miércoles, 10 de enero de 2024

Un día como hoy, enero 10, en nuestra lucha contra la tiranía castrocomunista.

Un día como hoy, enero 10, en nuestra lucha contra la tiranía castrocomunista.
 
Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.
 
Comparta estas efemérides. Gracias.
 
PROHIBIDO OLVIDAR.
 
1961
 
Fueron condenados por un Tribunal Revolucionario a 10 años de prisión los norteamericanos Daniel L. Carswell, Eustace H. Danbrunt y Edmund K. Thransky, cuyos nombres verdaderos eran David Lamar Christ, Thorton J. Anderson y Walter Szumiski respectivamente. Fueron sorprendidos tratando de espiar las oficinas de la representación china en La Habana y acusados de ser agentes de la CIA. Cumplieron poco mas de 2 años de la condena al ser liberados por gestiones del abogado norteamericano James Donovan.
 
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En Lima, Perú, el gobierno del presidente Prado cancela la agencia de noticias del régimen castrista "Prensa Latina". 
 
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Paul P. Kennedy, periodista del New York Times, publicó una información donde cuenta que en Retalhuleo se adiestran tropas para invadir a Cuba comunista. 
 
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El Frente Revolucionario Democrático, publica un mensaje dirigido a todos los cubanos para que se preparen para Ia lucha dentro de Cuba comunista. 
 
1962
 
El guerrillero Medardo Cruz Oropesa muere en combate en Yaguajay, Las Villas. 
 
1963                                                                                                                                      Un comercio del régimen es atacado y quemado en la zona de Magua, Trinidad, Las Villas por la guerrilla comandada por José “Cheito” León. La milicia castrista sufre una baja en esta acción.
 
1964
 
Los guerrilleros Titi Lamas y José Antonio Fábragas Cintas luego de escapar de numerosos cercos son sorprendidos en la zona de San Pedro de Mayabón, provincia de Matanzas. Antes de ser capturado Lamas se suicida. Fábregas Cintas es apresado, pero según informes de la Seguridad del Estado se suicidó en la celda en la que estaba recluído. 
 
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El miembro de una de las guerrillas que combatía el régimen castrista, Julio Nerey Marchena es fusilado en Santa Clara, Las Villas.
 
1978
 
 Más de mil presos políticos fueron trasladados desde La Cabaña a la prisión del Combinado del Este, en La Habana. 
 
2007
 
Miguel Valdés Tamayo preso de conciencia que había sido condenado a 15 años de prisión en 2003 durante la llamada “Primavera Negra”. Después de cumplir un año y un mes de su condena, fue puesto en libertad debido a problemas de salud ocasionados por una afección cardíaca. Se le negó el permiso de salida del país para recibir tratamiento médico en Holanda o Estados Unidos a pesar de tener visa y fue amenazado y acosado repetidamente por agentes de la Seguridad del Estado. Incluso, recibió una brutal paliza por parte de una "Brigada de Respuesta Rápida" (grupo paramilitar organizado por el gobierno). Sólo en el mes de octubre de 2006 fue detenido por la policía en varias ocasiones, sometido a interrogatorios, golpeado en el pecho y en la cabeza e incautado su dinero. Desde el 31 de diciembre de 2006 hasta el 5 de enero de 2007 se encontraba en terapia intensiva por su afección cardíaca en un hospital de La Habana, sin embargo, fue trasladado a una habitación normal en espera de tratamiento. Se le negó agua durante dos días y el médico ordenó el alta para todos los pacientes en su habitación. Murió en La Habana el 10 de enero luego de sufrir supuestamente dos ataques al corazón.
 
[Source: Dissident who sought exile dies, Reuters, Jan 12, 2007. Amnesty International, Urgent Alert, 8 November 2006. Muerte de disidente estremece a oposición, EFE, 12 enero 2007. / Archivo Cuba]
 
 
ARNALDO SOCORRO SÁNCHEZ: EL MÁRTIR DE LA CARIDAD DEL COBRE
 
Written by Libre Online   8 de septiembre de 2021
 
Desagraviando el recuerdo de aquel joven asesinado
 
Por Julio Estorino, con el testimonio de Eduardo de la Fuente
 
Tenía apenas 20 años y se llamaba Arnaldo Socorro Sánchez. Había nacido en Unión de Reyes, un pequeño pueblo de los llanos matanceros, el 20 de mayo de 1941. Desde los diez años vivía en La Habana, adonde la familia se había mudado en busca de mejores horizontes. Bien parecido, de mirada clara y honda, el muchacho vivía la hermosa fe de los humildes.
 
Sus padres, Gregorio y Carlota, habían sabido inculcarle los valores firmes de los que, siendo muy pobres, son, a la vez, muy íntegros. Arnaldo, por su parte, se había hecho miembro de la Juventud Obrera Católica.
 
“Voy a la procesión” dijo, en medio de una celebración familiar, y se fue, rumbo a la Iglesia de La Caridad, en el corazón de La Habana. Era domingo, 10 se septiembre de 1961 y era aquella una procesión con ribetes singulares.
 
Corrían días de severas confrontaciones entre la dictadura castrista y la Iglesia Católica. La persecución religiosa no conocía las púdicas sutilezas que vendrían después y los obispos de aquella época advertían visionariamente sobre los avances del marxismo, encarnando las más legítimas aspiraciones de un creciente sector de la población que, desengañado del fidelismo, trataba de detener el total despojo de la nación cubana.
 
Destruidas todas las instituciones del país y controlados por el gobierno todos los medios de difusión, la Iglesia se había convertido en el último reducto de la libertad, como si ésta regresara totalmente a su origen, Dios.
 
En tales circunstancias, aquella no podía ser una procesión cualquiera. Inevitablemente, la fe se identificaba con el rechazo al sistema ateo que se imponía en Cuba a sangre y fuego, y tanto el gobierno como el pueblo sabían que la manifestación religiosa sería también un termómetro de los sentimientos populares respecto al régimen; un régimen que, aparentemente, temía no salir muy bien de aquella prueba.
 
EL TEMPLO Y ALREDEDORES
 
A eso de las dos de la tarde el templo y sus alrededores reventaban de público. Según iban llegando las personas, se enteraban que la procesión estaba suspendida, debido a las artimañas de las autoridades. Monseñor Eduardo Boza Masvidal, Obispo Auxiliar de La Habana y también párroco de La Caridad, era no solamente un pastor querido por sus fieles, sino, además, uno de los más respetados críticos de la voraz dictadura que se imponía a los cubanos. Consciente de lo caldeado del ambiente, pidió a los fieles que regresaran a sus hogares, pero estos no se fueron. Tal vez entendían que, en aquellos momentos, la casa de la Madre era el único hogar.
 
Eduardo de la Fuente nos lo cuenta. Él estaba allí, junto a aquel muchacho a quien no conocía: …”la situación estaba caliente… los milicianos nos rodeaban y comunistas vestidos de civil trataban de infiltrarse entre los católicos… nosotros tratábamos de mantener la calma sin renunciar a nuestros derechos… El tiempo transcurría y la multitud crecía… Vi allí a un militar que se arrancó sus galones y entró a la iglesia a rezar… Un ómnibus se detuvo frente al templo y el chofer dijo a los pasajeros: “Señores, todos somos cubanos. Vamos a la procesión”… Todos se bajaron dando vivas a Cristo Rey… Un negro se enfrentaba a un miliciano y le gritaba: “¡Mátame, maric… que yo quiero ser el primero en caer, para que no se diga que los negros somos ñángaras!”…
 
“Comenzaba a oscurecer –sigue contando Eduardo- y la tensión se hacía inaguantable. Aquel muchacho, Arnaldo Socorro, se hizo de un cuadro de la Virgen de la Caridad y lo elevó en sus manos… lo seguimos, pretendimos salir hacia la calle Reina, pero los castristas nos repelieron a puro golpe… regresamos y nos reagrupamos. En una esquina de la iglesia, un hombre fuerte, de pull-over y pantalón verdeolivo, portando una metralleta checa, abrió fuego…
 
ARNALDO AMETRALLADO“Arnaldo cayó al suelo manando abundante sangre… lo recogimos y corrimos con él. En un automóvil lo llevamos a la Casa de Socorros de Corrales, donde lo dejamos… Se tomó la decisión de que la procesión continuaría, porque ya entonces nos comprometía la sangre de aquel muchacho… Partimos nuevamente… En el Prado nos echaron encima los camiones militares y ya por el Capitolio se atrincheraron y comenzaron a disparar… Milagrosamente no hubo más muertos… Regresamos a la iglesia con el cuadro de la Virgen que Arnaldo había enarbolado” …
 
Eduardo de la Fuente se conmueve todavía ante el recuerdo de aquel día. Y se indigna todavía al recordar lo que vino después: el gobierno se apropió del cadáver de Arnaldo, aquel joven católico y opositor, asesinado por el propio régimen. Los medios de prensa, todos ya en poder de la dictadura, dijeron que se trataba de un joven revolucionario que había tratado de detener la manifestación de los “esbirros con sotana” y que había sido asesinado desde el interior de la iglesia por el padre Agnelio Blanco, uno de los sacerdotes de La Caridad. Después se supo que, a la sazón, el padre Blanco se encontraba en Isla de Pinos. Al tratar de protestar, los familiares del mártir fueron tajantemente advertidos: -“El muerto es de ustedes, pero el entierro es nuestro”. Y así fue. Le rindieron honores de combatiente caído en combate y un dirigente comunista, Jesús Soto, despidió el duelo con un encendido discurso cuajado de falsedades.
 
SACERDOTES EXPULSADOS
 
Aquel joven cubano fue despojado no solamente de su vida, sino también de su identidad religiosa y democrática. La verdad se supo, de boca en boca, y Cuba se estremeció de dolor. Siete días más tarde el Obispo Boza Masvidal y 130 sacerdotes más, serían expulsados de la isla a punta de fusil.
 
Hoy sesenta años después, es justo que esa verdad se divulgue ampliamente y que la memoria de aquel joven cubano que ofrendó su vida a los pies de la Santísima Virgen María de la Caridad del Cobre, en testimonio de fe y de amor patrio, sea debidamente desagraviada. En estos días en que honramos de forma especial a la Virgen Mambisa, Arnaldo Socorro estará también, sin duda, orando por Cuba.
 
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  • Julio Estorino nació en 1943, es periodista, miembro fundador del Municipio de Unión de Reyes en el Exilio, exiliado en Miami desde 1963. Eduardo de la Fuente es un activista cubano, nació en 1941, y reside exiliado en Miami desde 1962.
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