martes, 3 de febrero de 2026

La derrota de Rusia

La derrota de Rusia en Ucrania da vía libre a la Doctrina Monroe en el Caribe

La incapacidad de Moscú en el campo de batalla deja a Putin sin resistencia en Venezuela, Cuba y Nicaragua

Las urnas deciden la influencia de Trump en su patio trasero

El presidente Trump y Putin EP
Emili J. Blasco

Mucho de lo que está pasando hoy en el tablero internacional parte de un hecho realmente tectónico: la derrota de Rusia en Ucrania. Esa guerra ha demostrado que Rusia, incapaz de vencer militarmente a un vecino claramente menor, ya no es la gran potencia de la Guerra Fría y eso habla de un Putin derrotado, al margen de que el Kremlin pueda perpetuar una parcial ocupación territorial. Aquí se justifica tanto el desinterés de Washington por el mundo (llevado al extremo por Trump, pero acorde con la no necesidad de aliados para combatir a una URSS todopoderosa que suponía una directa amenaza para Estados Unidos) como el repliegue sobre su propio hemisferio.

Tan debilitada está Rusia, que Trump ha acelerado su expulsión del Caribe. Estados Unidos nunca se atrevió a tocar Cuba tras los primeros compases de la Guerra Fría. Nada será más simbólico de que esta ciertamente ha terminado que la caída del castrismo que hoy parece estar a un golpe de tuit de Trump. La URSS prestó ayuda a la revolución sandinista en Nicaragua frente a los embates de Washington; hoy los rusos se repliegan de Venezuela sin presentar la más mínima resistencia.

La presencia rusa en esos tres países ha sido reducida en las dos últimas décadas. Nicaragua es la que más simbiosis ha mantenido con Moscú: ha habido tropas rusas en una base militar nicaragüense, control de la formación policial, radares y sistemas de escuchas, suministro de material bélico... Venezuela también ha contado con la asistencia de personal y material militar de Moscú, y aunque Cuba, igualmente aliada de Rusia, quedaba de algún modo en un tercer nivel, siempre suponía una opción para el «regreso» ruso.

Sin fuerza para la Doctrina Primakov

Tanto en 2014 como en 2022, siguiendo las agresiones de Rusia sobre Ucrania, Moscú amenazó con instalar bases militares en los tres países como modo de intentar parar la reacción de Washington ante esas invasiones, en la línea de la Doctrina Primakov (plantar cara a EE.UU. en su «patio trasero» para que los estadounidenses no molestaran a Rusia en su propio «extranjero próximo»).

Rusia, incapaz de vencer militarmente a un vecino claramente menor, ya no es la gran potencia de la Guerra Fría

La Doctrina Primakov venía a ser un antídoto frente a la posibilidad de una vuelta de la Doctrina Monroe (el control estadounidense del hemisferio occidental, especialmente el Gran Caribe). Al no estar ya Rusia en condiciones de aplicar su doctrina, Estados Unidos encuentra vía libre para ejecutar la suya. Y en eso estamos.

Demostrado que Moscú no puede reaccionar ante el ataque a Caracas, la aprehensión de Maduro y la injerencia en el gobierno de Venezuela llevados a cabo por la Administración Trump, esta se ha envalentonado y ya plantea sus próximos objetivos: Cuba y, seguidamente, Nicaragua.

Tampoco China

Tampoco China está en condiciones de parar el efecto dominó. Sus pasos en Latinoamérica han mirado de reojo a Washington, para no molestarle en exceso: no ha habido alianzas militares, sino acuerdos comerciales y logísticos que, si bien han laminado la influencia estadunidense en el continente americano, han intentado avanzar por debajo del radar de una alarma efectiva por parte de la gran potencia norteamericana. En general, China ha adelantado a EE.UU. como socio comercial de los países al sur de la línea del ecuador; esta es una línea roja al norte de la cual se extiende el área de especial sensibilidad para Washington. China poco puede hacer ante la injerencia estadounidense en el Gran Caribe; así, no va a tener más remedio que acusar el golpe de ser despojada de las terminales que gestiona en ambas bocas del Canal de Panamá, como acaba de determinar la Corte Suprema de ese país, tras las presiones ejercidas por EE.UU.

Dentro del perímetro geográfico de especial interés de Estados Unidos se encuentran México y Colombia, con los que Trump también pretende lidiar en caso de juzgarlo necesario (las elecciones colombianas de este año pueden ser determinantes, mientras que la relación con México es la más compleja).

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