Aunque en sus aguas no aprendí a nadar, Guanabo era entonces la mejor playa disponible para los habaneros, hasta que vino a desplazarla la más sofisticada Santa María del Mar. Después de 1959, opté por las playitas artificiales de Marianao, donde por fin aprendí a nadar.
Diez años más tarde mi primer suegro, Alberto Martínez Herrera, residía en Peñas Altas y así retorné a un Guanabo diferente, porque la ilusoria fiebre petrolera lo había degradado como playa.
Pasó otro montón de años, hasta que en 1996 un Fabio Hurtado cincuentón y barbudo aseguraría irresponsablemente que Miami era un Guanabo grande.
Para Cuba actualidad: rhur46@yahoo.com
Fotos: Marcelo López
No hay comentarios:
Publicar un comentario