Vivir en un albergue: la tragedia de miles de cubanos
La miseria se agrava cuando tampoco se tiene dónde vivir, ni se cuenta con recursos económicos para rentar, edificar o comprar una casa. Se estima que, tan solo en el municipio de Centro Habana, 6 mil 201 familias (24 mil 584 personas) están afectadas por la condición inhabitable de sus viviendas. De esa cantidad, solo 125 familias están ubicadas en las llamadas comunidades de tránsito: albergues colectivos, como se les conoce en Cuba.
Pero esos datos no ilustran acerca de lo que significa para una familia vivir albergada. Hay que traspasar el umbral de las cifras para ver de cerca el verdadero rostro de la tragedia.
Según los que allí viven, en el edificio hubo antes una fábrica de almohadillas sanitarias (íntimas, en lenguaje cubano). No faltan los carteles decrépitos con alguna consigna comunista. El salón está dividido en diferentes cuartos donde se agrupan las pertenencias de los que han ido a parar a ese sitio Lo que parece ser el baño es de hecho una letrina. Tampoco se ve por ninguna parte una pila de agua corriente.
Iverlysse Junco tiene 29 años. La puerta de tablones de madera del cuartucho donde vive con su esposo y sus 4 hijos, crea una falsa ilusión de privacidad. Todo luce precario y feo, pero impresiona ver el blanco de los pañales con que cubre la cunita de su bebé de un mes de nacido. No ha descuidado su arreglo personal a pesar de que no espera a nadie; guarda su dignidad en la limpieza y el orden que mantiene en los 4 x 4 metros donde viven.
En una improvisada meseta de cocina tiene un par de hornillas eléctricas donde lo hace todo: desde cocinar hasta hervir los pañales, como es costumbre entre las madres cubanas que no tienen cómo pagarse el lujo de los pañales desechables, que supone un costo superior al salario de un mes.
“Aquí todo es duro. Lo más difícil es levantarse por la mañana y tener que estar vigilando a la gente para poder salir a botar el cubo. El cloro para limpiar y el aromatizante no me pueden faltar”.
Su esposo trabaja en demoliciones, por eso ella está al tanto de la cantidad de derrumbes que ocurren, especialmente cuando llueve.
“¿Cuando salgo yo de aquí? Los derrumbes van a seguir porque La Habana se está cayendo”.
Aunque Iverlysse y su esposo trabajen mucho, se ven reducidos a la total dependencia del Estado. En un sistema colectivista, que condena la propiedad privada y el libre mercado, la hipotética solución consiste en que, no con el esfuerzo propio, sino con el trabajo colectivo, la familia de Junco obtendrá una casa donde vivir.
“Ya he ido a la Provincia (Oficina de Vivienda) y al gobierno. Tres veces fui a la Plaza de la Revolución y siete veces escribí cartas al Consejo de Estado. En todas las ocasiones la respuesta fue: Tiene que esperar. Hay casos peores que el suyo. ¿Qué puede ser peor que esto?”, se pregunta Iverlysse .
Las cifras de la cantidad de albergados y de personas a la espera de serlo, fueron ofrecidas por la Unidad Municipal de Atención a las Comunidades de Tránsito (UMACT) del municipio Centro Habana, por una persona que pidió anonimato. El dato de las 900 casas que serán otorgadas el próximo 20 de diciembre lo aportó una trabajadora de vivienda que tampoco quiso revelar su nombre.
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