Rastreadores de escombros, piratas de hierros torcidos
Ni siquiera las buenas prácticas que caracterizaron a los constructores de épocas pasadas han sido suficientes para evitar que las estructuras terminen desmoronándose. Es que ningún edificio aguanta cincuenta y tantos años con tan solo una mano de pintura mala, si es que se la dan. La economía doméstica, que ya es insuficiente para conseguir el sustento diario, no puede asumir el mantenimiento mínimo que lleva cualquier inmueble. Y las partes más viejas de la ciudad (los municipios Habana Vieja, Centro Habana, Cerro y otros) están llenas de antiguas edificaciones, centenarias algunas de ellas, que han soportado por sí solas unintemperismo tan largo como el gobierno de los Castro. Es algo lógico: algunas cosas se tienen que derrumbar primero que otras y, eventualmente, hasta las piedras más duras acaban por fracturarse.
A falta de un mercado accesible, los materiales para la construcción se consiguen de formas muy poco ortodoxas. Si se trata de productos nuevos, entonces está el comercio ilegal que nace del robo en almacenes y empresas estatales; pero también están los materiales viejos, que son aquellos sacados de entre los escombros de derrumbes.
En cuanto ocurren los lamentables derrumbes (diferentes de las demoliciones en tanto que éstas son programadas y controladas) se despliegan brigadas de recuperadores furtivos que salvarán lo que valga la pena a riesgo de su propia vida, si es necesario. Se les puede ver llenos de polvo a estos filibusteros urbanos, con sus vagones o carretillas y sus jibes “para cernir” los escombros. También están los buscadores de madera de calidad y aceros, puesto que a algunas de las piezas encontradas les bastará con una limpieza profunda para quedar como nuevas. Servirán posiblemente para una barbacoa o para algún mueble que haya que reparar.
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