Aunque fue absuelta, la huella de su caso en los archivos de la Policía impide a una cubana encontrar empleo.
Claribel Morales Montoya con su sentencia absolutoria. (VMA)
El 23 de abril de 2014 el Tribunal Municipal Popular de La Habana del Este dictó sentencia de "sobreseimiento libre total, surtiendo todos los efectos de una sentencia absolutoria" sobre su caso, iniciado en 2013. Finalmente se hacía justicia, pensó Claribel Morales Montoya, una de las dos personas afectadas, pero desde entonces una sombra pende sobre ella.
"Soy técnico medio en Economía, he solicitado trabajo en varias ocasiones, siempre aparece una extraña negativa. Acudí a una vieja amistad vinculada a la Policía y, confidencialmente, me dijo: 'no te aparecen antecedentes penales, pero en la computadora se lee que fuiste procesada por el delito de apropiación indebida sin probarse tu culpabilidad'", relata.
Desesperada, luego de un año y medio sin conseguir trabajo, Claribel cuenta historia.
"Fui detenida en mi casa el 21 de septiembre de 2013 al amanecer. Me llevaron cuando el niño dormía. Llamé a sus padrinos y partí. Yo trabajaba en el Molino de Regla, donde procesan la mayor parte del trigo. Mi tarea era pesar los camiones vacíos al entrar y llenos cuando salen, la diferencia significa la mercancía a transportar".
¿Por qué apropiación indebida?
"El visor de la pesa da una cifra, manualmente debo consignarla en la factura del chofer. Días antes, el jefe de protección del molino, Gonzalo Pérez Reyes, hace tiempo vigilándome más por mi persona que por otra cosa, me exigió los documentos de un vehículo todavía en la pesa. Cometí un error al escribir, pero lo subsané antes de la repentina presencia de Gonzalo. Después se comprobó que tales rectificaciones eran frecuentes por parte de otras operadoras. No obstante fui acusada de 'apropiación indebida' sobre 15 toneladas de salvado de trigo y afrecillo, supuestamente de acuerdo con el hombre del camión".
¿Presos los dos?
"Así fue. Un día nos pusieron frente a frente y no obtuvieron declaración positiva respecto a la acusación. Yo repetía que se trataba de un error corregido en el momento, el camión nunca salió de la pesa; por tanto, de apropiación, cero".
¿Qué pasó con tu familia?
"Cumpliendo el décimo día en un calabozo, fallece mi madre. Ellos —el Departamento Técnico de Investigaciones (DTI)— autorizaron una hora de visita en la funeraria Reinaldo García, de Zanja y Belascoaín".
¿Un gesto humanitario?
"No, lo pensaron bien", responde la hermana de Claribel, sumándose a la conversación. "Prepararon una operación como si fuera la viuda negra colombiana. Varios vehículos de la Policía, agentes vestidos de civil".
Las hermanas recuerdan que un mayor, jefe del operativo, le dijo al cuñado de Claribel: "hace falta que colabore, si confiesa, mañana está en la calle". Pero no había "nada que confesar".
¿Qué vino después?
"Pasaron dos días, eran ya demasiados en un calabozo sin confesar. El nuevo destino, la cárcel de mujeres conocida como El Guatao. Allí estuve algo más de dos meses, presa sin sentencia de un tribunal. Yo no era un caso aislado, otras reclusas llevaban hasta siete meses en igual condición. La abogada se presentó una sola vez, siempre le negaban el cambio de medida cautelar".
La familia fue dos veces a la Fiscalía de Regla, que llevaba el caso: "Las fiscales de guardia respondieron más o menos lo mismo: 'causa económica, la orientación es máxima severidad. Será procesada y sentenciada, no hay razón de fianza'".
¿Qué opinas de la abogada?
"Cambiamos la defensa, si es que tal palabra vale la pena. Siempre pasiva, más bien impotente, nada podía hacer a merced de la arbitrariedad de una combinación entre el instructor policial, la Fiscalía y los jefecitos del molino de Regla".
Finalmente, a los tres meses exactos, Claribel recibió la libertad bajo fianza, al igual que el chofer supuestamente involucrado.
¿Hubo sanción laboral?
"Eso fue el colmo. Un día se aparecieron en la prisión para que yo firmara la sanción; claro, me negué rotundamente. Un juicio laboral sin mi presencia, carente yo de los más elementales derechos, ni siquiera personalidad jurídica porque estaba en la cárcel".
Pese a que se trata de un mismo caso, Claribel y el chofer han tenido suertes diferentes.
"Miguel Ángel fue reintegrado a su puesto en la Empresa Porcina de Pinar del Río. Yo fui perjudicada por el juicio laboral amañado hecho mientras cumplía prisión".
¿Tienes noticias de tus acusadores?
"Juan Luis Calderín Miranda, el director, resultó separado del cargo en la fábrica después de una minuciosa auditoría. Gonzalo también terminó fuera del centro".
¿Y ahora qué?
"Mi hijo padece traumas sicológicos que jamás debió tener. Por causa de la decisión fiscal vio a su mamá presa, él no podía comprender la injusticia. Ahora trato de encontrar trabajo; del Estado, casi imposible; tal vez un cuentapropista generoso, al menos de dependienta, cocinera, tengo esas evaluaciones. Lo malo es el estigma, me han estigmatizado y pretenden eternizarlo en las computadoras".
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