status quo anterior a la guerra. Sesenta años más tarde estamos confrontando las mismas amenazas del mismo régimen que no logramos derrotar en una guerra que costó diez veces más en vidas norteamericanas que la guerra de Irak.
La guerra de Irak constó de tres partes. El derrocamiento inicial del régimen fue un éxito rotundo, al igual que en Afganistán en muy poco tiempo y con muy pocas bajas.
La ocupación fue un desastre absoluto, causado por la contradicción entre medios y fines. En un principio, el General George Casey optó por una leve influencia norteamericana mientras que, más tarde, Paul Bremer quiso regularlo todo hasta el punto de cambiar la moneda.
Finalmente, el aumento del número de soldados y de recursos militares, una decisión valiente por parte de Bush frente a una oposición casi universal. Esta estrategia produjo el mayor cambio de iniciativa en un panorama militar desde el audaz desembarco de Inchon por el General MacArthur en la guerra de Corea. Al mismo tiempo, infringió una inmensa derrota a Al Qaida ante unos sunitas iraquíes luchando hombro con hombro junto a una "infieles" soldados norteamericanos.
Al igual que Abraham Lincoln, Bush tuvo que sufrir muchos años de una agonizante guerra antes de encontrar el general y la estrategia que produjeran los resultados deseados. Sin embargo, a pesar de su costo terrible, Bush le dejó a Obama una guerra ganada desde el punto de vista estratégico. La única tarea que tenía que realizar Obama era concluir un acuerdo sobre el "status de las tropas" y garantizar a Irak como un aliado regional de los Estados Unidos. Obama fracasó rotundamente. Irak hoy es más frágil y sectario que nunca, además de estar bajo la nociva influencia iraní.
El igual que Bush, Harry Truman dejó la presidencia vilipendiado por muchos de sus conciudadanos, en gran medida porque dejó detrás de sí una guerra inconclusa. Sin embargo, con el tiempo, Corea fue vista solo como una batalla más dentro del contexto de una gran Guerra Fría que Truman ayudó a ganar. Él estableció la infraestructura (la CIA, la OTAN y la Doctrina Truman) que hizo posible la victoria sobre el comunismo medio siglo más tarde. Tengo la sospecha de que la historia juzgará a Bush de la misma forma. Como el hombre que, con errores y aciertos, pero con firmeza y principios, estableció las estructuras que nos guiarán a través de las penumbras de esta lucha y nos darán la victoria final sobre el fanatismo y la barbarie.

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