La verdadera historia del litigio entre Cuba y Estados Unidos.
Los aliados y voceros del castrismo como dignos discípulos de Joseph Goebbels recurren a todas las medias verdades posibles para identificar a la nación cubana con el totalitarismo castrista, mientras, tratan de presentar a la Isla como una víctima inocente de los grandes poderes, en particular Estados Unidos.
Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, como cualquier otra, han estado signadas en ocasiones por posiciones contrapuestas en bases a los intereses de cada estado, pero el pueblo cubano, mayoritariamente, ha profesado simpatías a la potencia del norte, tanto, que no han faltado partidarios de la anexión, como tampoco han estado ausentes los enemigos acérrimos de lo que la Union americana representa.
Por supuesto que mas de un gobierno estadounidense ha pretendido convertir a Cuba en un protectorado como sucedió con la imposición de la Enmienda Platt, 1902, pero también más de un líder político cubano ha disfrutado involucrar en los conflictos domésticos de la Isla a terceras naciones como hizo Don Tomas Estrada Palma,1906, al procurar la intervención estadounidense ordenada por Theodore Roosevelt o cuando Fidel Castro, ávido de poder, 1962, transformo a nuestro país en el portaviones soviético en el Caribe y base de espionaje del Kremlin.
Sobra decir que entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos las diferencias no han faltado, pero esas discrepancias nunca terminaron con la amistad, salvo cuando Fidel Castro tomo el poder por medio de la violencia imponiendo sus frustraciones y odios hasta destruir la Republica y hacer de Washington su enemigo número uno.
Debemos tener presente que Fidel Castro desde el campamento de Las Mercedes, en la propia Sierra Maestra, el 5 de junio de 1958, 6 meses antes del triunfo de la insurrección, le escribió a su colaboradora más cercana de la época, la señora Celia Sánchez, “Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos, agregando, que ese sería su verdadero destino”.
Ninguna persona con un mínimo de conocimiento puede negar que las relaciones entre ambos países han sido muy difíciles y en más de una ocasión al borde de un conflicto abierto, como cuando Estados Unidos organizó la expedición de la Brigada 2506 a Cuba en 1961 o por Fidel Castro subvertir durante décadas el orden político en todo el hemisferio americano, respaldando grupos guerrilleros y facciones terroristas, además de apoyar a supuestos revolucionarios involucrados en introducir estupefacientes en territorio estadounidense.
El estado castrista jamás ha sido una pacifica paloma en sus relaciones con Estados Unidos como pretenden presentarlo sus aliados y voceros. Antes de que Washington ordenara la primera acción contra el castrismo, La Habana, bajo el dominio de los hermanos Castro, organizo cuatro expediciones armadas contra otros tantos países del Caribe, incluida Panama, de gran relevancia para la Casa Blanca por ser la sede del canal.
En poco más de un año el estado castrista confisco la mayoría de los bienes estadounidenses en la Isla sin compensación económica y abrió las puertas a la extinta Union Sovietica, mientras, estrechaba su alianza con el Partido Socialista Popular, títeres del Kremlin en La Habana y en menos de tres años, desplazaba misiles con capacidad nuclear y solicitaba a Nikita Jruschev que lanzara cohetes a Nueva York.
Decir que Washington acepto el castrismo desde el primer momento, seria una rotunda mentira, como lo es afirmar que las acciones de Fidel y Raul Castro era actos soberanos, cuando en realidad sus gestiones estaban inspiradas en un odio visceral a la potencia del norte, de ahí, que desarrollaran una intensa campaña de adoctrinamiento al interior del pueblo cubano contra Estados Unidos, similar a la que Adolfo Hitler instrumento contra los judíos.
Evidentemente Hitler tuvo más éxito en su empeño de odiador que Fidel Castro. En la actualidad, un número notable de cubanos sienten hacia este país una profunda devoción, lo que origina en muchos de nosotros preocupación de que el rotundo fracaso del totalitarismo conduzca a la mayoría de la población insular a tratar de caer como manzana madura en los vergeles estadounidenses, un sueño antiguo de un sector de la clase política de este país. De ser así, la culpa sería de los Castro.
Pedro Corzo
Periodista
(305) 498-1714
TWITTER: @PedroCorzo43
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