viernes, 30 de octubre de 2015

AGUA RECICLADA

Una santiaguera: 'La última vez estuve tentada de llenar los 15 vasos que tengo'.
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Asediados por el cólera, el dengue, y sin agua. ¿Qué inventan los santiagueros para sobrevivir?
Una ciudad con epidemia y sin agua, así podemos resumir la situación confusa en que se encuentra Santiago de Cuba. Los ciclos de repartición del agua anunciados por la prensa y la radio van de siete a 15 días, pero no se cumplen. Es inútil esperar el líquido en la fecha estipulada. Todos saben que con cada vuelta se aumentan unos días más de espera, y las protestas no llegan a los impotentes oídos gubernamentales.
Ante el estatismo, los santiagueros acuden a la inventiva asumida en medio siglo de escaseces. No todos pueden pagar los tanques a 40 pesos que amenazan con seguir subiendo de precio. Se ingenian formas de obtener agua instalando canales desde los techos para recogerla, estos artilugios que fueron comunes en siglos anteriores, se ven hoy decorando los edificios. Así se  aprovecha el mínimo chubasco que aparezca en la intensa sequía que azota la región.
En la desesperación, los días en que llega el agua, muchos no van a trabajar, pues hay que aprovechar hasta la última gota. Entones se lava, se limpia y se llenan todo los envases posibles: cacerolas, lavadoras, pomos, palanganas, cubos y hasta los lavaderos.
Ileana esta histérica, ya no sabe que más llenar para que le alcance el agua en cada ciclo. "La última vez estuve tentada de llenar los 15 vasos que tengo", dice, compungida. "Pero la próxima vuelta lo hago, no me importa si después viene la inspección de la campaña antiaedes y le echan abate".
Los ciclos del agua son tan extensos que la única solución es reciclar el líquido. El método consiste en reutilizar el agua de otras faenas caseras. Si te bañas lo haces sobre una palangana para recoger el agua restante, si lavas guardas el agua, el agua de enjuague del arroz e incluso la del fregado son almacenadas. Unas van a la lavadora y otras a los cubos, pero con ellas se puede ir satisfaciendo las exigencias de los retretes.
Este se ha convertido en uno de los grandes retos de los hogares santiagueros. Mantener la higiene en los baños resulta una tarea titánica. "No les puedo poner un tapón en el culo a la gente de mi casa", comenta Dania, vecina de la Avenida Martí, "hay gente que lo hace en jabitas de nylon que tiran para la calle, nos estamos llenando de mierda por todos lados".
La preocupación por el mantenimiento de la higiene es el objetivo a que apunta las campañas sanitarias y gubernamentales. El repunte del cólera se le achaca, entre otras cosas, a la ausencia de normas esenciales de limpieza. La población solo se pregunta cómo mantener estas normas si no tiene agua. Un dilema por ahora sin respuesta. La masiva venta de hipoclorito de sodio no surtirá efecto si no hay donde verterlo.

Santiago de Cuba: Vivir frente a un vertedero

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